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La crisis de los chips en LatAm

Por: Financiero 24 May 2021

Las crisis revelan de manera espectacular hasta qué punto nuestra sociedad está globalizada. La situación de escasez de chips semiconductores se originó como combinación de varios factores, y el contexto político, sanitario, logístico y de negocios del mundo ha ido agregando capas de complejidad a la situación.


La crisis de los chips en LatAm
¿La región puede beneficiarse del reacomodo de las cadenas productoras de microprocesadores?

Rehtse Terán

Las crisis revelan de manera espectacular hasta qué punto nuestra sociedad está globalizada. La situación de escasez de chips semiconductores se originó como combinación de varios factores, y el contexto político, sanitario, logístico y de negocios del mundo ha ido agregando capas de complejidad a la situación.

En primer lugar, es destacable que el sureste asiático ha monopolizado la fabricación de chips. Un reportaje del medio El Confidencial reseña que sólo Taiwán y Corea del Sur producen hasta un 43% de la capacidad de producción del mundo; si sumamos a China y Japón, con un 15% cada uno, nos encontramos que 7 de cada 10 chips tienen origen asiático. Y si esos países experimentan problemas en sus cadenas productivas, las repercusiones se sienten en el mundo entero.

En marzo del año pasado, cuando los confinamientos se hicieron la norma, las compañías automovilísticas cancelaron sus pedidos de chips, pues preveían que sus ventas disminuirían. Los productores se readaptaron y redirigieron su oferta hacia los fabricantes de productos electrónicos de consumo, como computadoras, smartphones o tabletas, puesto que la demanda de estos dispositivos aumentó considerablemente debido al teletrabajo y las cuarentenas.

Posteriormente, las ventas de automóviles se recuperaron antes de lo previsto. Rápidamente volvieron a hacer pedidos, encontrándose con un mercado en escasez y en un cuello de botella, con poquísima oferta. Algunas previsiones dictan que la situación perdurará hasta bien entrado el 2022.

Sin embargo, a la industria automovilística sólo le corresponde el 10% de los pedidos de microchips cada año. El gremio tecnológico, con Samsung y Apple a la cabeza, han acusado retrasos en sus lanzamientos. Y en general, los fabricantes de electrónica de consumo se han enfrentado a una avalancha de pedidos que no han podido satisfacer.

Factores agravantes
Algunos eventos puntuales han ejercido más presión sobre la industria. Debido a la sequía que experimenta Taiwán, su gobierno ha impuesto planes de racionamiento de agua, afectando a zonas industriales. En los procesos de fabricación de componentes electrónicos se utilizan millones de litros de agua a diario, así que la falta de agua repercute en la escasez de este tipo de manufacturas.

Otra situación que ha acrecentado las dificultades es la falta de un estrato de resina llamado ABF (por Ajinomoto Build-up Film), utilizado como aislante en circuitos electrónicos. El ABF resulta esencial para construir piezas para servidores tarjetas gráficas, o en automóviles. Los tiempos de entrega de la materia prima han alcanzado plazos considerables de hasta 30 semanas.

Y, por supuesto, la pandemia tuvo su impacto en los países asiáticos. La COVID-19 se originó en China, y como declaró Santiago Cardona, director general de Intel en México a Forbes, “fue ése el primer país en imponer restricciones, y uno de los hubs de manufactura de tecnología más importantes del mundo (en particular, de procesadores). Estos sitios cerraron, y eso generó que, de ahí en adelante, toda la cadena de abastecimiento de electrónica comenzara a sufrir”.

Cabe destacar que el auge de las criptomonedas también complica el panorama. Los dispositivos de minería cripto han saturado la demanda. “Se ha dado una tormenta perfecta alrededor de los semiconductores, la pandemia, ciertos problemas climáticos y la minería de criptomonedas, que han hecho que los dos principales fabricantes de semiconductores en el mundo, Samsung y TSMC, se vean saturados”, asegura Carlos López Ardao, jefe del departamento de Ingeniería Telemática en la Universidad de Vigo.

