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Economía

LatAm actúa como si la COVID-19 hubiera desaparecido, pero no es así

Por: Financiero 27 Sep 2020

La hora pico ha vuelto con fuerza en la Ciudad de México, los comensales han regresado a los restaurantes de Bogotá y los deportistas han acudido en masa a los parques de Buenos Aires. En Sao Paulo y Río de Janeiro, las multitudes han abarrotado bares, playas e incluso el extenso césped falso bajo la sede regional de Alphabet Inc.


LatAm actúa como si la COVID-19 hubiera desaparecido, pero no es así
La región, con un 8% de la población mundial, representa el 33% de las muertes

Redacción El Financiero (con información de Bloomberg)

La hora pico ha vuelto con fuerza en la Ciudad de México, los comensales han regresado a los restaurantes de Bogotá y los deportistas han acudido en masa a los parques de Buenos Aires. En Sao Paulo y Río de Janeiro, las multitudes han abarrotado bares, playas e incluso el extenso césped falso bajo la sede regional de Alphabet Inc.

En las grandes ciudades de Latinoamérica, como en otros lugares del mundo, se siente prácticamente como si el virus nunca hubiera existido. Sin embargo, es especialmente digno de mención porque la región, con un 8% de la población mundial, es responsable de un tercio de los contagios y muertes. Brasil, Perú, Colombia, México y Argentina están entre los 10 países más afectados a escala mundial.

Por ello, existe tanto una mayor sed como un mayor riesgo de volver a la “normalidad” en una región que no se caracteriza ni por un buen gobierno ni por la obediencia pública. Los funcionarios de salud afirman que las cuarentenas son la mejor manera de detener el virus, aunque no son viables a largo plazo, por lo que las sociedades deben hacer todo lo posible para controlarlo.

Incluso a medida que el virus se propaga más intensamente en Argentina y Brasil, los datos muestran el feroz intento de burlar las restricciones impuestas a causa de la pandemia.

Embotellamientos casi a niveles pre pandémicos

El tráfico de la Ciudad de México, que cayó a alrededor del 14% de los niveles habituales, a mediados de abril, asciende al 69% de su punto de referencia del 2 de marzo. En Sao Paulo, la segunda ciudad más grande de la región, las horas pico están reapareciendo. Previo a la pandemia, eran 50 por semana. En abril, ese número se redujo a 11. Actualmente son unas 30, conforme a los datos recopilados por Bloomberg.

En Santiago, y sus alrededores, donde vive casi el 40% de la población de Chile, los rastreadores de movilidad muestran que el tránsito está apenas un 13% por debajo de los niveles previos a la cuarentena, de acuerdo con informes de la Universidad del Desarrollo. Los datos de Google muestran que la afluencia en restaurantes, centros comerciales y cines ha caído 4% desde enero, en Río de Janeiro (en Hong Kong, esta caída es del 14%). En cuanto a la movilidad en el lugar de trabajo, las cifras siguen descendiendo en un 42% en Bogotá y Ciudad de México, similar a la de Nueva York y no muy lejos de la de Londres.

También han vuelto los helicópteros y aviones que se encontraban ausentes por los cielos:

La aerolínea Gol Linhas Aereas Inteligentes SA incrementa este mes sus vuelos diarios a 300 – o alrededor de la mitad de las rutas previas a la pandemia – frente a los 50 de finales de marzo.

La necesidad de “seguir adelante” puede deberse en parte a que es una región que ha vivido intensamente — incumplimientos, caos político, golpes militares e hiperinflación. La llegada de la pandemia fue, en cierto sentido, un problema más. Tan solo en el último mes, Argentina aumentó sus controles de divisas tras otra reestructuración de la deuda; estallaron violentas protestas en Colombia, debido a la brutalidad policial; y el presidente de Perú se enfrentó a un proceso de destitución.

Sin respeto a las normas

Asimismo, el cumplimiento de las normas es en general poco estricto, en Sao Paulo las mascarillas son obligatorias, aunque hay escasas consecuencias si se sale sin ellas. El alto porcentaje de personas que viven en la pobreza y la limitada cooperación del gobierno también se traduce en que muchos no tuvieron la opción de permanecer en casa.

