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Contención e incentivos

Por: Financiero 14 Jun 2021

Recientemente, la corrupción y su combate, se ha convertido en un tema relevante. El fenómeno, en mi opinión, tiende a ser discutido y analizado sesgadamente, dándole mayor peso al pecado del político que pide coimas y menos peso a la empresa que las suministra.


Contención e incentivos
Soltar el lastre de la corrupción podría ser posible recompensando la honestidad

Pulso Económico

Aram Cisneros
Consultor/Agricultor
@kwpulso

Usualmente los problemas que le importan al electorado son la creación de empleos, la salud, la educación o la seguridad ciudadana.

Recientemente, la corrupción y su combate, se ha convertido en un tema relevante. El fenómeno, en mi opinión, tiende a ser discutido y analizado sesgadamente, dándole mayor peso al pecado del político que pide coimas y menos peso a la empresa que las suministra.

Ahora, debatamos: ¿La corrupción es tan solo un síntoma de nuestra frágil condición humana? Al momento de elegir hacer lo correcto o hacer “lo que resuelve”: ¿qué es lo que nos contiene o lo que nos incentiva?

El abordaje del asunto tiene dos aristas. Una moral y otra económica. La segunda, está vinculada a una desafortunada realidad: para competir comercialmente, el que cumple la ley suele estar en grave desventaja frente al que la infringe.

La doctora Marixa Lasso, panameña, ex profesora de la Universidad de Colombia y actual funcionaria en el Ministerio de Cultura, nos muestra una raíz histórica que explica, pero no justifica, lo que nos sucede:

“La corrupción en el siglo XVII se debió […] a una organización económica […] basada en los intereses imperiales de la Corona española que ignoraba la realidad comercial y productiva de las Américas. Por ejemplo, el vino del Perú era más barato y llegaba en mejor estado que el vino español. ¡Sin embargo, era ilegal para los panameños importarlo del Perú, sin una autorización especial de la Corona, que llegaba a veces y a veces no! Sólo era legal importar el [vino] español. Obviamente, la población panameña encontraba esa prohibición absurda. La lección, creo yo, es que una vez que la población pierde el respeto por las leyes, porque éstas no se ajustan a su realidad [económica] y a sus necesidades [comerciales], la corrupción se volverá la norma”.

Meditar las respuestas a las dos preguntas expuestas en el tercer párrafo, conlleva considerar si erradicar la corrupción es o no una meta realista. Esto implica también, meditar si la estrategia práctica, es conformarnos con mitigarla, al diseñar y aplicar sistemas de contención e incentivos.

Un ejemplo de contención: reformas al sistema judicial para minimizar la compra de fallos. Así, gana el que tiene el imperio de ley de su lado, no el que tenga la chequera más gorda.

Un ejemplo de incentivo: compensar a los funcionarios públicos para que ganen según productividad (una rueda que ya está inventada en el sector privado). Así, aquel con mejor desempeño cobra más, no el que pide las coimas.

Habrá quienes argumenten que estas iniciativas son ingenuas, pues “nadie aguanta un cañonazo de 50 mil pesos”. Esa frase, atribuída a Álvaro Obregón, presidente mexicano de 1920 a 1924, implica que, en su opinión, todos tenemos un precio que quiebra la voluntad de actuar honestamente.

Sí Obregón tiene razón, las aristas morales y económicas antes mencionadas son inseparables y, por tanto, no habrá cambio de conducta, sin abordar el tema de forma integral.

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