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Management

El sentido económico de la formación académica

Por: Financiero 13 Sep 2020

La educación ha sido un pilar clave en el desarrollo de la sociedad moderna, al potenciar la productividad de cada individuo y su aporte a la economía, además de darle un camino claro y un estímulo importantísimo para la superación personal y social. ¿Sigue esto teniendo pleno sentido económico y financiero?


El sentido económico de la formación académica
Compás Financiero

Andrés Chiodi
Consultor Financiero / Profesor del IESA Panamá

La educación ha sido un pilar clave en el desarrollo de la sociedad moderna, al potenciar la productividad de cada individuo y su aporte a la economía, además de darle un camino claro y un estímulo importantísimo para la superación personal y social. ¿Sigue esto teniendo pleno sentido económico y financiero?

Desde hace muchas generaciones, la necesidad de seguir un programa de estudios formales ha sido una directriz poco cuestionada y, más bien, una que ha tomado más relevancia y extensión con el tiempo, al punto que actualmente ya muchos consideran que la formación académica debe extenderse más allá de la universidad, incluso llegando a ser algo continuo, sin punto final. 

Sin embargo, ese camino implica la inversión de dos de nuestros más valiosos recursos: el tiempo que requiere y el dinero que ello cuesta, tanto directa como indirectamente vía el costo de oportunidad. Los criterios financieros nos pueden ayudar a responder mejor la pregunta de cuál es el valor económico de la educación académica, sobre todo respecto a aquella que va más allá de la básica, obligatoria e incuestionable -la cual es necesaria para permitir tener un nivel mínimo de conocimientos y desarrollo mental que facilite el funcionamiento de la comunidad-. 

Desde un punto de vista económico, un mayor nivel de conocimientos generales y técnicos, así como una mayor facilidad de aprender en una sociedad, aceleran el alcance de una mayor productividad, tanto en forma absoluta -en cuanto a la capacidad de satisfacer necesidades materiales-, como relativa -respecto a otras sociedades, frente a las cuales tendrá ventajas competitivas-, trayendo así mejores oportunidades y resultados. 

Una inversión para toda la vida

A nivel personal, la decisión entre dedicar tiempo y dinero a los estudios (propios o de los hijos) o volcar ese tiempo para trabajar más y, por ende, producir más, no es algo trivial de responder. Desde el punto de vista financiero, se trata de una valoración que resulta de tomar en cuenta lo que esperamos poder producir con los nuevos conocimientos y aptitudes, menos el precio que paguemos por educarnos y menos el costo de oportunidad de dedicar ese tiempo a aprender en lugar de trabajar más. 

Es razonable aceptar que mientras más preparados estemos, más posibilidades de crear valor tenemos, ello incluso en áreas de formación para las que resulta menos evidente cómo materializan valor. 

En general, educándonos más, sabremos aprovechar mejor los recursos mediante un trabajo más eficiente. Incluso habrá más probabilidades de crear valor de formas nuevas, potencialmente tan valiosas como las cuatro etapas de la sociedad contemporánea, marcadas por la industrialización, nuevas fuentes de energía, la tecnología y la información. 

¿Pero a costa de qué viene ese beneficio? Tradicionalmente, formarnos solía implicar el retrasar entrar al mercado de trabajo y pagar el precio para poder asistir a institutos educativos y subsistir mientras tanto. En las últimas décadas, en lo que algunos denotan como una burbuja académica en ciertos países, los costos de matrícula de los cada vez más largos programas de estudio superior se han multiplicado a niveles que están causando serias cargas de créditos educativos e invalidando la inversión de tiempo y dinero, que cada vez es más difícil que sean superados por el posible incremento de ingresos que puede venir luego. 

Si la formación se obtiene sin pagar nada o apenas un monto simbólico, partimos con una ventaja importante para obtener un resultado positivo. Aunque en realidad a la sociedad, es decir a todos nosotros, esa educación gratuita sí costará y mucho, porque alguien tiene que pagar el servicio directa o indirectamente. Pero eso se sustenta por el objetivo social de tener más individuos capaces de aportar más valor al bienestar común.

Si no hay un costo directo, un precio para pagar, porque obtiene educación gratuita, a la persona solo le queda considerar el costo de oportunidad, aquel concepto que abordamos aquí  hace algunas semanas y que se refiere, en breve y dentro de este contexto de hoy, al dinero que dejaríamos de producir por estar dedicando horas a estudiar. 

Si no hay un costo de oportunidad relevante, porque pensamos que estudiaremos en el tiempo libre que nos queda luego del trabajo, y a un ritmo que no nos afecte negativamente nuestro rendimiento por cansancio, entonces la ecuación nos sugiere que podemos esperar obtener una ganancia absoluta. 

La facilidad del mundo actual

La realidad hoy, con todos los recursos de educación virtual y a distancia, sin mencionar la información que es cada vez mayor y de más fácil acceso, están habilitando un camino que nunca había estado disponible. 

Si en lugar de pensar que prepararnos implica una decisión de dedicar más años a asistir a las aulas de clase, y abrazamos la posibilidad de mantenernos productivos en el trabajo mientras seguimos estudiando, en paralelo y al ritmo que nos lo permitan nuestras obligaciones, podemos ser parte de una sociedad que aprende continuamente, expandiendo así cada día los horizontes, las posibilidades de producir la riqueza y alcanzar las satisfacciones que todos necesitamos y queremos. 

Actualmente, el mundo está valorando más adecuadamente las capacidades reales por sobre los títulos, las aptitudes por sobre los conocimientos. 

Mientras sepamos aprender, sobre todo bajo los esquemas virtuales y de autoaprendizaje; entonces aprovecharemos todo lo que nos ha puesto al alcance el Internet: plataformas de cursos de altísima calidad, costo nulo o muy bajo y total flexibilidad de horarios y calendario; acceso a las mejores universidades y recursos sin importar distancias y, pronto, sin importar los idiomas. Estos recursos de información globales e indexados nos permiten conseguir rápidamente los datos, información y conocimiento. 

Pero la clave de esta nueva tendencia será saber aprovecharlo aprendiendo de verdad, en un esfuerzo genuino y de calidad, como siempre ha sido la clave detrás de las personas y sociedades que realmente materializan el valor de su esfuerzo de formación.

Estamos entonces frente a una decisión financiera cada vez más fácil de dilucidar: aprender a ser más productivos, con un precio cada vez más bajo y un costo de oportunidad menor.

Dentro del plan de formación de cada quien, y frente a tantas opciones, no debemos olvidar una arista importante: aprender sobre finanzas personales, de modo de saber analizar estas y tantas otras decisiones cotidianas, con el mejor criterio para apuntalar nuestra economía familiar. En los próximos días comenzará una nueva edición del curso Finanzas personales, de la crisis al bienestar, que de la mano del IESA School of Management trae a la modalidad virtual las ideas del libro Compás Financiero Personal.. 

Mientras sigamos invirtiendo en nuestra formación, en nosotros mismos, y persiguiendo la excelencia, estaremos poniendo los números a nuestro favor.

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