“Los latinoamericanos son muy individualistas, muy diferentes de lo que se ve en Asia, donde se tiene un fuerte sentido colectivo”, expresó Paulo Feldmann, profesor de economía de la Universidad de Sao Paulo. “También tienen vínculos débiles con las autoridades, lo que empeora cuando los líderes hacen comentarios divergentes, como ocurrió durante la pandemia”.

El tránsito sigue siendo más restringido en Buenos Aires, donde continúa estando al menos un 40% por debajo de la media en parques, centros de trabajo y espacios comerciales, así como en las áreas de esparcimiento.

Reactivaciones con reveses

El impacto del virus en la región ha sido severo casi sin importar la política oficial. Algunos países -por ejemplo, Perú- cerraron de forma anticipada y con gran rigor, y sin embargo, se vieron afectados duramente.

Argentina y Chile también actuaron enérgicamente en sus cierres, aunque terminaron viendo que los casos se incrementaban de todos modos, ya que los residentes violaron la cuarentena en busca de trabajo y las economías empezaron a reabrirse. Los casos en Buenos Aires siguieron aumentando incluso cuando el gobierno dio marcha atrás a la reapertura y volvió a adoptar medidas estrictas que solo permitían reactivar los servicios esenciales. Los contagios siguieron en aumento en el área metropolitana de la ciudad y en el resto del país.

En otros países de la región, los cierres se enfrentaron a reveses desde el primer momento. El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, y el de México, Andrés Manuel López Obrador, se opusieron al distanciamiento social, alegando que las repercusiones económicas en las naciones empobrecidas serían mucho peores que las pérdidas en materia de salud. Bolsonaro, quien también estuvo contagiado, con frecuencia desestimaba el virus y animaba a la gente a trabajar y a relacionarse.

Ambos países sufrieron terriblemente. Brasil ha reportado al menos 4.45 millones de casos y unas 135.000 muertes. Por su parte, México ocupa el segundo lugar, con unas 72.000 muertes, pero no por el total de contagios sino porque el gobierno de la nación se ha resistido a las pruebas a gran escala, con el zar del coronavirus clamando -a finales de mayo- que sería una pérdida de tiempo y recursos.

Las cifras de contagios siguen altas

Aunque las cifras siguen siendo altas, el ritmo de contagios ha disminuido en la mayor parte de la región. Luego de un mes con más de 300.000 nuevos casos por semana, Brasil vio caer sus números a 265.000, y posteriormente por debajo de 200.000. Las muertes semanales han descendido a 5.000, las más bajas desde junio. Colombia reportó 190 muertes el pasado 13 de septiembre, cayendo por primera vez en menos de 200, desde el 20 de julio.

En términos generales, la región de más de 600 millones de personas ha reportado 8.5 millones de casos y alrededor de 320.000 muertes.

En los primeros días de septiembre, el Latin America Recovery Tracker de Oxford Economics mostró su mayor aumento desde principios de abril. El rastreador de Brasil está a solo 3.9% por debajo de los niveles previos a la pandemia, seguido de México (-16.4%), Colombia (-20.8%) y Chile (-29%). Perú y Argentina siguen rezagados, todavía en más de un 30% por debajo.

Ante este panorama, las autoridades sanitarias no dejan de estar preocupadas. “Por supuesto, es comprensible que estemos reabriendo poco a poco, pero debemos tener cuidado”, afirmó Simone Nouer, coordinadora del curso de postgrado en enfermedades infecciosas, de la Universidad Federal de Río de Janeiro, quien aconseja estar entre playas y tiendas abarrotadas, porque esos ambientes no son cónsonos con lo que estamos viviendo.

Y João Paulo Souza, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sao Paulo, añadió que el riesgo está lejos de haber terminado. “Cuando nos enfrentamos a una epidemia típica, vemos un rápido aumento, un alza y luego, al alcanzar la inmunidad colectiva, un rápido descenso”, explicó. “Pero en nuestro caso, nos encontramos con un elevado nivel sin inmunidad colectiva, lo que supone una crisis persistente”, concluyó.

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