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La voz de la dona

Por: Financiero 04 Abr 2021

“(…) Es hora de pensar de nuevo, de volver a imaginar el progreso. (…) Se necesita un cambio de mentalidad, si queremos progresar juntos en este siglo como humanidad (…) Estamos volando hacia el ocaso del consumo masivo, con economías que han llegado a depender de un crecimiento interminable porque somos financiera, política y socialmente adictos a eso”, expone Kate Raworth, una economista inglesa que trabaja para la Universidad de Oxford y de Cambridge.


La voz de la dona
Kate Raworth: Una economía saludable debe diseñarse para prosperar, no para crecer infinitamente

Adriana Cuicas @unachuleta

“(…) Es hora de pensar de nuevo, de volver a imaginar el progreso. (…) Se necesita un cambio de mentalidad, si queremos progresar juntos en este siglo como humanidad (…) Estamos volando hacia el ocaso del consumo masivo, con economías que han llegado a depender de un crecimiento interminable porque somos financiera, política y socialmente adictos a eso”, expone Kate Raworth, una economista inglesa que trabaja para la Universidad de Oxford y de Cambridge. 

Raworth es conocida por su trabajo sobre la ‘economía de la dona’, un modelo económico que equilibra las necesidades humanas esenciales y los límites planetarios. 

En 2018 ofreció una charla recogida por TED Talks – que está disponible en youtube–  en la cual explica cómo un modelo en forma de dona puede resultar en una economía sostenible y de beneficio universal. De allí, directamente desde su voz, obtuvimos la información para este artículo.

Adicción al crecimiento infinito

Parte del problema actual, dice la experta, es nuestra obsesión por el crecimiento de las economías, medidos en términos de Producto Interno Bruto (PIB). ¿De dónde viene esta obsesión por el crecimiento?, dice, a la vez que increpa que tal idea está basada en modelos obsoletos.

“Somos financieramente adictos al crecimiento porque el sistema actual está diseñado para perseguir la tasa más alta de rendimiento monetario, poniendo a las empresas bajo una bolsa de presión constante por aumentar sus ventas, sus cuotas de mercado y sus ganancias.  Y además porque los bancos crean dinero como deuda que genera intereses, que a su vez deben ser pagados con más dinero”.

“Somos políticamente adictos al crecimiento porque los políticos quieren subir los ingresos fiscales sin subir impuestos y un PIB creciente parece la manera segura de hacerlo”. 

“Y somos socialmente adictos al crecimiento porque gracias a un siglo de publicidad al consumidor, la cual fue financieramente creada por Edwads Bernays, el sobrino de Sigmugd Freud. Él se dio cuenta de que la psicoterapia de su tío podría convertirse en una terapia minorista muy lucrativa si pudieran convencernos de que hay una transformación en nosotros cada vez que compramos algo”.

Ninguna de esas adicciones son infranqueables, pero todas merecen mucha más atención de la que reciben actualmente, dice la también articulista, quien invita a revisar hacia dónde nos está llevando este viaje.

La economía se ha vuelto increíblemente degenerativa, desestabilizando rápidamente este planeta tan delicado, de cuyo equilibrio dependen nuestras vidas, subraya. 

Una dona saludable

“Es hora de elegir una ambición más alta, una mucho más grande porque el desafío de la humanidad del siglo XXI es claro: Satisfacer las necesidades de todas las personas con los medios disponibles de este planeta extraordinario, único y vivo, para que nosotros y el resto de la naturaleza podamos prosperar”, sentencia la economista de 51 años de edad. 

Raworth lo dice claramente: El progreso de este objetivo no va a ser medido con la unidad métrica del dinero. Necesitamos un panel de indicadores, “y cuando nos sentamos a intentar dibujar una imagen de lo represente, aunque suene extraño, aparecerá una dona”.

