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Economía

El valor del cacao panameño

Por: Financiero 14 Mar 2021

Meivis Ortiz estudió Agrosilvicultura Tropical en Costa Rica. Asiduamente visita las plantaciones de Cacao en Soledad de Risco, en el noroeste de Panamá. Ella es experta en el cultivo del cacao, y durante años ha asesorado a ONGs internacionales, y empresas de chocolate, sobre el cultivo de esta planta. Actualmente, se encarga de formar a unas 40 mujeres de la etnia ngäbe. La calidad del cacao, tras la instrucción dada, esperan que sea cada vez mayor.


El valor del cacao panameño
Más allá del beneficio económico: este cultivo empodera a sus productoras, a la vez que respeta el ecosistema en el que se cultiva

Redacción El Financiero

Meivis Ortiz estudió Agrosilvicultura Tropical en Costa Rica. Asiduamente visita las plantaciones de Cacao en Soledad de Risco, en el noroeste de Panamá. Ella es experta en el cultivo del cacao, y durante años ha asesorado a ONGs internacionales, y empresas de chocolate, sobre el cultivo de esta planta. Actualmente, se encarga de formar a unas 40 mujeres de la etnia ngäbe. La calidad del cacao, tras la instrucción dada, esperan que sea cada vez mayor.

Las mujeres agricultoras no producen cacao como un monocultivo en plantaciones, sino de forma tradicional. El fruto simplemente crece en medio del bosque, rodeado de la biodiversidad y fauna natural del lugar. Las ventajas son múltiples; una de ellas es que los procedimientos tradicionales están en armonía con la naturaleza, y los cultivos prosperan sin el uso de productos químicos nocivos.

“Lo que quiero es que entiendan que para ellas todo este proceso del cacao y el chocolate es valioso, y que aportan mucho a la familia”, declaró Meivis Ortiz, en un video-reportaje publicado por la agencia Deutsche Welle.

El valioso cometido social
La FAO apoya el desarrollo de las plantaciones de cacao en Panamá. Adonarim Sanches, coordinador de la organización en Mesoamérica, dice que “el cacao, como el café, es un producto muy potente para viabilizar la economía de esas familias. Y al mismo tiempo entrar en un circuito de alimentos. Alimentos bien remunerados, con mercados propios, justos, orgánicos, con sello de origen y todo lo demás”.

Con un claro cometido social, Meivis Ortiz fundó, hace cinco años, la manufactura de chocolates Mayamei Cacao en medio de la selva, en su hacienda ubicada en la provincia Bocas del Toro. Aquí se cultiva el 90 por ciento del cacao panameño. Junto a sus trabajadores, procesa el cacao que obtuvieron las mujeres ngäbe.

Ortiz paga un precio justo que justifica el valor del cacao crudo. Su objetivo primordial no es maximizar los beneficios monetarios, sino lograr un impacto social positivo al empoderar a las mujeres de la zona, a través de su independencia económica.  La emprendedora conoce de primera mano cuánto trabajo hay que dedicar a un solo grano de cacao, y desde siempre ha estado al tanto que las esposas de los cacaocultores suelen estar muy mal pagadas.

Según Ortiz, el primer paso es la fermentación, un proceso que toma días y según explica, “yo cuido mucho esa parte porque de esto va a depender si tienes un cacao de buena calidad. Pero aquí es donde realmente está el secreto de un chocolate”.

Después del secado, se produce lo que se conoce como chocolate, fino y de alta calidad de elaboración exclusivamente artesanal, en lo posible con la menor cantidad de azúcar. “Mi enfoque en mi proyecto es enseñar que el chocolate no es sólo una golosina. El chocolate es una planta que aporta salud y bienestar, y que esos ingredientes están dentro de una fruta de cacao”, expresa Ortiz.

El sabor de Panamá
En la nación del Canal, otras personas comparten la convicción de Meivis Ortiz de que el chocolate es algo más que un dulce placer. El fotógrafo y diseñador Jaime Justiniani fundó hace cinco años la marca I love Panamá Chocolate; para él y su familia, esta no es sólo una empresa sino un proyecto cultural.

“Lo que queremos transmitir quiénes somos, y cuál es nuestra verdadera identidad”, expresa el emprendedor.

¿Cómo lo hace? Las barras de chocolate de Justiniani cuentan historias de Panamá a través del diseño de sus empaques y particulares variaciones del sabor. Por primera vez, los campesinos indígenas de Bocas del Toro prueban el producto resultante del cacao. El chocolate Barú, por ejemplo, está dedicado al volcán del mismo nombre, el punto más alto de la República de Panamá.

“Este chocolate es el único chocolate con leche que tenemos, y es con el café más costoso del mundo”, cuenta Jaime Justiniani, orgulloso de que su chocolate se prepare con la variedad de café conocido como “geisha”. Esta especie de café sólo crece en las laderas del volcán Barú, y por ello su creador puede afirmar, con toda propiedad, que sabe a Panamá.

El cacao panameño, a la conquista de nuevos paladares
El cacao producido en suelo panameño está creándose su nicho en el mercado internacional. Las estadísticas recabadas por el Ministerio de Comercio e Industrias (MICI), indican que “en el periodo de enero a septiembre de 2020, se exportaron 333.4 kilos de cacao con un valor total de USD 1.2 millones a países como Alemania, que es el principal destino con una participación del 74%; Bélgica con el 20% y Sudáfrica con 4%”.

Asimismo, el Director Nacional de Promoción de las Exportaciones del ministerio mencionado, Eric Dormoi, declaró que “la calidad y el sabor del cacao panameño serán evaluados por los expertos de la industria en “Cocoa of Excellent 2021”, en el cual converge lo mejor de la producción de este rubro a escala mundial”. Las exportaciones del rubro han llegado a los mercados de Francia, Australia, Nueva Zelanda, Taiwán, Uruguay, Argentina y Arabia Saudita.

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