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¿Hay opción al transitismo?

Por: Financiero 28 Feb 2021

Conmovido, Chitangi observaba un imponente cuipo. En su copa, un águila harpía anidaba. Aquel indígena prehispánico, navegando a bordo de su panga en el río Chagres en Panamá, no imaginó que once mil años después, un barco Neo Panamax navegaría esas mismas aguas para, igual que él, lograr un atajo entre un océano y otro.


¿Hay opción al transitismo?
La productividad se alcanza sembrando grandes extensiones y financiando la tecnología que la hace competitiva

Pulso Económico

Aram Cisneros Naylor

Consultor/ Agricultor@kwpulso https://twitter.com/KwPulso

Conmovido, Chitangi observaba un imponente cuipo. En su copa, un águila harpía anidaba. Aquel indígena prehispánico, navegando a bordo de su panga en el río Chagres en Panamá, no imaginó que once mil años después, un barco Neo Panamax navegaría esas mismas aguas para, igual que él, lograr un atajo entre un océano y otro.

La escena tiene sustento científico. Richard Cooke nos recuerda que Panamá no comenzó con (Rodrigo) Bastidas “descubriéndola” en 1501. El Istmo estuvo habitado mucho antes. Lo demuestran instrumentos de caza que ese arqueólogo estudió.

El transitismo es nuestro origen. Su renta ha sido apropiada por quienes nos controlaron. España primero, Colombia luego y Estados Unidos hasta 1999. Después de eso iniciamos el goce pleno de nuestro territorio.

La evidencia es arrolladora. Durante 85 años de administración estadounidense,  Panamá recibía del canal un promedio de 21 millones anuales. En los 20 años de administración panameña, los aportes promedio cada año, han sido 10 veces eso: 850 millones.

Preguntar si existe opción al transitismo, parece una pregunta necia y malagradecida que pretende desconocer nuestro origen. Pero en planificación económica y cohesión social, esa es la pregunta esencial. Veamos dos hitos históricos.

En 1939, justo antes de la II Guerra Mundial, la población habitante de la Zona del Canal de Panamá se duplicó, el número de empleados de la Comisión del Canal también: Se construyeron aeropuertos, carreteras, alojamientos y aumentó tanto el número de transeúntes militares como la tripulación de naves de transporte. Por tanto, se disparó el consumo de arroz, carne de res, carne de cerdo, azúcar, leche, gas y electricidad. Hubo pleno empleo durante un tiempo.

El período no fue pacífico. El reacomodo económico, promovió una batalla en la clase política. Tuvimos siete presidentes en once años. El último de estos, Remón, pagó el precio máximo: Fue asesinado.

El auge se agotó en 1970 y se redacta “La Estrategia Nacional 1970-1980”, con la autoría de varias plumas, lideradas por Nicolás Ardito-Barletta. Es el debut de nuestro Centro Bancario. Eso nos llevó a ser una plataforma de servicios internacionales que, como ya sabemos, es atacada hoy.

Basta leer los informes estadísticos de la Contraloría, para comprobar que ser un país canalero tiene impacto favorable en nueve actividades: telecomunicaciones, transporte, logística, almacenamiento, banca, seguros, finanzas, servicios legales y servicios logísticos. A su vez, ellas impulsan otras cuatro: turismo, comercio, construcción y bienes raíces. Obviamente, fue así hasta antes de la pandemia que cumple un año en el presente mes.

Así pues, con excepción de la minería, gozar de un empleo bien pagado, exige residir en el área transístmica y cierta formación / educación. El resto del país queda fuera de la fiesta. Por ello, el transitismo tiene dos aristas sociales.

La xenofobia es la primera. Aunque decimos “sean bienvenidos todos” y que estamos para “beneficio del mundo”, siempre existen posturas como “Panamá para los panameños”, expuestas por el movimiento Acción Comunal en los años treinta o por la diputada Zulay Rodríguez muy recientemente.  Éstas expresan sentimientos de un sector de nuestra población que decide creer que la llegada de extranjeros es la causa de sus problemas.

La desconfianza es la segunda. El Cieps  (Centro Internacional de Estudios Políticos y Sociales liderado por Harry Brown), publicó una encuesta cuyo principal hallazgo es que ocho de cada diez panameños no confía en el otro. ¿Por qué?

Algunos aducen que es porque el transitismo genera instantes de bonanza donde impera el “sálvese quien pueda” y hay pocos beneficios sociales que disminuyan riesgos. Además, las oportunidades dependen de los contactos.

Yo pregunto si existe opción al transitismo, para provocar un diálogo sobre cómo la agroindustria y la agroexportación podrían integrarse al modelo.

La productividad se alcanza sembrando grandes extensiones y financiando la tecnología que la hace competitiva. Así logramos calidad, escala y costos adecuados para  exportar. Sabemos también que no basta conocer la solución teórica. Hay que aplicar la teoría con gente competente. La universidad Wageningen en Holanda, nos puede ayudar.

Hoy, ya no es Chitangi quien observa al águila en la ribera del río Chagres. Hoy, es Clara la que gasta sus días, viendo un celular que parece estar unido a su mano con algún pegamento. Ella es una joven coclesana que no trabaja ni estudia.

Aunque el moderno aparato debería incluirla en la modernidad, ella permanece excluida de las oportunidades e ignorando que su vida rural mejoraría con el desarrollo agroexportador de Panamá.