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La mente y las inversiones en tiempos de pandemia

Por: Financiero 06 Dic 2020

Tal como se abordó en julio en esta columna, la mente juega un factor fundamental en nuestros resultados financieros. No basta ya con comprender la lógica, las matemáticas y los significados de los instrumentos financieros, también necesitamos estar atentos a cómo interpretamos y tomamos decisiones económicas, si queremos llegar a estar más satisfechos con nuestras finanzas.


La mente y las inversiones en tiempos de pandemia
Compás Financiero

Andrés Chiodi
Consultor Financiero
Profesor del IESA Panamá
@CompasFinancier

Tal como se abordó en julio en esta columna, la mente juega un factor fundamental en nuestros resultados financieros. No basta ya con comprender la lógica, las matemáticas y los significados de los instrumentos financieros, también necesitamos estar atentos a cómo interpretamos y tomamos decisiones económicas, si queremos llegar a estar más satisfechos con nuestras finanzas. 

La relación entre nuestra mente y las finanzas toma particularmente relevancia al hablar de las inversiones, más cuando estamos viviendo un año tan diferente, tan problemático, tan saturador desde el punto de vista mental y, además, tan intrigante desde el punto de vista de los rendimientos de las bolsas de valores y la gran cantidad de personas que han comenzado a invertir recientemente. 

Al invertir bajo las condiciones actuales, se manifiestan una serie de sesgos cognitivos -o fallas mentales si prefiere llamarlas así- que resulta conveniente, como mínimo, conocer para poder estar atentos, cuidarnos de sus efectos cuando son perniciosos, o hasta usarlo a nuestro favor cuando ello es posible. 

Cuando vemos espejismos

Por ejemplo, por el Sesgo de Representatividad nuestro cerebro es proclive a buscar patrones en lo que observamos. El problema con esto es que vemos patrones incluso donde no los hay, o asociando estereotipos donde la realidad es otra. Ello nos lleva a invertir (¿o apostar?), con base en lo que creemos haber identificado, sin detenernos a analizar bien la situación. 

Hay que tener cuidado de no caer en eso mismo al analizar los mercados financieros para decidir inversiones, especialmente si practicamos el criticable juego de bolsa de comprar y vender continuamente, o si como algunos, apenas están prestando atención a los mercados desde hace unos meses.

Una consecuencia de la falla de representatividad, que ocurre de cierto modo que es opuesto, ocurre cuando, tras no encontrar patrones en el pasado que sugieran algo, concluimos que entonces esa posibilidad no existe. Esto suele afectarnos cuando, tras varios años viendo que los precios de los inmuebles o las bolsas de valores suben más rápido de lo habitual en el largo plazo, dejamos de tener presente la posibilidad de que los precios vuelvan a sus promedios históricos. 

Pero como sabemos, los cisnes negros sí aparecen y entonces nos consiguen desprevenidos. Y una vez ocurren eventos inéditos, podemos demorar en reaccionar, por culpa de otro sesgo, el de Normalidad, llamado también efecto avestruz o pánico negativo.

 Por este último sesgo, podemos estar dejando de tomar las decisiones financieras correctas para la situación dada, perdiendo así la oportunidad de evitar mayores pérdidas o aprovechar oportunidades.

No querer tener que reconocer errores

Por la natural aversión que tenemos al arrepentimiento: no queremos exponernos a tener que admitir errores. Por ello solemos, bajo el amparo de una falsa perseverancia, postergar decisiones, tal como abandonar un negocio o inversión que a pesar de nuestra insistencia solo da muestras de hacernos perder dinero.

Otro sesgo llamado de Omisión, hace que prefiramos decisiones que nos mantengan pasivos, en contraste a la opción de actuar y que luego esa acción nos comprometa. 

También, las personas pueden mantener por más tiempo una inversión que va mal, porque si la venden habrán concretado que habían tomado una mala decisión, a pesar que retrasando lo inevitable se les genera aún más daño.

Encariñarse con las inversiones

Cuando le tenemos mucho aprecio a algo automáticamente le asignamos un valor más alto que el que el mercado acepta. Cuando es así, estamos sesgados a pagar más para obtenerlo o protegerlo, o a exigir más en caso de que fuéramos a venderlo. Por este Sesgo de Dotación, podemos retrasar decisiones de venta a un precio razonable y acorde con el mercado. 

También existe otro sesgo, del Status Quo, por el cual instintivamente no nos gusta el cambio. Solemos repetir en el tiempo nuestras respuestas hacia un riesgo, incluso de forma automática, es decir, sin mayor revalidación de las razones que nos llevaron a ese comportamiento inicialmente. 

En la actualidad tan cambiante, esta falla nos hace estar inactivos respecto a nuestra cartera, cuando las buenas prácticas de inversiones sugieren practicar rebalanceos periódicos. Ello significa que, tras fluctuaciones sostenidas en los precios de algunos tipos de inversiones, se vende lo suficiente de ellos para comprar más de los otros activos que están por debajo de la proporción que hayamos establecido en nuestra estrategia de inversión. 

Terminar creyendo lo que escuchamos con frecuencia

Las cosas de las que nos enteramos con mayor frecuencia las solemos considerar como más probables de ocurrir. El Sesgo de Disponibilidad hace que sobre estimemos los chances de lo que puede suceder, como se ha visto este año respecto al valor de las acciones de empresas tradicionales que han caído por efectos de la crisis del COVID-19, sin que sopesemos bien el potencial de recuperar valor al ser actividades económicas que tarde o temprano volverán a niveles más normales. 

En adición a la Disponibilidad, cuando creemos que algo es cierto comenzamos a percibir mucha más información que lo ratifica. La explicación de ello es que, por una parte, tenemos nuestros sentidos más atentos a las señales referentes al tema en cuestión, por otra tendemos -sin darnos cuenta- a prestar más atención y recordar solo las señales que van en el mismo sentido de nuestra creencia, alimentando nuestra perseverancia, según lo que se conoce como Sesgo de Confirmación. 

En finanzas personales suele ocurrir que si tenemos una idea preconcebida respecto a algún instrumento, por ejemplo con los metales preciosos o las criptomonedas como activos refugio en tiempos turbulentos, recordaremos más fácilmente los tiempos en los que había crisis y el valor de estos activos subió. 

Tendemos a obviar, al menos durante un tiempo, los casos en los que ocurrió lo contrario. En ocasiones extremas podemos llegar al absurdo de voltear los hechos, buscando explicar que algo que va en contra de nuestra creencia es en realidad otra confirmación más. 

Hay muchos sesgos mentales más que también nos afectan al invertir, los cuales son explorados en más detalle en una parte importante del libro Compás Financiero Personal, disponible en Amazon, el cual aprovecho a decir que es un excelente regalo para quienes sabe que necesitan poner en orden sus finanzas, o avanzar hacia un mejor dominio de sus inversiones. 

Conociendo más de finanzas, a la vez que comprendemos mejor cómo pensamos y decidimos respecto a ellas, nos lleva a poner tanto nuestra mente como a los números a nuestro favor. 
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