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Management

Una guía para planificar negocios agropecuarios

Por: Financiero 14 Mar 2021

Los negocios en el sector agrícola varían mucho en naturaleza y condiciones, sin embargo tienen en común una particular necesidad de planificación que permita tomar decisiones y aumentar las probabilidades de éxito.


Una guía para planificar negocios agropecuarios
Hay más que simplemente planificar la producción, las inversiones o el financiamiento

Compás Financiero

Andrés Chiodi
Consultor Financiero
Profesor del IESA Panamá
@CompasFinancier

Los negocios en el sector agrícola varían mucho en naturaleza y condiciones, sin embargo tienen en común una particular necesidad de planificación que permita tomar decisiones y aumentar las probabilidades de éxito. 

En los negocios del campo, toman particular relevancia los vaivenes económicos del mercado del producto agrícola que se comerciará, la factibilidad financiera hasta la cosecha o a lo largo de los años para cultivos o cría de largo plazo, y los aspectos de riesgo operativo que acechan al productor. 

Para lograr destilar un plan financiero robusto, es necesario que el productor prepare otros planes previos: el de producción, el de manejo de riesgos, el económico, el de mercadeo y el de inversiones.

Juntos, crean una cadena cuya solidez favorecerá un desarrollo del proyecto agropecuario rentable, resiliente y con capacidad de mejorar en el tiempo, tanto durante la elaboración de los planes, como luego de la puesta en marcha. 

Cómo planificar una cosecha

El Plan de Producción ha de acotar el objetivo y perfil del negocio, definiendo los volúmenes de referencia con los cuales se diseñarán el resto de planes. A veces el alcance viene dado por la superficie disponible para la siembra y las demás variables biológicas de la siembra o cría.

En otros casos, se ajusta a realidades de mercado o financieras, incluso del resultado de otros planes, o ideas innovadoras como nuevas técnicas de producción, rotación de cultivos o co-desarrollo de diferentes productos con ciclos que se complementan de alguna manera. 

Es por todo ello que el plan de producción, en su primera versión, difícilmente quedará intacto tras las fases posteriores, ya que suele enriquecerse mucho del proceso integral de planificación.

Manejo de riesgos y oportunidades

El Plan de Manejo de Riesgos debe definir, primero en grandes rasgos y luego en más detalle, cuáles problemas pueden surgir y la naturaleza de su impacto, las alternativas para atender esas situaciones y, sobre todo, cómo preferimos mitigar esos riesgos -si es que no decidimos asumirlos, reducirlos o evitarlos-. Vale decir que este plan también suele perfeccionarse con el tiempo y con las experiencias. 

El Plan Económico reúne los factores externos, como son los niveles de demanda en cada estación de producción o las tendencias de la oferta. 

Seguramente sus puntos más interesantes habrán sido considerados desde un inicio por el productor al plantearse la idea de negocio, como por ejemplo al conocer de un rubro con poca oferta local en alguna época del año, que motiva el proyecto. Sin embargo, al desarrollar el plan económico es cuándo esas premisas deben ser puestas a pruebas más fuertes, con la disciplina necesaria para cuestionar los motivos originales y no caer en sesgos cognitivos que nos lleven a hacer un plan a la medida de nuestras creencias, y no de los hechos y los números, como debe ser. 

El Plan de Mercadeo es especialmente valioso cuando el productor tiene la visión de agregar más valor a su producto, buscando llegar más allá de la cosecha o hito de cría. 

Cada vez más vemos cómo los productores impulsan el valor de su negocio con una mayor verticalización -por ejemplo con un procesamiento adicional, la incursión en la distribución o hasta la creación de marcas-, o con negocios complementarios como el agroturismo. Incluso si su negocio se trata de productos muy básicos, puede haber un potencial económico adicional a la espera por ser explotado usando conceptos básicos de mercadeo.

El Plan de Inversiones se puede centrar en dimensionar las necesidades de capital en el tiempo, tanto para lo fundamental como semillas, plantones, alquiler o compra de tierras, agroquímicos, alimentos, mano de obra o maquinaria, entre tantas otras cosas, como también para las ideas adicionales que quisiéramos aplicar de ser posible, tal como mecanización avanzada, nuevas técnicas de control de cultivos o granjas, o las ideas innovadoras que surgen del plan de mercadeo. 

Con todos los planes anteriores, producción, riesgos, económico, mercadeo e inversiones, se puede entrar a hacer un plan financiero útil, detallado y sólido. 

Se establecen los estimados de erogaciones de dinero, en periodos de tiempo intermedios, tal como trimestres o semestres, que permitan disgregar los grandes movimientos de dinero, planificar la posterior búsqueda de fondos y servir de base para un análisis de flujo de caja más detallado. 

La importancia de planificar

El horizonte de planificación puede comenzar siendo a nivel de un ciclo de producción, pero es importante alargarlo hasta cubrir más adecuadamente los plazos largos en los cuales se aprovecharán los frutos de las inversiones y también ocurran las renovaciones y mantenimientos mayores necesarios. Esto permitirá comprender mejor la rentabilidad potencial y crear un marco para sostener decisiones. 

En el caso de cultivos de largo plazo o cría de animales de ciclos extensos de vida, cobra aún más importancia esta planificación y que se haga desde un principio con la vista al largo plazo. 

El proceso de planificación, una vez iniciado, se aprovecha más si se mantiene y mejora la información a medida que pasa el tiempo. Por ello es bueno entender esta planificación como un proceso continuo y flexible, que aprende y se amplía a medida que se gana experiencia. Esa mejora puede significar hacer planes de mayor plazo, crear herramientas para manejar mejor las finanzas del corto plazo, optimizar la rentabilidad sobre el capital invertido y tener un perfil de riesgo más acorde a las preferencias del productor. 

Con una adecuada planificación financiera, se conseguirán mejores condiciones y tasas, acordes al proyecto agrícola, se evitarán problemas de liquidez para pagar compromisos, se planificará mejor la producción y venta en momentos de mayor rentabilidad esperada, 

Como sucede en muchos procesos de planificación, llamémosla estratégica o no, son tan valiosos los resultados -el plan en sí mismo- como el aprendizaje logrado durante el tiempo dedicado a prepararlo. Y dado que es común que en el agro los proyectos se repitan o surjan nuevos cada cierto tiempo, la experiencia facilitará este trabajo y permitirá conseguir cada vez mejores resultados, con menos inconvenientes para los cuales no se estaba preparado. 

Si bien puede parecer amplio y ambicioso el esquema de planes arriba esbozado, resulta más fácil aplicarlo cuando se desarrolla por partes, en la línea del refrán popular que sugiere que, si tenemos que comernos un gran elefante, la forma de hacerlo es mordisco a mordisco.

Si hace el esfuerzo de plasmar las ideas con la mayor claridad posible, dimensionándolas en dinero y acompañándolas de planes para hacerlas realidad, estará poniendo los números a su favor.

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