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Economía

EL FUTURO DEL PETRÓLEO

Por: Financiero 10 Feb 2020

José Antonio Montenegro Atención hoy, que vamos de reflexión profunda, o si prefieren, más que profunda, de reflexión cada vez más habitual en Wall Street […]


EL FUTURO DEL PETRÓLEO

José Antonio Montenegro

Atención hoy, que vamos de reflexión profunda, o si prefieren, más que profunda, de reflexión cada vez más habitual en Wall Street últimamente, hasta el punto de haber llegado a alguien que no es precisamente un vanguardista en anticipar polémicas, -Jim Cramer-, que la pasada semana en su programa de CNBC, cuestionaba el futuro del llamado “oro negro”. Si Jim se ocupa de este asunto: malo. O bueno, quiero decir.

Y es que el asunto está sobre la mesa, porque hay un hecho evidente: las acciones de petróleo caen sistemáticamente en la última década bajo casi todos los escenarios. Vamos a cerrar en unos días los resultados empresariales del cuarto trimestre, que en muchas compañías han sido excelentes, pero la caída de los beneficios del sector energía en un 46% lastra de mala manera el total, que al final quedará en cero o negativo, es decir sin crecimiento alguno en comparación con idéntico trimestre del mes anterior. Si retiramos el sector energético, resulta que los resultados totales han crecido algo más de un 3%.

¿Pero qué pasa con el petróleo? Se lo voy a decir rápidamente y sin tapujos. El petróleo es el tabaco de los ochenta. Está en sus últimas. Punto. No digo que no le queden aún una, dos, o tres décadas más de protagonismo, pero hasta ahí vamos a llegar, y no más. Y después, no lo duden, las reservas que están bajo tierra, o las que están bajo las aguas profundas de los océanos, se quedarán ahí para siempre. Por cierto, ese es uno de los problemas de muchas grandes petroleras hoy, están contabilizando como activos, reservas que seguramente no va a hacer falta emplear nunca. Pasó con el carbón y pasará igual con el petróleo.

No, esto no va a ser de hoy para mañana, insisto, pero por ejemplo Aramco, la petrolera de Arabia Saudita, sabe muy bien lo que está haciendo con su salida a bolsa y su plan de diversificación. Hay que decir que su caso es privilegiado, el petróleo saudí es el más fácil de extraer y su precio el más competitivo. Pero pensar desde Brasil o desde Venezuela, que se tiene una “mina de oro eterna”, es equivocado.

Hay algo relevante: La gente del siglo XXI no quiere envenenarse con la contaminación. Existe una creciente sensibilidad global, acrecentada por el uso de las redes sociales, que está generalizando esa opinión. Y hay además un aliado que no es menor: China.

El proceso de ralentización del uso del petróleo está bastante detenido últimamente, primero porque Rusia y los Países Árabes no lo están apoyando, y porque la Administración Trump está también subida al tren de la vieja economía. Pero China, -que no produce petróleo-, y que tiene un grave problema con la contaminación de sus ciudades, está determinada a encontrar la forma en que las energías limpias sustituyan a las fósiles. Está poniendo todo el esfuerzo y todos los recursos y no tardaremos en ver el impacto de su determinación.

Algo similar ocurre en la Unión Europea, donde es difícil pensar en cómo será la maqueta energética del año 2050, y en el mismo Estados Unidos, donde una vez conseguida la generalización del auto eléctrico -que está ya más cerca de lo que muchos creen- y la sostenibilidad de Estados enteros con energía solar y eólica, el petróleo se va a convertir en algo residual. Seguirá teniendo un uso, pero insisto nada que ver con lo conocido hasta ahora.

La pérdida de protagonismo del petróleo, será sin duda el gran tema y la gran diferencia de una parte considerable del siglo XXI. Porque esa decisión va a impactar -ya lo está haciendo- a la arquitectura, el planteamiento de infraestructuras y la red pública de transporte global. Y lo que es más, al estilo de vida mundial.

Estas cosas cuando se ven aún en el límite del cambio, son difíciles de anticipar en todas sus aristas. Tendemos a pensar que la forma en la que estamos organizados hoy es de larga duración, pero hay cosas que se caen por su propio peso. En el New York pre-automóvil, es decir el de los carruajes de caballos, llegó un momento en que el estiércol de los caballos era tal, que la ciudad difícilmente podía manejar su eliminación, la desaparición de esa forma de transporte se hizo inevitable. Y no por casualidad llegó el automóvil justo a tiempo. Algo así pasará pronto con el petróleo y las energías renovables. Y el sector ya lo sabe.
Feliz Semana.

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