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“Dejemos de mirar hacia atrás, así podremos avanzar”

Por: Financiero 29 Nov 2020

Mientras reflexiono en el impacto que la pandemia ha tenido en mi vida, y en la de mis clientes y colegas, he notado que falta un elemento crítico en la experiencia laboral a distancia; lo humano, dice Rick Western, CEO de Kotter, quien es un experto en cambios transformacionales en organizaciones globales complejas-


“Dejemos de mirar hacia atrás, así podremos avanzar”
Una reflexión para los líderes que intentan sortear la crisis del coronavirus

Redacción El Financiero

Mientras reflexiono en el impacto que la pandemia ha tenido en mi vida, y en la de mis clientes y colegas, he notado que falta un elemento crítico en la experiencia laboral a distancia; lo humano, dice Rick Western, CEO de Kotter, quien es un experto en cambios transformacionales en organizaciones globales complejas-

Western escribió un artículo que fue publicado recientemente por Chief Executive y que El Financiero Latam tradujo, en él plantea que ciertamente a nadie le hubiera sido posible prever la velocidad o la magnitud del cambio provocado por la COVID-19, o predecir cómo seguiría evolucionando la situación.

“Es fundamental que aceptemos las crudas realidades de nuestro mundo interconectado, que afrontemos los desafíos de distanciarnos unos de otros en una época de caos y confusión, y que admitamos el hecho de que, previo a la pandemia, tal vez no nos hubiéramos adaptado al cambio con la rapidez con la que debíamos hacerlo”, dice.

En Kotter, hemos sentido el impacto de la realidad post-COVID, y nuestra gente. Como otras, la empresa ha intentado aceptar la situación actual. Es difícil ver el presente, o incluso el futuro, en su trayectoria actual, como algo mejor, y por ello resulta tentador anhelar un retorno a la “normalidad”, o a las condiciones previas a la pandemia”, confiesa.

Pero, ¿Qué pasa si no lo conseguimos? ¿Qué tal si nunca volvemos a la situación en la que estábamos antes?

De ser así, los líderes de las organizaciones que sean capaces de abrir los ojos a esta realidad, les guste o no, y se esfuercen por trabajar para abrazar el futuro, estarán muy por delante de los que intentan volver al pasado.

“Es cierto que hemos perdido algo; no reconocerlo sería una forma de negación extrema. Hemos perdido nuestros apretones de manos, nuestras conversaciones en el filtro de agua, los encuentros en la sala de conferencias, nuestros descansos para compartir el café, nuestras reuniones nocturnas con amigos, después del trabajo, y los días de vacaciones, con muchos viajes”.

Similar a la pérdida de un ser querido, todos debemos encontrar alguna manera de dejar ir el mundo pre-COVID, y tal vez eso significa, en cierta medida, que nos debemos un duelo por la vida que solíamos vivir. Eso no es ser negativo, sino más bien un paso crítico para avanzar.

No obstante, aún tenemos un trabajo por hacer. Y mirar hacia atrás no nos llevará a donde debemos ir.

Un nuevo punto de partida

Lo interesante de nuestra crisis actual es que la mayoría de nosotros estamos considerando el mundo pre-COVID como una especie de “punto de partida”, como un referente para el lugar al que deseamos volver. Pero, al aferrarnos tan fuerte al pasado, nos estamos atando a un evasivo punto de partida que ya no existe.

Si Apple, Google o Facebook hubieran dirigido sus empresas con la idea de volver a lo que era, todavía podríamos tener teléfonos rotativos, consolas y cassettes, o, estar circulando notas escritas a mano. Impresionantes avances médicos podrían no haber ocurrido nunca, y cualquier esperanza de una vacuna efectiva contra la COVID-19, en meses vs. años, sería poco realista.

