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Economía

El ahorro como forma de vida

Por: Financiero 23 Ago 2020

Compás Financiero Andrés Chiodi / Consultor FinancieroProfesor del IESA Panamá Seguramente tiene algún recuerdo de una alcancía. El ahorro es, probablemente, de las primeras palabras […]


El ahorro como forma de vida

Compás Financiero

Andrés Chiodi / Consultor Financiero
Profesor del IESA Panamá

Seguramente tiene algún recuerdo de una alcancía. El ahorro es, probablemente, de las primeras palabras relativas a finanzas con la que tenemos relación, y en general es de las que mejor usamos, aunque no esté exenta de abusos. Revisemos su significado y algunos errores comunes con el ahorro.

El ahorro, en una de sus dos facetas, tiene que ver con guardar, hacer reservas, diferir el uso de un dinero por un tiempo, buscando completar lo suficiente para satisfacer algún objetivo futuro, que bien puede estar claro ahora, o aún no.

Existen muchas formas de acumular ahorros. Algunas son tan geniales que logran mantenernos enfocados hacia nuestros propósitos, como el legendario cerdito en cuya panza guardamos monedas.

Otras son cómodas, como los planes de ahorro automáticos que toman parte de nuestro sueldo y lo apartan, antes de que lo veamos en nuestra cuenta. Las hay originales e inspiradoras, pero todas buscan ayudarle a tener tranquilidad y a dar pasos hacia sus metas de vida.

¿Usamos mal la palabra ahorro?


A veces, usamos la palabra ahorro en circunstancias poco exactas. Por ejemplo, si conseguimos en el almacén una rebaja en el precio de una ropa que queríamos, muchos dicen con alegría que ahorraron la diferencia.

Si de verdad era un gasto al que ya estábamos forzados a hacer, entonces que nos haya terminado costando menos puede ser un buen inicio para un ahorro. Pero, solo el inicio, porque si luego usamos ese dinero para comprar algo más que tampoco planeábamos, entonces habremos hecho desaparecer ese ahorro antes de que existiera realmente.

Es importante llamar a las cosas de la forma correcta. El uso adecuado de las palabras permite evitar muchas confusiones. En las finanzas, las personales y las corporativas, comprender bien los términos no solo es importante, sino que además nos permite evitar pérdidas de dinero e incluso incrementar nuestras ganancias. Y todos queremos esto.

Para quien ha venido usando algún término inadecuado, cambiar su uso puede requerir bastante empeño, no tanto por lograr comprender el significado de los conceptos -que suelen ser relativamente sencillos- sino para acostumbrarse a utilizarlos bien, olvidando los usos incorrectos.

En algunos casos, quizás, hasta haya que ir moldeando de nuevo los sentimientos que generan algunas de estas palabras para que, al usarlas, logremos condicionar el pensamiento hacia hábitos financieros sanos. Tal como enseña la Programación Neurolingüística, podemos potenciar nuestros logros a través del lenguaje que utilizamos.

¿Qué es exactamente ahorrar?

Ahorrar implica apartar. Acumular. Si un dinero finalmente no llega a ser apartado, no le estamos permitiendo alcanzar la categoría de ahorro. Al menos ello es así para quienes, como la mayoría, no considera que todo el dinero que tiene guardado de alguna forma y que no está comprometido ya, es un ahorro.

Sí, la mayoría no considera que esos billetes en la cartera sean una parte de sus ahorros. Pero deberían. Muchos no sienten que algo es un ahorro hasta tanto lo meten en la alcancía o en la cuenta del banco que crearon para una meta especial.

Y dejan muchas pequeñas cantidades de recursos despreciados, desamparados, susceptibles para que el fantasma de los gastos venga y se lo lleve. A otros, pareciera que ese dinero les pica, les da alergia, y salen rápidamente a gastarlo, a deshacerse de él.

