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Management

El valor de las cosas

Por: Financiero 17 Ago 2020

Compás Financiero Andrés Chiodi / Consultor FinancieroProfesor del IESA Panamá El valor de los bienes, ideas, trabajo y en general de cualquier cosa se define […]


El valor de las cosas

Compás Financiero

Andrés Chiodi / Consultor Financiero
Profesor del IESA Panamá

El valor de los bienes, ideas, trabajo y en general de cualquier cosa se define por su capacidad de satisfacer necesidades. Cada día nos encontramos valorando algo. Sin embargo, con frecuencia tenemos confusiones con lo que realmente significa, por ello es importante dedicar un momento al tema.

Los economistas tienen muy claro el concepto de valor. En esa disciplina, el valor es fundamento de muchas de las teorías que explican el comportamiento económico de personas y naciones. Bajo la premisa racional de que buscamos maximizar nuestro beneficio, preferimos aquello que nos deja mayor margen entre el valor que consideramos estamos recibiendo, menos lo que nos está costando obtenerlo.

Pero es en sus aspectos financieros y hasta cotidianos, donde tiene una utilidad más interesante. 

Contrario a la idea de que el valor de algo es lo que está indicado en la etiqueta de precio, esta puede indicar cualquier cifra y no necesariamente acercarse a lo que el mercado esté dispuesto a pagar. Salvo que existan limitaciones en la oferta, que un vendedor indique un precio, solamente expresa una posición, de las dos que hacen falta para acordar un precio de referencia real. Y si una transacción es diferente en monto a muchas otras cercanas en el tiempo, tampoco toma relevancia como referencia y es olvidada como una anomalía.

El valor de las cosas tampoco está cerca de lo que la gente paga por ellas en los mercados, ya que existen muchas situaciones en las que compradores y vendedores (demanda y oferta) están influenciados circunstancias y sesgos mentales que afectan sus percepciones del valor. 

Las modas, las expectativas y muchos otros factores pueden hacer que vendedores y, sobre todo, compradores se vuelquen a los mercados a transar por precios fuera de lo que parecería normal. Eso es lo que sucede en las burbujas económicas, en las que cada vez se paga más, hasta que se acaba la euforia y caen los precios.

Aunque ya le haya resultado desconcertante que ni el precio de la etiqueta o el monto que se paga en una transacción de mercado signifiquen necesariamente el valor de algo, hay otro factor en juego para determinar cuánto valen las cosas. 

La unidad de medida que utilizamos para el valor, el dinero, no es constante como lo son las unidades físicas, sino que su valor cambia, se estira y encoge según se ve afectado por la liquidez (disponibilidad de dinero), su amplia aceptación como medio de pago, la inflación, la devaluación y otras fallas que puede sufrir. 

Quienes han vivido situaciones de alta inflación o hiperinflación terminan comprendiendo que el valor de un bien o servicio se mantiene más o menos constante en esas situaciones, y lo que pierde valor es la moneda de cambio, por lo que sucede que hay que entregar más de esas monedas para obtener el mismo bien a cambio. 

Al valorar financieramente algo, como por ejemplo la inversión en un proyecto de negocios o un instrumento financiero, no se debe observar el pasado sino únicamente el futuro. La valía depende exclusivamente de lo que ocurra en el futuro, de los beneficios netos (ingresos menos egresos) que se obtengan de eso que estamos valorando. Si tenemos algo por lo que pagamos mucho dinero en el pasado, pero que en el futuro no nos generará beneficio, o incluso nos haga erogar fondos (por ejemplo en mantenimiento), entonces no tiene valor, o incluso puede tener valor negativo. No importa lo que haya costado, todo lo pasado no puede ya ser cambiado. Por supuesto que, en muchos casos, eso que costó dinero en el pasado, nos pone en una situación ventajosa para aprovecharlo y generar rentas, generar valor. Pero esto aunque sea positivo, no tiene por qué guardar una relación cercana con el monto que se pagó. 

Si esperamos que algo nos genere ingresos netos positivos en el futuro, tendrá valor. Si no vemos forma de extraer valor de algo en el futuro, o incluso sólo anticipamos tener que desembolsar más dinero, no vale nada, e incluso podría ser mejor pagar por deshacerse de ello, para evitar mayores pérdidas. 

En las valoraciones financieras entran, además, dos elementos clave adicionales: el valor del dinero en el tiempo y el costo de oportunidad. Por el primero, ajustamos el valor según la riqueza que se construya más cerca del presente o no. Por el segundo, y tal como expusimos en esta misma columna hace tres semanas*, sopesamos en nuestra decisión el valor que ofrece la mejor de las alternativas que tenemos y que estaríamos abandonando de tomar la decisión en cuestión. 

Por todo lo anterior, será más valioso algo que construya más riqueza, antes, y por encima, de cualquier otra alternativa que una que genere menos (si no es que pérdidas) más tarde y, por supuesto por debajo de alternativas válidas que pudiéramos tomar en su lugar. Y ese valor, reitero, tiene poco que ver con cuanto pudimos haber pagado en el pasado, sino solamente con el porvenir.

A escala personal, todo lo anterior es también válido. Debemos darle más valor a aquello que nos ofrece ayudarnos a crear más riqueza en el futuro, por lo cual necesariamente estaríamos pagando un costo adecuado. Tenerlo claro, nos ayuda mucho a la hora de las pequeñas o grandes decisiones cotidianas,  respecto a nuestros gastos, a las inversiones -aquellas que realmente lo son y las que no, pero erróneamente muchos creen que sí son tales-, a nuestros ahorros, a cómo manejamos el crédito, las inversiones, los seguros y más, tal como está explicado en el libro Compás Financiero Personal**. 

Al buscar aquello que es valioso, aquello que nos ayudará a construir riqueza, estaremos dando los pasos correctos para poner los números a nuestro favor. 

¿Quieres aprender más sobre cómo reinventarte? Léeme en el libro Compás Financiero Personal.

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