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Los cambios necesarios para un futuro sustentable

Por: Financiero 14 Mar 2021

La región de América Latina y el Caribe es al mismo tiempo granero y pulmón del mundo. En primer lugar, porque esta región es la mayor exportadora neta de alimentos del mundo; sus sistemas agroalimentarios también contribuyen a reducir y estabilizar los precios internacionales de los alimentos, lo que beneficia al resto de la humanidad.


Los cambios necesarios para un futuro sustentable
Suministrar alimentos al mundo, y conservar los ecosistemas, son tareas que van de la mano y que requieren decisiones audaces

Rehtse Terán

La región de América Latina y el Caribe es al mismo tiempo granero y pulmón del mundo. En primer lugar, porque esta región es la mayor exportadora neta de alimentos del mundo; sus sistemas agroalimentarios también contribuyen a reducir y estabilizar los precios internacionales de los alimentos, lo que beneficia al resto de la humanidad.

Y en segundo lugar, gracias a sus extensas selvas lluviosas y sus vastas sabanas, LatAm desempeña un papel fundamental para los patrones climáticos globales, y la mitigación del cambio climático. Su rica biodiversidad permite, precisamente, mantener la producción alimentaria.

Sin embargo, la región continuará brindando esos beneficios sólo si sus sistemas agroalimentarios evolucionan para evitar las amenazas y aprovechar las oportunidades. Satisfacer la demanda interna y externa de forma sostenible, sobre todo teniendo el cuenta el aumento poblacional, es un enorme desafío de cara al futuro.

Por ello, los países de nuestra región, según dijo el Banco Mundial en su informe “Panoramas Alimentarios Futuros: Reimaginando la agricultura en América Latina y el Caribe”, deben tomar en cuenta los factores que podrían influir en los resultados futuros, y prever todos los escenarios posibles. Hasta ahora, sin embargo, la región ha respondido con lentitud a los cambios globales. Y es evidente que seguir como hasta ahora no es una opción.

Propuestas del BM
Para fomentar el surgimiento de sistemas agroalimentarios eficaces, inclusivos, resilientes al cambio climático, e inteligentes, el Banco Mundial propuso, en el mencionado informe, un conjunto de medidas para LatAm y el Caribe, que incluyen medidas normativas, institucionales, y decisiones de inversión.

El Banco Mundial las dividió en dos categorías: los “imperativos”, y las “decisiones estratégicas”. Los “imperativos” se subdividen en acciones “sin arrepentimiento”, y en las medidas de “mitigación de riesgos”. Por su parte, las “decisiones estratégicas” son medidas que se pueden considerar discrecionales, aunque no se garantiza que sean ventajosas. Esta categoría se subdivide en “opciones abiertas” y “cambios radicales”.

Cambios imperativos
En la categoría de imperativos, las medidas sin arrepentimiento son acciones que serán fructíferas independientemente del escenario que se materialice. 

Entre ellas están: 

  • Reforzar la investigación agrícola
  • Modernizar la infraestructura agrologística
  • Mejorar las habilidades de las personas que trabajan en la agricultura
  • Promover una alimentación sana
  • Reducir el desperdicio de alimentos
  • Hacer que la agricultura sea climáticamente inteligente
  • Ampliar los mercados financieros rurales, y mejorar la seguridad de la tenencia de la tierra.

Por su parte, las medidas de mitigación de riesgos son acciones preventivas para reducir la exposición a posibles contextos riesgosos. Las medidas recomendadas en este renglón son: aumentar el monitoreo del clima, reforzar las defensas contra las enfermedades transmitidas por los alimentos, construir redes de seguridad social para tiempos de crisis, y promover los instrumentos financieros para la gestión de riesgos.

Decisiones estratégicas
Estas son acciones discrecionales; están motivadas por el deseo de obtener mejores resultados, aunque el Banco Mundial no garantiza que resulten ventajosas, y pueden tener efectos económicos o políticos contraproducentes.

La primera subcategoría son las opciones abiertas, destinadas a mantener la opción de actuar en el futuro a medida que los escenarios se desarrollen. Las opciones abiertas son: mantener el acceso a los mercados establecidos y emergentes, invertir en sistemas de riego cuando y donde sea apropiado, apoyar el desarrollo de alimentos biofortificados y nutracéuticos, y facilitar el surgimiento de la agricultura periurbana y urbana.

Por su parte, los cambios radicales son grandes compromisos diseñados para cambiar la trayectoria de la agricultura y los sistemas alimentarios de LatAm. Los cambios radicales propuestos son: disociar todos los apoyos para la producción agrícola, garantizar que todo el trabajo en el sistema agroalimentario sea seguro y justo, alcanzar la neutralidad de carbono en los sistemas agroalimentarios, y declarar la guerra a la comida basura.