El experto califica al fenómeno como una “carrera por la minería por parte de los grandes centros de datos que compran miles de ordenadores conectados a tarjetas gráficas que utilizan los semiconductores, agravando su escasez”.

El modelo de la industria
En el negocio de los microchips, hay tres tipos de empresa: los que los conciben y diseñan, pero no los fabrican, como Qualcomm, Mediatek, o AMD; a éstas se les conoce como “fabless”. Por otro lado, están las “purefabs”, que sólo se dedican a crear las invenciones de las primeras, como United Microelectronics, TSMC (el mayor fabricante del mundo), o Global Foundries. Y en el medio, los que hacen todo, como Samsung o Intel; compañías de este tipo son minoritarias.

La explicación de este fenómeno, a grandes rasgos, es que resulta más fácil y rentable sólo diseñar y darle forma a los microprocesadores, sin fabricarlos. La manufactura de chips es contaminante, tiene costos de personal, y necesita de inversión constante para actualizar sus medios. En los países de origen de algunas empresas “fabless”, sencillamente no sale a cuenta fabricarlos domésticamente.

Además de que son pocas las compañías capaces de fabricar estos productos, es una industria poco flexible. Abrir una nueva planta conlleva un proceso lento y paulatino, de hasta tres o cuatro años hasta que pueda ser totalmente operativa.

Santiago Cardona, de Intel, lo ilustra así: “nosotros tenemos en Intel 10 plantas especializadas: seis que producen el chip puro y cuatro que lo prueban y empacan. Cada una de ellas cuesta, en promedio, 12.000 millones de dólares. Entonces, las cosas no pasan por abrir plantas únicamente, porque, inclusive después de las inversiones, pasará más de un año para verlas activas”.

Latinoamérica: las ventajas de tener el vaso medio vacío
El mundo enfrenta un problema de centralización, en el que 75% de 137 productos sensibles, como materias primas, componentes electrónicos o productos farmacéuticos, viene de Asia. “Este problema ha llevado a organizaciones, gobiernos y expertos a sugerir que el mundo después de la pandemia exigirá a los países tener producciones locales estratégicas”, señala la analista Sascha Hannig, en un artículo de opinión publicado en el Diario Financiero, de Chile. 

Hannig reflexiona que los países exportadores de commodities, como Chile, pueden beneficiarse de encontrar nuevos mercados para sus materias primas, y diversificar su cartera exportadora.

En términos generales, Latinoamérica es una región poco industrializada en comparación con otras. Sin embargo, cuenta con condiciones geográficas y de otra índole que podrían hacerla competitiva y partícipe de integrarse a la cadena productiva de semiconductores. Factores como la cercanía, la mano de obra más barata, y las ventajas que cada país esté dispuesto a dar, pueden resultar decisivos para atraer ese tipo de industrias a nuestros países.

Por otra parte, ¿es posible atraer a la industria de los semiconductores a países latinoamericanos? En primer lugar, el proceso de manufactura de estos productos es largo y complejo; aunque sea difícil participar de algunas etapas, podría ser factible participar en otras. “Tratar de reconstruir toda la cadena de suministro desde el principio hasta el final en un solo lugar no es posible”, dijo a Reuters David Somo, vicepresidente senior de ON Semiconductor, según reseñó el medio Expansión.

La primera fase de fabricación conlleva complejos procesos químicos, que a su vez necesitan una inversión alta en capital y un uso intensivo de energía. Pero el bajo costo de mano de obra puede resultar atractivo para continuar el proceso en países latinoamericanos, similarmente a como ocurrió cuando las empresas de chips subcontrataron este trabajo a países asiáticos.

Es posible que en un futuro próximo, la tendencia de las grandes compañías diseñadoras de microprocesadores sea traer la producción o parte de la cadena productiva a nuestras latitudes. Si bien el costo técnico y económico es prohibitivo para países o compañías individuales, la solución a la escasez puede pasar por fabricarlos en la misma región. 

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