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La creatividad venezolana sale al paso

Por: Financiero 11 Abr 2021

Durante el primer año de la pandemia de la COVID-19 en Venezuela, el delivery se masificó de forma acelerada en espacio de pocos meses. La situación hizo que negocios, desde grandes cadenas de supermercados y farmacias, hasta pequeños establecimientos familiares, vieran que las entregas son parte fundamental de la estrategia comercial.


La creatividad venezolana sale al paso
En un contexto que combina hiperinflación, fallas en los servicios, y una pandemia, los empresarios independientes apuestan por la gastronomía y los deliveries

Rehtse Terán / Adriana Cuicas

Durante el primer año de la pandemia de la COVID-19 en Venezuela, el delivery se masificó de forma acelerada en espacio de pocos meses. La situación hizo que negocios, desde grandes cadenas de supermercados y farmacias, hasta pequeños establecimientos familiares, vieran que las entregas son parte fundamental de la estrategia comercial.

Pero el fenómeno venezolano resalta por la importancia que han tenido los deliveries particulares. El contexto social brindó salidas laborales a muchos venezolanos, que se convirtieron en repartidores. Un sondeo de Atenas Grupo Consultor arrojó que el 71% de los compradores que recibió entregas a domicilio, las recibió de parte de un delivery propio del negocio. En otras palabras, estas compras no se hicieron a través de las cadenas de PedidosYa, Yummy, Ubii Go o Tráetelo, las cuales son las plataformas de entrega más comunes en Venezuela.

Por otro lado, y según el ranking del Doing Business, que clasifica a las naciones dependiendo de las oportunidades que ofrecen para hacer negocios, Venezuela está en el puesto 188 de los 190 países analizados. Tomando en cuenta que el año pasado no varió ese resultado, este país está catalogado como un territorio donde “resulta realmente complicado realizar negocios”.

Suherlin Vásquez de Jiménez es una emprendedora venezolana, quien dirige dos restaurantes: Vinotinto Lunch y Sabor de Casa, ambos en la ciudad de Barquisimeto. Tras preguntarle sobre cómo ha logrado mantenerse a flote, considerando la escasez de combustibles que vive el país, la empresaria comenta: “en nuestro caso, sólo hacemos delivery desde Sabor de Casa. No contratamos motorizados, pero sí buscamos la oportunidad de negocio de cambiar un carro por otros dos vehículos. Uno de los que compré funciona con gas, para poder hacer los deliveries”.

Aunque la mayor parte de los repartidores que recorren las calles venezolanas van en bicicleta o moto, para ella, no representa la mejor opción. “Contratar a un motorizado implica un pago adicional, y en estos momentos no estamos en la capacidad de hacerlo”.

Muchos latinoamericanos, a raíz de la pandemia, vivieron un proceso de reconversión laboral forzosa, tras el cierre de muchos establecimientos. Marcel Vidal, un venezolano radicado en Chile, le contó a El Financiero LatAm el testimonio de su situación durante los meses de pandemia. “El restaurante donde yo trabajaba simplemente cerró hasta nuevo aviso. Todos a su casa y sin sueldo. Ahí es cuando comencé a hacer delivery”.

“Pero los restaurantes que siguieron trabajando con la pandemia a puerta cerrada, lo hicieron con las aplicaciones, como Pedidos Ya, Uber Eats, Rappi, Justo o Corneta Shop, y redujeron la carta, ofreciendo los platos menos elaborados y más rentables. Hamburguesas, sándwiches, papas fritas, ensaladas y pizzas, nada muy elaborado. Implementaron medidas más seguras para retirar los pedidos, y listo”.

Para Vidal, esos primeros meses de incertidumbre fueron tiempos difíciles, en los que las personas tuvieron que dedicarse a oficios poco remunerados y de muy baja capacitación. “Aquí se puso de moda que la gente ofreciera pasear perros, o que instalara fábricas de bolsas de papel en casas y apartamentos. Y aparecieron muchas páginas de Instagram, dedicadas a la venta de comida”.

La calidad no es negociable
Hamburguesas QH es un restaurante establecido en 2014 en Cabudare, Venezuela. En sus primeros tiempos fue un negocio familiar que funcionó en la casa de su fundador. Posteriormente, creció hasta tener un local que funcionó durante dos años, hasta los primeros meses de 2020. A partir de marzo de 2020, el restaurante se adaptó para exclusivamente bajo la modalidad de delivery.

“Son dos dinámicas completamente distintas”, comentó el Gerente de Operaciones de Hamburguesas QH, Antonio Miquilena, en entrevista a El Financiero Latam. “Aquí en Venezuela, la gran mayoría de locales se han abocado a este modelo. Estamos navegando la marea, como todo negocio, tratando de sobrevivir en un contexto complicado, con situaciones extra como la de la falta de  gasolina, pero tenemos clientes muy creyentes en el producto que vendemos”.

Incluso con la escasez de insumos, y la falla constante de servicios, Hamburguesas QH tiene el norte de mantener la calidad que los ha caracterizado. “Todavía hacemos nuestro propio pan. Es mucho más complejo, pues sería más sencillo comprarle a cualquier distribuidor y armar las hamburguesas. Pero comerse una hamburguesa en la calle no es lo mismo que comerse una de QH”.

Antonio Miquilena considera que todas las inversiones que hace QH están justificadas para lograr diferenciar a su comida del resto. “En la calle consigues dos perros calientes (o cuatro, o cinco) por un dólar. Tenemos un target que puede ordenar un combo de hamburguesas de 12 dólares, pero también tenemos ofertas, disponibles en nuestro instagram @somosqh, para el cliente que sólo puede pagar 5. A la hora de lanzar promociones, mantenemos el estándar. Hay una gran cartera de clientes a los que tienes que tratar de abarcar, o al menos un segmento de ellos”.

En cuanto a las fallas de los servicios, el pan de cada día para los emprendedores venezolanos, este restaurante ha invertido en ser lo más independientes posibles. “Desde que llegué, implementé un lema: no hay un día aburrido en QH. Si no es el agua, es la luz que se va… pero nos hemos puesto creativos. Usamos bombillos recargables que garantizan tres horas de luz a nuestros cocineros. Tenemos que pagar el gas mucho más costoso, pero son gastos operativos que nosotros asumimos porque tenemos que seguir operando. Es Venezuela, y todos los días hay que hacer algo distinto para poder mantener la misma calidad. Un día perdido sin ventas, para nosotros, no es negociable”.

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