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Necesitamos más empresas privadas

Por: Financiero 07 Jun 2021

Sea como empleados o desempeñando libremente sus profesiones, como empresarios, emprendedores o incluso promotores de causas comunes, la producción de los bienes y servicios que necesitamos, ocurre primordialmente por el deseo individual de alcanzar el bienestar.


Necesitamos más empresas privadas
La generación de riqueza viene, en primera instancia, de las personas

Compás Financiero

Andrés Chiodi
Consultor Financiero
Profesor del IESA Panamá
@CompasFinancier

Sea como empleados o desempeñando libremente sus profesiones, como empresarios, emprendedores o incluso promotores de causas comunes, la producción de los bienes y servicios que necesitamos, ocurre primordialmente por el deseo individual de alcanzar el bienestar.

Los Estados y demás entes públicos, útiles para coordinar a la sociedad, deben ser facilitadores de la iniciativa privada y vigilantes del respeto a los derechos y deberes que vamos acordando que queremos.

Sin embargo, sucede con cierta frecuencia, que esa labor del sector público se vuelve más entorpecedora que facilitadora.

Las razones son diversas y a veces complejas de solucionar, y entre ellas podemos contar con iniciativas impulsadas por minorías -o también mayorías- que buscan satisfacer intereses particulares, por ideologías o politiquería que se autocomplacen otorgándose más poder, por la corrupción, por burócratas que establecen requisitos para un fin particular sin medir los efectos acumulativos en la carga de responsabilidades que pesan sobre las personas y empresas, los impuestos crecientes para sostener un aparato público que no para de expandirse, entre otras.

Como ciudadanos debemos velar por un balance sensato entre la función pública y la privada, y rechazar los controles, roles y exigencias superfluas, que restan más valor del que suman a nuestras sociedades. Incluso hay que resistirse a la tentación de pedir que el Estado intervenga demasiado, ya que algunas iniciativas no resultan verdaderamente positivas, ya que cuestan mucho y tienen pocos efectos.

Volver a lo básico
El ser humano es, instintivamente, proclive a resolver sus problemas y atender sus necesidades. Dejar que vea la vía libre de obstáculos artificiales y de tentaciones para no actuar es un paso importante para sumar más esfuerzos en pro de la generación de mayor bienestar. Pero es un paso básico, en vista de lo complejo que se va volviendo el mundo moderno, en el cual ser activo significa cada vez menos lograr ser productivo.

Para que nuestro ecosistema socioeconómico prospere, podemos mirar esas debilidades y fortalezas y tomar decisiones que nos ayuden a construir un futuro mejor, sobre todo a largo plazo. Cada quien evaluará cuáles son las mejores decisiones en su casa y en su empresa. Pero como sociedad, necesitamos volver a enfocarnos en lo factible.

El marco regulatorio debe ser simple, así se facilita el hacerlo efectivo. No sirve de nada coleccionar pilas de leyes bien intencionadas, si al final el exceso confunde, traba y complica la vida de las personas, cultiva la “tramitocracia” y con ello la corrupción, o promete derechos bonitos pero para los cuales no producimos suficientes recursos para pagarlos.

Los latinoamericanos tienen chispa emprendedora, no necesitan tanto de incentivos y financiamiento, como de eliminar trabas, inseguridades, costos y burocracia, que distraen la capacidad hacia administrar la infinidad de permisos, trámites, declaraciones, pagos de tasas que cuestan más vigilarlas que lo que recaudan, y muchos más frenos que no dejan al emprendedor concentrarse en crear valor, sobre todo en sus primeros años de actividad.

Pero tampoco debemos enfocarnos sólo en la creación de actividad informal, sino aupar a que las iniciativas se estructuren y vean ventajoso crecer ordenadamente, como camino más seguro hacia los altos niveles de competitividad mundial, que en muchos aspectos nos van dejando atrás.

No podemos pretender tener empresas de clase mundial, si se les señala continuamente de crímenes que no han cometido -hasta prueba en contrario y caso por caso, sin generalizar nunca- de robar las riquezas y el futuro a otros.

Tampoco serán productivas si las cargamos con la responsabilidad de atender asuntos que deberían estar a cargo de las propias personas, familias o los entes públicos. Las empresas tienen bastantes retos que afrontar, como para que además tomen un rol paternalista que ni les compete ni ayuda a que los demás, adultos y capaces, se ocupen seria y efectivamente.

Si de verdad queremos tener un ecosistema fuerte, una economía fuerte, hay que permitir que florezcan tanto las personas, los nuevos emprendimientos, como las empresas ya existentes, pero que realmente sean competitivas. No podemos avanzar a buen paso si solo cuidamos a uno de esos tres entes, olvidando que cada una debe ser productiva, o con el tiempo pagaremos un costo de oportunidad.

Mirando hacia el futuro
Cada vez que evaluamos una decisión, debemos mirar hacia adelante. Sólo podemos cambiar el futuro. Del pasado nos quedan aprendizajes, capital y ventajas, pero solo seguirán sirviéndonos productivamente si usarlas es lo mejor que podemos hacer en adelante.

Los conceptos de valoración financiera de proyectos y empresas nos señalan que el valor está siempre adelante. Que de los costos hundidos sólo podemos considerar cómo nos facilitan el crear riqueza en el futuro. Eso nos tiene que enseñar que para tener la economía que deseamos, debemos dejar atrás lo que no es útil aunque haya sido valioso o sensato antes, identificar aquello en lo que podemos ser buenos -desde ya o en un futuro claro en el que podamos invertir para construirlo-, y poner manos a la obra.

Haciéndolo, estaremos poniendo los números a nuestro favor.

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