Las medidas anteriormente nombradas tienen cuatro áreas de impacto, como lo son el crecimiento económico, la creación de empleo y la reducción de la pobreza, la seguridad alimentaria y nutricional, y la resiliencia al clima y la sostenibilidad de los ecosistemas. Es ineludible la tarea de diseñar políticas que influyan en aspectos económicos, ecológicos y humanos de la agricultura y la producción de alimentos.

Hacia la conformación de una bioeconomía sostenible
Según un artículo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), una bioeconomía circular sostenible es un sistema innovador y restaurador, que impulsa la industria y la economía, pero que también protege nuestro planeta para generaciones futuras.

Para lograr una bioeconomía, habría que adoptar materiales alternativos de origen biológico, cesar el uso de químicos tóxicos, y reducir los residuos. Además, es necesario aprovechar el poder de la biotecnología para hacer frente a desafíos como el suministro de alimentos y la preservación de los recursos naturales.

Destacado

5 pasos para formar una bioeconomía

La FAO propone 5 pasos para contribuir a la transición desde el modelo actual hacia una bioeconomía sostenible y circular, para mejorar la producción de alimentos, la nutrición, la calidad de vida, y el medio ambiente:

1)   Reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos
Actualmente, el 14 % de los alimentos que se producen se pierde entre la cosecha y la fase de venta al por menor. También se pierde una cantidad importante a nivel de los consumidores. Una bioeconomía circular supone reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos mediante el fortalecimiento de las cadenas de valor, pero también mediante la búsqueda de nuevos usos para los alimentos que se pierden o se desperdician.

2) Luchar contra la contaminación por plásticos
Un objetivo importante de una bioeconomía sostenible es el uso de más materiales hechos de recursos biodegradables, reduciendo así los residuos de plástico y las emisiones de CO2. Estos plásticos pueden resultar especialmente difíciles de reciclar, ya que muchos están contaminados con plaguicidas y fertilizantes. Por tanto, la propuesta de la FAO es crear alternativas a los plásticos, y fomentar el uso de plaguicidas biológicos y fertilizantes orgánicos.

3) Diversificar dietas y dejar de depender de pocos cultivos
De las más de 6.000 especies vegetales que se cultivan en el mundo con fines alimentarios, tan solo utilizamos nueve cultivos para generar el 66% de nuestra producción alimentaria. La FAO hace especial hincapié en incrementar el número de alimentos y especies a los que se recurren. Esto puede ayudar a fomentar la diversificación, abandonando la práctica del monocultivo. 

4) Promover productos de base biológica
El uso excesivo de fertilizantes y plaguicidas químicos contamina el agua y el suelo, y emite gases de efecto invernadero. La búsqueda de soluciones de base biológica para estos productos químicos resulta aún más importante con una población en crecimiento a la que alimentar. 

5) Restaurar las tierras degradadas y mejorar la gestión ganadera
Practicar la ganadería de manera insostenible degrada la tierra. Buenas prácticas como novedosos sistemas de riego, bebederos e infraestructuras de ordeño, así la rotación de pastoreo, el compostaje para pastos, y la producción de pienso propio reducen el impacto total. Estas experiencias pueden ser replicadas por empresas privadas o gobiernos del mundo.

LatAm y el Caribe conforman una región amplia y heterogénea, con gran riqueza en recursos naturales, incluido un tercio de las reservas mundiales de agua dulce, tierras con muy alta calidad para la producción agrícola, y un gran potencial humano.

Sin embargo, a veces se da por sentado que la agricultura y los sistemas alimentarios son y serán capaces de producir suficientes alimentos. Pero para hacerlo de forma inclusiva y sostenible en el tiempo, es preciso realizar cambios que lleven al surgimiento de una agricultura técnicamente eficiente, económicamente rentable, y medioambientalmente amigable.

Los objetivos no son otros que el crecimiento y la diversificación económica, la generación de empleo, la reducción de la pobreza, la seguridad alimentaria, la mejor nutrición, así como el fortalecimiento de los ecosistemas para mitigar el cambio climático.

Pero está de más decir que si no existe un cambio de perspectiva entre gobiernos, entidades multinacionales, instituciones económicas, sector privado, y población, esta evolución tan urgente no tomará lugar, o se verá retrasada. La actual situación ecológica, sanitaria y social del mundo requiere de toda la inteligencia, inventiva y solidaridad posible, pues el precio de no corregir el curso será demasiado caro para la generación actual, y las futuras.

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