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¿Quieres un mejor futuro?

Por: Financiero 03 Ago 2020

La educación financiera podría ser la respuesta Compás Financiero Andrés Chiodi / Consultor Financiero / Profesor del IESA Panamá “La humanidad avanza al paso de […]


¿Quieres un mejor futuro?

La educación financiera podría ser la respuesta

Compás Financiero

Andrés Chiodi / Consultor Financiero / Profesor del IESA Panamá

“La humanidad avanza al paso de su propia educación”.

Si pensamos en la formación como un proceso que crea aptitudes y construye una base de conocimiento general necesaria para la vida, resulta evidente el gran reto de transformar los programas de escuela primaria, bachillerato y formación profesional, a la vista de tantas cosas importantes que enseñar como la educación financiera. 

No es fácil cumplir con los objetivos básicos de formación, como el lenguaje o las matemáticas,  y a la vez mantener actualizados los planes de estudio con temas actuales y muy importantes, tales como lo son la informática y sus ramas, el bienestar y las relaciones constructivas o la educación financiera y económica, que es el tema de esta columna. 

Si bien existen iniciativas pensadas en el beneficio de la formación en temas de dinero: desde guiños en los contenidos de materias clásicas hasta cursos extracurriculares, existe una carencia importante y de consecuencias dramáticas respecto al entendimiento de las finanzas, un aspecto tan importante de la vida, para la cual se supone que el sistema educativo nos prepara.

La educación financiera como un bien familiar

Es innegable la cantidad de sufrimiento que tienen muchas familias con respecto a su economía. Intentar mitigarlo ha sustentado muchas de las ideologías y políticas que han moldeado al mundo actual y hasta ha endeudado al mundo de las generaciones futuras. Sin embargo, es poco lo que se ha hecho para atacar de raíz una de las causas fundamentales de las carencias de la sociedad: la habilidad de cada persona para manejar bien el dinero. 

Las penurias financieras no son un tema exclusivo de las personas con menos recursos, también existen muchas familias con buenos ingresos y/o un patrimonio acumulado, que viven con angustias y problemas en su día a día, y no tienen claridad sobre su bienestar en su futuro. 

Por ejemplo, la pandemia de COVID-19 ha revelado que un 47% de las familias estadounidenses – las cuales se desenvuelven en una sociedad considerada, por muchos, con buen nivel de ingresos – no tiene una reserva para cubrir al menos tres meses de sus gastos; de acuerdo con un informe de la Reserva Federal.

Este documento ha venido señalado una gran correlación entre el nivel de educación financiera y el nivel de ahorros, así como menos necesidad de endeudarse. Si esto es así en un país desarrollado y relativamente muy próspero, cualquier extrapolación para latinoamérica solo puede avizorar realidades mucho más angustiantes, tal como conocemos de primera mano. 

El problema tiene muchas causas, pero salta a la vista que la baja formación en temas de dinero, lleva a muchas familias a correr con las consecuencias de desaciertos en sus decisiones financieras, como lo son el gasto imprudente, el mal uso del crédito, el desprecio por los seguros, la poca planificación y considerar al dinero una fuente de males y no un simple instrumento para facilitarnos las cosas. 

Múltiples investigaciones han encontrado que lidiar con dificultades financieras acarrea consecuencias como: mayores dolencias físicas, menos concentración y productividad en el trabajo, secuelas en las oportunidades que los hijos encontrarán en la vida y hasta es considerada como la principal causa de divorcios. 

Es necesario tomar acciones al respecto: es preciso que cada quien busque mejorar su conocimiento financiero, pero también es fundamental que en cada casa se hable con los hijos acerca de la economía familiar, y que los Estados incluyan temas y materias relacionados a las finanzas en la educación formal. 

Algunas propuestas y beneficios de impulsar la cultura financiera ciudadana son: 

Las empresas pueden dar un paso adelante y apoyar a su equipo con cursos de finanzas personales y literatura sobre el tema, lo cual es una inversión más efectiva para lograr bienestar económico entre los empleados, que un incremento de sueldos. 

El potencial que tiene cada persona de ajustar sus números puede tener un efecto equivalente a recibir de 10% a 40% más de ingreso, según suelen señalar muchos autores y asesores en temas de finanzas personales.

Los gobiernos que impulsan una mayor conciencia económica y cultura financiera pueden esperar en el mediano plazo que la ciudadanía sea menos influenciable por mensajes que intenten socavar la gobernabilidad, a través de cuestionamientos incorrectos de las realidades económicas.

Los movimientos civiles y ONGs consiguen un mayor eco de sus demandas por una sociedad más justa, pues los votantes comprenderán las consecuencias de las propuestas de gasto público, tanto las que son válidas y productivas, como las de demagogos populistas que buscan votos.

El sector financiero, en sus esfuerzos de responsabilidad social empresarial, puede conseguir bancarizar a más personas, además menos clientes dejarán de pagar sus deudas por efecto de sus imprudencias, y es posible que otros más prosperen con su apoyo a través de los instrumentos bancarios y de inversión, así como una mejor comprensión por parte de la sociedad del importante rol de los bancos y afines.

Las compañías de seguros observarán una mayor demanda de sus productos, de parte de familias y empresas que protegerán mejor su futuro.

Las instituciones educativas verán que sus estudiantes triunfan en la vida, en lugar de quedar atrapados en círculos viciosos de deudas interminables e ingresos que nunca son suficientes.

Los padres tendrán de sus hijos una mayor comprensión y apoyo en el difícil reto de mantener una familia, tanto en sus gastos diarios como en los planes para alcanzar juntos las metas de vida más importantes. 

Las personas vivirán más satisfechas, tranquilas y esperanzadas.

Las generaciones futuras heredarán un legado más sano, libres de tener que pagar deudas que poco o nada les dejó en beneficios.

Mucho que recorrer

El nivel de cultura financiera en el mundo tiene mucho que mejorar. Según los estudios de la organización GFLEC, que busca precisamente ese objetivo, solo una de cada tres personas en el mundo responden correctamente 3 de 4 preguntas sencillas relativas al dinero. 

En Iberoamérica la proporción va desde el 20% en Nicaragua hasta el 45% en Uruguay; y 49% en España, muy por debajo del máximo de 71% que comparten Dinamarca, Noruega y Suecia.

La educación financiera debe inculcar los conceptos reales acerca del dinero y su significado, la toma de decisiones de consumo sustentables, la importancia de la planificación para alcanzar los objetivos que cada quien desea, la preparación y protección para enfrentar con éxito los riesgos que vamos encontrando en la vida y saber cómo aprovechar las oportunidades para ser productivos, entre otros tantos temas vitales. 

Aprender de finanzas no tiene por qué ser aburrido o complicado. Existen maneras creativas de abordar estos temas, nos guían a la intuición, a despertar inquietudes, a crear conciencia sobre los riesgos y a visualizar el potencial que cada quien tiene si adopta buenas costumbres financieras.

¡Querido lector, no espere a que estos cambios ocurran por acción de otros, busque ahora mismo formas de mejorar, nunca antes han existido tantos recursos a su alcance para poner los números a su favor!

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