La voz de la dona 0

“Déjenme presentarles a la única rosquilla que podría ser buena para nosotros. Imaginen representar todos los recursos de la humanidad irradiando desde el centro. En el agujero del medio están las personas que no alcanzan a satisfacer las necesidades vitales. No tienen comida, atención médica, educación, voz política ni vivienda; recursos que toda persona necesita para tener una vida de dignidad y oportunidades”, dice la autora que publicó Donut Economics: Seven Ways to Think Like a 21st-Century Economist.

Para entenderla es necesario leer con detenimiento el gráfico de la dona. Ella propone sacar de ese agujero a todas las personas que están privadas de  sus necesidades básicas y colocarlas dentro de la base de esa misma rosquilla ecológica, sin embargo, en este salto al progreso no podemos permitir que el uso de recursos colectivo rebase ese círculo exterior, el techo ecológico.

En busca del equilibrio 

Su modelo presenta un desafío doble: Satisfacer las necesidades de los habitantes del planeta sin explotar infinitamente sus recursos. Este paradigma económico y también social invita a una nueva forma de progreso.

“Ya no se trata de esta línea de crecimiento en constante aumento sino un punto dulce para la humanidad, para prosperar entre el equilibrio dinámico que existe entre la base y el techo de la dona”.

¿Podemos encontrar el equilibrio dinámico en el siglo XXI? Esa pregunta es clave porque ahora mismo estamos lejos del equilibrio, quedándonos cortos y excediéndonos al mismo tiempo. 

Millones de personas en el mundo están por debajo de las necesidades más básicas, y sin embargo, los modelos de producción han sobrepasado al menos cuatro de los límites planetarios expuestos en la dona,”todo esto nos arriesga a un colapso irreversible de este colapso climático y del ecosistema”. 

Un nuevo diseño

En la economía del siglo XX el crecimiento crea desigualdad, sentencia la británica, quien sin dudar asegura que necesitamos economías regenerativas y distributivas por diseño, “necesitamos crear economías que trabajen con y dentro de los ciclos del mundo viviente, para que los recursos no se agoten sino que se usen una y otra vez, economías que funcionen con energía solar, donde el residuo de un proceso sea el alimento del próximo”.

Este diseño regenerativo está surgiendo por todas partes: Más de 100 ciudades en el mundo desde Quito a Oslo, de Harare o Hobart, ya generan más del 70% de la electricidad que consumen del sol,el viento y las olas, comenta sonriendo.

Urbes como Londres, Glasgow, Ámsterdam son pioneras en el diseño circular de ciudades, hallando formas de convertir los residuos de un proceso urbano en alimento para el siguiente. Desde Tigray, Etiopía hasta Queensland, Australia agricultores y silvicultores están regenerando paisajes estériles para que rebosen de vida nuevamente, esboza esperanzada.

“Pero además de ser regenerativas nuestras ciudades deben ser redistributivas por diseño, y tenemos oportunidades sin precedentes para que esto suceda”. 

En este siglo podemos diseñar nuestras tecnologías e instituciones para que distribuyan riqueza, conocimiento y empoderamiento a muchos. En vez de combustibles fósiles y fabricación a gran escala tenemos redes de energía renovable, plataformas digitales e impresoras 3D. 200 años de control corporativo de la propiedad intelectual, se han cambiado por un conocimiento global entre iguales de código abierto y enfoque ascendente. 

Es hora de aprovechar las tecnologías actuales desde la Inteligencia Artificial (IA) hasta la Blockchain, desde el Internet de las Cosas hasta la ciencia material. Al poner esas herramientas al servicio del diseño distributivo, podemos asegurar que la atención de salud, educación, finanzas, energía voz política, alcancen y empoderen a esas personas que más lo necesitan.

El diseño regenerativo y distributivo que propone Kate Raworth, crea oportunidades extraordinarias para el siglo XX, ya hemos heredado industrias degenerativas. Es hora de cambiar el rumbo de la historia.

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