Vale preguntarse, ¿Realmente queremos que las cosas vuelvan a ser como antes? ¿O es justo en el pasado donde nos sentimos cómodos? ¿Realmente tememos al futuro, o estamos desconcertados por el presente, e inseguros de los cambios necesarios que nos llevarán a construir nuestra nueva normalidad?

Mientras la COVID-19 es única en el hecho de que nos ha despertado, a escala mundial, a un cambio complejo, rápido y volátil, la pandemia es en realidad un microcosmos de lo que ha estado sucediendo durante décadas. El ritmo del cambio ha ido aumentando, tanto en velocidad como en complejidad durante al menos los últimos 30 años, pero muy pocas personas hacían lo suficiente para aprender a adaptarse de forma rápida y eficaz.

No deberíamos querer volver a la vieja normalidad. “No nos estaba funcionando correctamente. En Kotter, también anticipamos que se avecina un cambio aún más perturbador, y que la COVID-19 no es el “evento único” que mucha gente podría suponer que es. Viendo el mundo a través de esta lente, es importante encontrar formas de avanzar en lugar de quedarse atascado en el pasado… y esto se reducirá a abrazar el mundo post-COVID, incluso si todavía no nos agrada”.

Dando un paso adelante

Curiosamente, parece que la gente conduce mirando por el espejo retrovisor, pero en lugar de querer avanzar, lo que realmente desean es retroceder. Sin embargo, en la vida, no podemos darnos el lujo de esa elección; tenemos que avanzar y cuanto antes nos demos cuenta de esta verdad, seremos más capaces de crear las condiciones para una experiencia más feliz y significativa.

La felicidad no se encuentra ni en el ayer ni en el mañana; se encuentra justo aquí, en este momento. La felicidad es algo que uno crea para sí mismo, en lugar de algo que viene de otras personas o condiciones externas. Como dijo una vez Víctor Frankl, “Cuando ya no somos capaces de cambiar una situación, se nos reta a cambiarnos a nosotros mismos”.

Si lo que dice Frankl es cierto, ahora más que nunca, debemos centrarnos sobre lo que tenemos control en la vida, y dejar ir lo que no.

Tenemos control sobre lo que ponemos en nuestro cuerpo. Podemos controlar cuando elegimos ir a dormir. También podemos reevaluar cuánto tiempo estamos sentados frente a nuestros escritorios, y tal vez utilizar el tiempo que habríamos pasado en el trayecto, para caminar alrededor de la cuadra, o hacer una pausa de diez minutos, para una meditación de mindfulness. Podemos tomarnos un tiempo después del trabajo para, por ejemplo, practicar una nueva actividad, aprender un nuevo idioma, cocinar un nuevo plato de una cultura diferente, o pasar tiempo con nuestra pareja, hijos, amigos o mascotas.

Mientras los líderes empresariales no pueden controlar el virus, sí pueden reimaginar cómo construir conexiones significativas desde casa, y transformar la cultura, cambiando activamente el enfoque de las pérdidas percibidas de forma negativa, para considerar en cambio lo que se podría haber ganado. Los líderes podrían reflexionar sobre cómo esta pandemia ha impulsado a sus organizaciones a evolucionar más rápidamente de lo que muchos habrían creído posible y, al hacerlo, darse cuenta de todos los aspectos en los que su empresa no se había adaptado, previo a la COVID-19.

Es posible que nos fortalezcamos durante esta época difícil. Ser obligados a cavar profundamente dentro de nosotros mismos, y descubrir ese manantial oculto de resiliencia, esa capacidad de levantarse ante un obstáculo. Las relaciones pueden profundizarse a través de luchas compartidas, y se puede ganar conocimiento al reconocer todos los cambios que aún tenemos que hacer para prosperar en esta nueva y desconocida realidad.

Tal vez todo comienza con una llamada telefónica. Tal vez, si realmente le preguntáramos a otro colega, amigo o miembro de la familia, “¿Cómo te va, sinceramente?” podríamos abrir la puerta para crear conexiones más profundas y percibir un significado mayúsculo.

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