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¿Debemos preocuparnos por las tasas de interés?

Por: Financiero 11 Abr 2021

Nos hemos acostumbrado a un mundo con tasas de interés bajas, muy bajas. Eso no es algo nuevo, ya que algunos países tienen cierto tiempo en esa situación.


¿Debemos preocuparnos por las tasas de interés?

Los escenarios de cambio en las tasas de interés de referencia en el mundo, plantean consecuencias de las que hay que estar atentos

Compás Financiero

Andrés Chiodi
Consultor Financiero
Profesor del IESA Panamá
@CompasFinancier

Nos hemos acostumbrado a un mundo con tasas de interés bajas, muy bajas. Eso no es algo nuevo, ya que algunos países tienen cierto tiempo en esa situación.

Por supuesto existen excepciones, por ello vemos países de la región en los cuales los usuarios del sistema financiero aún pagan tasas altas, pero ello es debido en muchos casos más a la falta de buena competencia entre prestamistas y/o a economías marcadas por un manejo poco responsable de sus monedas. 

Hemos llegado a la situación extrema de tener tasas de interés negativas. Ello significa que al entregar dinero, no recibiremos intereses y además recibiremos de vuelta menos capital que el original, incluso antes de tomar en cuenta la inflación. 

Ello es, por supuesto, algo contraintuitivo y que se puede tachar hasta de absurdo. Pero está ocurriendo justo ahora, en economías como la suiza, japonesa, danesa o sueca, sin que hayan obtenido los resultados esperados e, incluso, en algunos casos las consecuencias han sido contrarias a las esperadas. 

¿Cuáles han sido las razones?

Esta realidad ha sido fruto de varios factores. Por un lado, la tendencia a manejarnos con un costo del dinero menor es algo que viene gestándose desde hace siglos. Hay estudios históricos que reflejan cómo los préstamos se han ido pactando con intereses cada vez menores, sobre todo en las mayores economías del mundo. 

Ello puede estar relacionado con un mejor funcionamiento de los sistemas financieros y el manejo de riesgos, que ahora sirven a la sociedad de forma más eficiente y competitiva.

Por otra parte, las crisis de los últimos años han dado pie a que las autoridades hayan estimulado la economía haciendo que circule más dinero. Tal como sucede con cualquier bien, cuando existe abundancia en la oferta, su precio baja. Y el interés es el precio que pagamos por “alquilar” dinero.

Pero en finanzas, tal como sucede en la vida, comprender el pasado sólo sirve para mejorar nuestras decisiones futuras, y en este caso se trata de entender cómo puede evolucionar esta realidad y afectarnos los cambios.

Escenarios futuros con las tasas de interés

El cambio es lo único constante. Por ello, es de esperar que la situación cambie en algún momento. Y las finanzas se tratan, en gran medida, de tomar decisiones cara al futuro. 

– Las tasas podrían bajar aún más, en cuyo caso seguiríamos viendo a las personas desilusionarse con guardar su dinero en los bancos o en bonos, incentivando aún más la búsqueda de alternativas, tal como especular con el valor de materiales o de activos como las criptomonedas. 

También se seguiría dando pie a inversiones tales como comprar acciones en las bolsas de valores, continuando la insólita subida de precios e índices de referencia, muy por encima de promedios de largo plazo y de análisis financieros basados en los fundamentos económicos de cada uno de esos negocios.

 Si bien las tasas bajas hacen más atractivos algunos proyectos de crecimiento que tengan las empresas, eso tiene un límite y además suele no causar grandes resultados con las pequeñas y medianas.

Algunos problemas que se derivan de tasas demasiado bajas es que el capital se utiliza incluso para proyectos privados o públicos de baja calidad -que destruyen valor en lugar de crearlo-. También, que se estimula transformar a las industrias hacia ser más intensivas de capital -barato- y menos en mano de obra, dificultando la creación de puestos de trabajo. 

Las naciones y sus monedas, continuarían las condiciones para seguir con el relajo fiscal que tanto parece estar de moda entre cierta clase política, que valora mucho poder controlar y distribuir mucho dinero -con miras a la siguiente elección-, aunque ello aumente la deuda que tendremos que pagar tarde o temprano, nosotros y nuestros hijos. 

– Las tasas podrían subir, especialmente si la economía da señales de recuperación y se evidencian problemas de subidas de precios. Las últimas semanas han habido voces que hablan de la inflación, un fenómeno que ya muchos consideraban algo del pasado. 

Es posible que exista, por una parte debido a una demanda estimulada por tasas bajas de interés y una red de suministro debilitada por la crisis de pandemia y, en otra dimensión distinta, a la Espada de Damocles que representa la abultada emisión de dinero de los últimos años y, en especial, de este período signado por el coronavirus. 

Los efectos de una subida de intereses serán importantes, tanto para las familias, empresas y Estados, cara al alto nivel de endeudamiento que muestran todos. 

Adicionalmente, ello atraería a los capitales de vuelta a los bancos e instrumentos de renta fija, pudiendo detonar un ajuste en los precios de las acciones, aunado a una caída de valor de los bonos de quienes ya tienen esos instrumentos ahora. 

Es razonable descartar que la subida de tasas llegue a ser fuerte, ya que ese escenario extremo afectaría a muchos y por ende habrían muchas voces abogando por que no ocurra. 

– El status quo, de tasas muy bajas, se podría mantener un tiempo más. Pero como ya sabemos, todo llega a cambiar, tarde o temprano.

Ya en las condiciones actuales, se presentan señales de lo que se llama “Trampa de Liquidez”, que ocurre cuando una baja de tasas adicional no logra generar los efectos deseados de estímulo a la economía. Incluso si las tasas subieran un poco, la política monetaria (influir en la economía a través de las tasas de interés) seguiría sin ser una opción eficaz, algo que no le resulta atractivo a quienes creen que los problemas del mundo se solucionan imprimiendo dinero. 

La productividad es, y seguirá siendo siempre, el fundamento de una economía sana y que camina hacia la satisfacción de las necesidades de la humanidad. 

Los tiempos actuales son, en muchos sentidos, asombrosos e intrigantes. Entender cómo nos pueden afectar las tasas en cada uno de los escenarios, nos ayuda a prevenir efectos indeseados y hasta aprovechar oportunidades. Comprender el entorno y decidir con base en ello, nos ayuda a poner los números a nuestro favor.

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