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Management

Reinventándonos financieramente

Por: Financiero 10 Ago 2020

Pensar en el ‘Día D’ ayuda a la planificación Compás Financiero / Andrés Chiodi Consultor Financiero / Profesor del IESA Panamá Algún día, nadie sabe […]


Reinventándonos financieramente

Pensar en el ‘Día D’ ayuda a la planificación

Compás Financiero / Andrés Chiodi

Consultor Financiero / Profesor del IESA Panamá

Algún día, nadie sabe exactamente cuándo, la pandemia habrá pasado. 

Si damos por sentado que la humanidad logrará superar la etapa de los altos riesgos a la salud pública, que han justificado las diferentes medidas que se han tomado estos meses, llegará un momento en el cual estaremos concentrados en seguir construyendo nuestro futuro.  Algunas personas y entidades ya han comenzado a hacerlo, con la vista puesta más allá de la emergencia, con base en las lecciones que nos deja la COVID-19. 

Otros, agobiados por las dificultades sanitarias, sociales y económicas, lo harán más adelante. Todos nos enfrentaremos a nuevos tiempos, con la única condición de sobrevivir al virus y al resto de situaciones que nos pueden quitar lo único irremplazable: la vida. 

Debemos destilar aprendizajes y lograr ser más aptos, inteligentes y preparados ante los problemas de la vida. Desde el punto de vista financiero y económico, es necesario y aconsejable reinventarnos. Es necesario para quienes ya venían con problemas desde antes, o porque la crisis de la pandemia ha movido o destruido los cimientos de lo que era su vida. 

Y también es aconsejable para otros, que aunque hayan tenido la fortuna de sobrellevar esta etapa con un impacto menor, o incluso con algún beneficio extraordinario, no pueden bajar la guardia y deben aprender aún más, porque otras crisis vendrán y no necesariamente las superen igual de bien. 

Para todos resulta inteligente reinventarse financieramente, con base en el aprendizaje de proporciones históricas, el cual cargado de una renovada perspectiva del valor de la vida, se abrirá a las oportunidades inéditas que esto trae consigo. 

Esa reinvención ocurrirá a todo nivel. Algunas de las formas en las que evolucionaremos son las siguientes. 

Para las personas ahora es más evidente la importancia de estar preparados para los momentos difíciles. Sea que a usted la crisis lo encontró en mala situación económica, o que tenía la fortuna de tener reservas y distintas formas de obtener ingresos, todos estaremos de acuerdo con que es mejor estar listos para afrontar una crisis. 

Son varios los frentes en los cuales podemos prepararnos para las crisis futuras. Entre los fundamentales, hay dos principales: 

Primero, crear y mantener una reserva para emergencias, que sea suficiente para algo tan grave como lo que estamos viviendo. Muchos no lo tenían al comenzar la pandemia, porque gastaban todo lo que percibían. Algunos tenían reservas, pero en una cantidad insuficiente.

Muchos libros de finanzas personales hablan de mantener una reserva de tres meses de gastos; pero es probable que esa referencia aumente y se alinee con lo que otros aconsejan, de acumular dinero suficiente para enfrentar seis meses o hasta un año de falta de ingresos. 

Suena difícil de hacer pero sí es posible hacerlo, y en más situaciones de las que muchos creen. Además, la vida en cuarentena nos ha hecho cuestionar la necesidad de ciertos gastos que antes dábamos por obligatorios. 

Existen muchos métodos e ideas de cómo ahorrar, lo más importante para poder adoptarlos es, para muchos, tener la voluntad y disciplina necesarios y el deseo de no volver a pasar por las angustias de este año. 

Segundo, será útil buscar, como familia, formas de diversificar los ingresos. Para muchos puede resultar imposible, al menos en el corto plazo. Pero quizás usted pueda hacer algo y conseguir activar más de uno entre: su trabajo, sus negocios y, ojalá, sus inversiones. 