Resulta que si adoptamos un concepto de ahorro más potente, o digamos magnético, podríamos hacer que más de esas pequeñas (o grandes) cantidades de dinero que van quedando por ahí, de verdad las sumemos a nuestros planes de ahorro.

A veces sirve tener alguna técnica, truco o disciplina, que lleve a sumar cada pequeña cifra a los ahorros: ponerlo en la alcancía (mejor si es de esas que hay que romper para poder sacarle algo), tirarlas en una botella de monedas que decora algún rincón de la casa, anotarlo en una lista de ahorros o, aún mejor, entrar rápidamente a la banca en línea, y pasar ese dinero a la cuenta que usa para sus ahorros.

Cualquier dinero que tengamos, por poco que sea o “separado” que esté del resto, merece que le demos el mismo valor que al resto. Considerar todo el dinero como del mismo valor permite concretar más ahorros, con aportes que de otra forma podríamos dejar pasar desapercibidos porque no los apreciamos bien.

Esta idea es el resultado de un concepto que le ayuda a aclarar muchísimo el pensamiento a las personas, y que también está explicado en detalle en el libro Compás financiero personal.

Recordemos que el ahorro, como el dinero, es un medio y no un objetivo. Lo que guardamos ha de servirnos para alcanzar objetivos, sean estos claros y definidos, o genéricos e imprecisos. En cualquier caso, estaremos de acuerdo en que esas metas las queremos alcanzar, o bien antes o bien lo mejor preparados posible.

Para ello, hace sentido que eso que guardamos crezca a buen paso. Y para lograrlo hay dos principales formas: guardar más y buscar la forma de que esto crezca por sí mismo. Mejor si ambas cosas a la vez y sin demoras innecesarias.

Cuando tenemos guardado dinero que no necesitamos aún, debe ponerse a producir. Sin entrar en detalles de cómo funcionan los mecanismos financieros a través de los cuales se multiplican los capitales, revisemos si estamos de acuerdo con que, si los ahorros generan intereses o rendimientos por sí mismos, ese extra nos ayudará.

El mecanismo más sencillo para obtener intereses sobre lo que guardamos son las cuentas bancarias de ahorro. Y generalmente funcionan muy bien, con las garantías que brinda un buen banco y que se suman a las que diversos países dan a través de mecanismos de protección de depósitos, o servicios modernos para facilitarnos saber cuánto tenemos, aportar más o utilizarlo cuando llega el momento.

Si es de esas personas que no tiene una cuenta de ahorros, debería pensar seriamente en abrir una pronto, muchos bancos permiten hacerlo con montos muy pequeños, de pocos dólares. Muchas grandes fortunas empezaron en montos pequeñitos. Con el tiempo, vendrán cosas grandes, y en ese camino, transitará también por el mundo de las inversiones.

Comience a guardar mejor y más seguro su dinero, mientras recibe algo extra por los intereses. Unos buenos y más amplios hábitos de ahorro, son la clave para comenzar a transformar sus finanzas, acumulando los números a su favor.

¡Reprogramarnos!

Es importante llamar a las cosas de la forma correcta. El uso adecuado de las palabras permite evitar muchas confusiones. En las finanzas, las personales y las corporativas, comprender bien los términos no solo es importante, sino que además nos permite evitar pérdidas de dinero e incluso incrementar nuestras ganancias. Y todos queremos esto.

Para quien ha venido usando algún término inadecuado, cambiar su uso puede requerir bastante empeño, no tanto por lograr comprender el significado de los conceptos -que suelen ser relativamente sencillos- sino para acostumbrarse a utilizarlos bien, olvidando los usos incorrectos.

En algunos casos, quizás, hasta haya que ir moldeando de nuevo los sentimientos que generan algunas de estas palabras para que, al usarlas, logremos condicionar el pensamiento hacia hábitos financieros sanos. Tal como enseña la Programación Neurolingüística, podemos potenciar nuestros logros a través del lenguaje que utilizamos.

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Consulta el libro Compás
Financiero Personal

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