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Luis y Rosa toman té

Por: Financiero 03 May 2021

En el otoño de 1902, Ludwig von Mises y Rosa Luxemburgo conversaban sonreídos. A las 4:11pm, solos en un restaurante de la calle Niederdorf, Zurich, su plática inició así:


Luis y Rosa toman té
Dos pensamientos contrarios se reúnen y redactan 12 claves
para construir el ‘capitalismo compasivo’

Pulso Económico
Aram Cisneros
Consultor/Agricultor
@kwpulso

En el otoño de 1902, Ludwig von Mises y Rosa Luxemburgo conversaban sonreídos. A las 4:11pm, solos en un restaurante de la calle Niederdorf, Zurich, su plática inició así:

– ¿Deseas que le ponga azúcar o leche?

– Gracias Rosa. Leche, por favor.

– Este es un avance enorme, Luis. ¿Cierto?

– Lo es.

– ¿Aunque sea solo para tomar té?

– ¡Sí, porque no vinimos a descalificarnos, sino para construir con base en lo que nos une!

Jamás ocurrió aquella reunión entre el economista libertario y la energética marxista. Yo los uso en este escrito, para plantear mi ingenua ilusión de reconciliar sus ideologías opuestas.

Por un lado, Mises asegura que cada individuo sabe lo que mejor le conviene y nadie debe dictárselo. Afirmó que la intervención del Gobierno trunca nuestra libertad. Ésta no es gratuita. Su precio es ser responsables. Eso requiere de un esfuerzo poco común en los países tropicales. Somos perezosos…

Por otro lado, el sistema comunista que defendió Rosa, carece del mecanismo de precios que debería lograr la distribución óptima de recursos. Pero la realidad no se limita a ecuaciones de optimización. ¿Cierto? La vida también incluye otras cosas. Por ejemplo, la compasión. Nos importan los demás. ¿O no?

Siete de cada 10 panameños, consideran inútil debatir sobre el mejor modo de crear riqueza y su reparto. Les comprendo. Tienen certeza de que sus urgencias cotidianas no dejan espacio para eso. ¿Quiénes son?

Por ejemplo, un ex trabajador de la construcción. Por su edad, ya no repella paredes a una velocidad productiva. Sobrevive manejando un taxi que conduce bestialmente, para arañar la cuota que le permite pagar a quien le arrienda el auto y queden unos dólares para comer y ahorrar para la escuela del junior.

Está también la historia de una empleada doméstica. Limpia la casa de su patrona y al volver a la propia, tolera la violencia verbal de su esposo, mientras resuelve tareas escolares con su hija adolescente, entre malabares para disuadirla de caer en un embarazo precoz.

Las ideologías son útiles. Otros panameños con acceso a diversos tipos de poder lo saben bien. Son quienes toman las decisiones que moldean la cotidianidad tanto del taxista como de la doméstica.

Mises murió a los 92 años. Finalizó su existencia tranquilo. Expiró plácidamente en el Hospital San Vicente de Nueva York. Rosa vivió la mitad de los años de Mises y su fin no fue sosegado. Víctima de un femicidio político, fue asesinada con violencia horrenda por paramilitares derechistas. Primero, destrozaron su cráneo y rostro a culatazos. Luego, le dieron un tiro en la nuca, antes de tirarla al río Esprea en Berlín.

Si Mises pudiera observar el naufragio actual de nuestro mundo, en el mar de la peste sanitaria que inmoviliza la economía, ¿qué opinaría sobre la paradoja de que ahora todos, sin distinciones ideológicas, esperamos que el Estado nos ayude, lanzando al agua un salvavidas?

La deliciosa velada imaginaria que compartieron Ludwig y Rosa, no se limitaría a una conversación ligera sobre la belleza de la vajilla. Terminado el té, tal vez redactarían juntos un documento de 12 puntos. Así:

1) El ego no importa. Dejémoslo a un lado, para dar importancia a ideas que estén al servicio de lo cotidiano, ejecutadas por talentosos que implementan lo que realmente funciona.

2) Sin ego, observamos que el capitalismo requiere una visión fresca. Lo bautizamos hoy “Capitalismo Compasivo”.

3) Gracias a la compasión, reconocemos que tanto el leseferismo fanático de la derecha como el estatismo recalcitrante de la izquierda, son propensos a fracasar.

4) La economía es un ecosistema, no una máquina de engranajes.

5) “El mercado” es simplemente la gente y, aunque es magnífico para propiciar la innovación y la efectividad, no lo es siempre para la eficiencia. La gente puede ser irracional. Por tanto, el evangelio de que el precio siempre refleja el valor, dejará de ser dogma de aceptación obligatoria.

6) El Capitalismo Compasivo comprende que, a través de la cooperación académica, la tecnología de punta y el diálogo social participativo, se resuelven las necesidades del pueblo.

7) El objetivo del diálogo social participativo, será contestar una pregunta clave: ¿qué es prosperidad?

8) La respuesta podría incluir factores que mitigasen la desigualdad. Por ejemplo, la inclusión digital y el respeto al medio ambiente.

9) La respuesta también podría destronar a la rapacidad, como la reina de lo que algunos consideran la principal virtud empresarial.

10) Reconocemos que es importante ser precavido con las distorsiones. Por ejemplo, los oligopolios, los monopolios, el sindicalismo insensato, los impuestos expoliantes y el capitalismo de “compinches” o “amiguetes”.

11) Desechamos el PIB como la medida adecuada para conocer la salud económica. Desde ahora se diseñará otra medida que sí sea un indicador de la capacidad de resolver los problemas cotidianos del pueblo.

12) El Gobierno no tiene que ser enemigo de “el mercado”. Ideemos una cultura que permita que en el sector público se fomente la experimentación, riesgos, fracasos y triunfos que hacen exitosos a los emprendedores perseverantes.

Al atardecer, lloviznaba en la capital suiza. Ludwig y Rosa sujetaron sus paraguas al despedirse, haciéndose la advertencia mutua de que sus recomendaciones requieren tolerancia y respeto. Es indispensable que las implementen líderes que actúen fuera de un absurdo marco de pensamientos egoístas y rígidos.

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