Por ejemplo, evitar que sí más de una persona tiene un empleo en casa, que sean tan similares que resulte probable que a la hora de una crisis, ambos tengan problemas. También pueden ir planificando activar alguna fuente de ingreso adicional, que si bien puede comenzar aportando poco pero algo, sirva para ir preparando el terreno para que con el tiempo sea más importante, y un recurso hacia el cual dar un salto adelante en su vida cuando quiera, o cuando no tenga alternativa. 

El dinero extra que genere no será para aumentar sus gastos, sino para unirlo a los ahorros, al principio a aquellos que irán creando su fondo de emergencias, luego los que guarda para sus metas importantes e inversiones en negocios o instrumentos financieros. 

Quizás suene a algo muy lejano debido a sus circunstancias, pero si comienza, es posible que lo logre, como tantos que lo han hecho y que probablemente usted ni imagine. Muchos de quienes viven con bienestar económico son personas tan normales como usted y sus vecinos, personas que no alardean de sus logros mediante gastos superfluos, sino todo lo contrario. 

¿Quieres aprender más sobre cómo reinventarte? Léeme en el libro Compás Financiero Personal.

Reinvención en todos los ámbitos 

Para las empresas, también son tiempos de reinventarse financieramente. Las reservas de efectivo no serán cuestionadas como antes, ya que optimizar un poco la rentabilidad sobre los activos no será justificativo para dejar vulnerable a la operación. Los márgenes tendrán que ser revisados, por un lado, por las presiones de un mercado en crisis, y por el otro por las decisiones estratégicas que puedan exigir diversificar los proveedores para correr menos riesgos de detenerse ante alguna falla en la cadena de suministros. 

Los inversionistas y el sistema financiero, frente al panorama de muy bajas tasas de interés, mercados de valores con precios altos y alta volatilidad, deberán ajustar sus tolerancias al riesgo y plantearse llevar sus capitales hacia los nuevos negocios, como forma de ponerlos a producir rendimientos que se puedan calificar de atractivos. 

La sociedad tendrá que reinventarse para valorar mejor su capacidad productiva real, tanto actual como la potencial, dejando atrás los engaños populistas que le ofrece un sinfín de beneficios que se asumen como derechos, sin pensar mucho en el costo que implican. 

Ese costo se acumula en forma de mayor deuda pública y caída en la competitividad de su aparato productivo, lo que trae luego como consecuencia mayores impuestos e inflación. 

Deberá generarse una visión cívica y clara de la economía del país y dejar de pretender que el Estado resuelva los problemas económicos con una magia que no existe, sino que recurre a hipotecar el legado a las generaciones futuras. Por el contrario, debemos exigirnos estar mejor preparados para las eventualidades, y que ello se logre con eficiencia, no cambiando el foco del despilfarro.

Los estados enfrentarán la necesidad de replantear sus finanzas, al perder el margen de maniobra que en las últimas décadas ha brindado el endeudamiento, especialmente el irresponsable y el improductivo. Deberán enfocarse a cumplir con aquellas funciones que realmente pueden aportar valor a la ciudadanía y no al plan político de turno. 

Con algo de suerte, veremos a los estados volver a la fuerza a una gestión más acotada y enfocada, apoyada por una sociedad que habrá madurado y comprendido que en sí misma está la mayor riqueza y fuente de soluciones a sus problemas. 

Los capitales darán sustento a las empresas y emprendedores para seguir reinventando nuestra forma de vivir, generando más riqueza y satisfacción de las tantas necesidades que aún tenemos y las que seguimos creando en la medida que aspiramos a más. 

Y en la base de todo, esperemos tener a familias y personas que usen su dinero sabiamente, como instrumento que facilita o bien pagar por las metas de vida que tienen un costo monetario, o bien vivir serenamente mientras vamos por aquellos objetivos que no tienen precio. 

En cualquier caso, sea como sea que se vuelva realidad el futuro, las enseñanzas que nos habrá dejado la crisis nos dejarán mejor preparados para poner los números a nuestro favor. 

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