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Economía

LA IMPARABLE GLOBALIDAD

Por: Financiero 16 Mar 2020

Jose Antonio Montenegro / desdewallstreet.com En esta tercera semana de bruscas bajadas de las bolsas internacionales y por supuesto de las neoyorkinas, todos los índices […]


LA IMPARABLE GLOBALIDAD

Jose Antonio Montenegro / desdewallstreet.com

En esta tercera semana de bruscas bajadas de las bolsas internacionales y por supuesto de las neoyorkinas, todos los índices más importantes aquí, han rebasado ya el 20% de caídas, desde sus récords, lo que significa que hemos interrumpido el mercado “bull” o continuamente optimista, (sin caídas masivas de este tipo), que ha estado en vigor, desde hace 11 años, exactamente, desde marzo de 2009.

Pero el coronavirus y la profunda disrupción global que ya supone en este momento para la marcha mundial ha gatillado con crueldad esta situación, que además se vio acrecentada el pasado lunes, por la falta de acuerdo entre Arabia Saudita y Rusia para reducir la producción mundial de petróleo, lo que se tradujo en un elemento más de inestabilidad, que reforzó la caída de las bolsas.

El coronavirus avanza por el mundo. Ahora con fuerza en Europa y también creciendo en Estados Unidos. La actividad económica está ya fuertemente tocada y nos esperan meses complicados. Ciertamente lo más importante es resolver y/o aprender a convivir con esta catástrofe mundial, que debería servirnos a medio y largo plazo, para de una vez por todas, dejarnos de tonterías, y asumir que, en el siglo XXI la globalidad es imparable.

Lo es por supuesto para un virus que no respeta fronteras, y menos en tiempos de profunda movilidad de bienes y personas a lo largo y ancho del globo terráqueo. No son momentos de proteccionismos y de aislarnos en nuestros castillos, -aunque ahora mismo las cuarentenas y los planes de contención del virus nos obliguen a tener que hacer eso-. Me refiero a que en situaciones normales, cuando el tema del virus ya haya quedado más o menos superado, debemos, de una vez por todas, asumir que el mundo actúa en 2020 como un todo, y desterrar proteccionismos, nacionalismos, guerras comerciales, y otras desgracias que nos abocan al fracaso y actuar multilateralmente.

El mundo debe asumir que es y va a ser cada vez más global, que la gente circula cada vez más de un lado a otro, -incluidos los virus-, y debemos pensar en sistemas de salud pública desde esa premisa, y actuar coordinadamente, multilateralmente, para estar mejor preparados para las alarmas y para prevenir lo que puede venir después.

La erradicación de la pobreza en el mundo y la educación es vital para conseguir ese equilibrio, la generalización de un control sanitario digno en todas las esquinas del mundo, y la mayor asignación de recursos mundiales al tema salud en general.

Yo llevo mucho tiempo siendo especialmente crítico con la frívola asignación de recursos económicos que lleva haciendo una buena parte de la economía los últimos cuarenta años. La iniciativa privada, piensa sobre todo en beneficios rápidos y en ganancias que procedan de consumos masivos, y los recursos puestos en redes sociales, no tienen que ver nada con los puestos en investigación para la cura del cáncer por ejemplo.

No es que haya que forzar al mercado y decirle lo que debe y no debe hacer, pero es ridículo ese repetido mantra aquí los últimos cuarenta años, que aboga por gobiernos que no se metan en nada y “deje hacer” a la iniciativa privada.

Difícilmente la iniciativa privada va a invertir lo que debe en salud pública o en investigación contra el cáncer u otro tipo de enfermedades, porque a menudo no son rentables en el nivel que esas empresas necesitan, por eso es fundamental el libre mercado, pero desde luego es fundamental también que el Estado invierta en determinados temas que son precisos para el bien común y no siempre dan dinero, -por lo menos no de inmediato-.

Idéntico problema se plantea en el capítulo infraestructuras, cambio energético, y en muchos otros. Pero en este momento y cuando estamos viviendo todos en primera persona la crisis de salud del coronavirus, me parece que esta reflexión es evidente, y debería tener sus consecuencias, si queremos un mundo mejor.

Y por supuesto esa reflexión y esas medidas deben hacerse y establecerse desde la multilateralidad, pensando que el globo terráqueo es uno y único, por cierto. No digo que vaya a ser fácil el llegar a conclusiones, planes y actuaciones conjuntas, pero aunque sea difícil, debe irse por ese camino.

A la vista está, que cuando vienen mal dadas y aunque como digo ahora mismo de forma transitoria haya que aislar regiones y poner fronteras entre países, el mundo debe trabajar en planteamientos de mundo absolutamente interconectado y abierto, aceptando la realidad existente. Los virus no respetan fronteras.

Mucha fuerza a todos y Buena Semana.

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