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Tres logros de la biociencia chilena

Por: Financiero 14 Mar 2021

La biociencia es el campo de estudio del comportamiento y estructura de los seres vivos. Las investigaciones biocientíficas, aplicadas al ámbito del agro, suelen traducirse en innovaciones que hacen progresos enormes en los procesos productivos, traduciéndose en mejores rendimientos económicos, mejor aprovechamiento de los recursos, y menor impacto medioambiental


Tres logros de la biociencia chilena
Estas innovaciones abren las puertas a nuevas posibilidades productivas, reducción de pérdidas, y disminución de desechos de la industria alimentaria

Redacción El Financiero

La biociencia es el campo de estudio del comportamiento y estructura de los seres vivos. Las investigaciones biocientíficas, aplicadas al ámbito del agro, suelen traducirse en innovaciones que hacen progresos enormes en los procesos productivos, traduciéndose en mejores rendimientos económicos, mejor aprovechamiento de los recursos, y menor impacto medioambiental.

Y tras las investigaciones científicas, vienen las nuevas tecnologías, que no son más que ciencias aplicadas. A pesar de la importancia de la biociencia, a veces es poco conocido su impacto positivo y sus grandes beneficios. Sus aplicaciones se consideran, después de las tecnologías de la información, la siguiente gran ola de expansión de la economía basada en el conocimiento.

Para Chile, contar con investigaciones biocientíficas tiene una gran importancia socio-económica, aunque quizá de forma indirecta. Sin embargo, los resultados de estas soluciones se dejarán sentir, si se adoptan masivamente. A continuación, conoceremos tres ejemplos recientes de logros biocientíficos significativos en el campo botánico y agrícola.

Nanoburbujas de oxígeno que mejoran la productividad
El ingeniero agrónomo Benjamín Labbé está al frente de la empresa Kapicua, tras descubrir el “secreto” de las nanoburbujas y su aplicación a diferentes industrias. Según un artículo publicado en la web País Circular, Kapicua fue fundada a principios de 2018.

Labbé comenta sobre la tecnología “nos pareció interesante, disruptiva, pero tenía un desafío importante: no se había validado en el uso de la agricultura en Chile, específicamente en la fruticultura, que mueve el sector”, explica el ingeniero agrónomo.

¿Cómo mejora esta técnica la calidad de los cultivos? “Las nanoburbujas tienen escala nanométrica, es decir, tienen un tamaño entre un átomo y una bacteria. Sus características pasan porque, en tanto muy pequeñas, pierden la flotabilidad cuando permanecen un tiempo en solución”, explica Labbé.

“A esas burbujas se les puede inyectar cualquier gas, pero nosotros lo hacemos con oxígeno por la importancia que tiene para todos los seres vivos. Gracias a ello, nos permite concentrar mucho oxígeno en la fuente del riego: el tanque”.

La otra ventaja, continúa Labbé, es que las nanoburbujas de oxígeno tienen muchos electrones, es decir, cargas negativas, que permiten “desarrollar una facilidad para atraer cargas positivas, como los macronutrientes”. Eso, según el experto, provoca que se capten mejor los nutrientes, lo que incide en una mejor calidad de la planta y en el suelo.

A partir de estudios del Grupo Laevo y Kapicua, se ha comprobado que al usar esta tecnología, el calibre de los arándanos aumenta en un 18%, y la productividad de los tomates se eleva un 14%. Además, se calcula que el ahorro de agua fluctúa entre un 27 y 28%.

Identificación genética de frutales con PCR
Debido a la pandemia de la COVID-19, se ha vuelto conocida la técnica de PCR, llamada así por sus siglas en inglés de Reacción en Cadena de la Polimerasa. 

“Pero el PCR se ha utilizado en pruebas de diagnóstico desde los años ‘80 en el área de salud humana, por ejemplo, para detectar agentes infecciosos, en exámenes de paternidad, y para identificar ADN en el área forense. También se utiliza en el área de medicina veterinaria y biología vegetal, entre otras», señala Verónica Guajardo, investigadora del Centro de Estudios Avanzados en Fruticultura (CEAF), y Doctora en Ciencias Silvoagropecuarias y Veterinarias.

Según informó el sitio web Portal Agro Chile, el sector viverista enfrenta el desafío de ofrecer nuevas variedades y portainjertos. Pero es difícil identificar las plantas durante los procesos de producción, generando pérdidas para viveristas y productores.

Lo que hemos estado desarrollando en CEAF es similar a los exámenes de paternidad de humanos, pero lo aplicamos en plantas, ya que usando el ADN se puede confirmar que el ‘presunto padre’ de una planta es realmente el que uno espera”, explicó Guajardo.

Este trabajo fue la base para desarrollar un servicio de identificación genética de frutales, que permite confirmar la identidad de las plantas utilizando PCR. En el caso de que existan mezclas de variedades, éstas se observan normalmente cuando las plantas son adultas, lo que trae pérdidas para viveristas y productores, como clientes finales, debido al largo tiempo antes de identificar un problema.

“Actualmente, el servicio que realiza CEAF para identificación varietal permite informar a los clientes que existen errores de identificación en un plazo de alrededor de tres a cuatro semanas”, comentó Guajardo.

Generación de bioplásticos
En Chile, el alto uso del plástico hace patente la necesidad del desarrollo de bioplásticos. En este caso, a base del azúcar de materias primas, desechadas, de la agroindustria. El objetivo de la innovación es crear empaques para las frutas destinadas a exportación. Los desechos que se están estudiando son pulpas y cáscaras de manzana, pera, uva, durazno, tomate, entre otros. La información fue publicada en el sitio web de la Fundación para la Innovación Agraria.

Cristián Valdés, bioquímico a cargo del proyecto, explicó que la primera etapa del proceso es extraer los nutrientes (azúcares reductores) de los residuos de las frutas y verduras, para el crecimiento de una bacteria productora del precursor del bioplástico; “el cual será tratado químicamente de manera de generar el material como tal, al que se le agrega propiedades antimicrobianas. Luego, este será transformado en bolsas biodegradables, dándole forma por medio de unas máquinas extrusoras. Finalmente, se optimizarán las propiedades del material para que sea compatible con el packaging”, agregó Valdés.

Respecto a la sustentabilidad y el aporte a la gestión de residuos, Valdés sostuvo que “esta innovación genera economía circular, ya que los mismos desechos de las frutas envueltas en el bioplástico puede ser utilizados como un sustrato para generar más bolsas biodegradables, las cuales a diferencia del plástico convencional se degradan en cortos períodos de tiempo, mientras que el plástico en base a petróleo puede tardar cientos de años”.

  • La propuesta tiene cuatro grandes diferencias frente a un plástico convencional, las cuales son: 
  • Generación del sustrato inicial a partir de desechos biológicos evitando su compra de manera externa; producción de un bioplástico compatible con procesos de packaging

Utilización de nanopartículas de cobre para disminuir el crecimiento de microorganismos en el fruto, y finalmente, un método de preparación optimizable con futuros componentes que brinden otras propiedades al material.

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