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Confianza, evolución y otras claves para el desarrollo de LatAm

Por: Financiero 24 Ene 2021

Hay quienes, guiados por los números, consideran que las décadas de cada siglo comienzan en los años como el 2021, y no cuando cambiamos de decena al pasar, por ejemplo, del 2019 al 2020.


Confianza, evolución y otras claves para el desarrollo de LatAm
¿Qué deberíamos hacer diferente en nuestra región para avanzar hacia una sustancial mejora de nuestras condiciones económicas?
Compás Financiero

Andrés Chiodi
Consultor Financiero
Profesor del IESA Panamá
@CompasFinancier

Hay quienes, guiados por los números, consideran que las décadas de cada siglo comienzan en los años como el 2021, y no cuando cambiamos de decena al pasar, por ejemplo, del 2019 al 2020. 

Si tomamos esa idea, estaríamos apenas en los primeros días de la década de los años veinte de este siglo. Algo particularmente oportuno, si pensamos que el 2020 fue un año atípico, de pausa, en el desarrollo económico de la humanidad.  Si dejamos atrás las ideas que nos frenan, tenemos condiciones muy positivas para crear más bienestar. 

Cada vez se crea más valor a través del conocimiento, eficiencia y tecnología, que por explotar minas, pozos petroleros, o emplear mano de obra barata. 

El uso intensivo de la inventiva humana, aplicado en condiciones favorables como las que tenemos en nuestra región, puede multiplicar nuestra capacidad de producir lo que necesitamos, consolidando nuestra posición.

Para dar fuelle a nuestra capacidad de innovación, la educación es clave. Pero no es suficiente. Es importante también cambiar ciertos paradigmas culturales y fortalecer otros: la confianza y la fiabilidad, la responsabilidad y la prevención, la eficiencia, y la búsqueda de la excelencia. 

Si queremos ser países avanzados y prósperos, hay que dar rienda suelta a la iniciativa, para dejar atrás modelos productivos obsoletos que sólo se mantienen con subsidios anacrónicos y proteccionismo, sin estrategias de largo plazo. 

Hay que dar motivos para que cada persona labre su propio mejor futuro, sin ideólogos que promuevan excusas, ni culpables externos que distraigan a la gente respecto a su responsabilidad. Ni tampoco populistas que impulsen salidas cómodas, que duerman la capacidad de trabajo de las personas a costa de regalar lo que las generaciones futuras tendrán que pagar.

Hay que trabajar por lograr condiciones óptimas de vida, que nos permitan producir más a la vez que dejemos de utilizar recursos para evitar problemas:

¿Cuánto dinero dejamos de invertir porque debemos comprar candados, o contratar seguridad? ¿Y qué hay del dinero perdido en reponer equipos dañados por fallas en el servicio eléctrico, o en repuestos para autos y buses que duran menos por culpa del mal estado de las calles? 

Es hora de dejar de buscar culpables en el pasado, y de dejar de intentar construir nacionalismos con base a ideas que, por sí solas, no nos dan de comer. Son símbolos inútiles o incluso perniciosos, porque no nos permiten enfocar esfuerzos en diseñar nuestro porvenir. 

En lugar de estampar billetes con figuras del pasado, ¿no sería más motivante reconocer a las fuerzas vivas, como los bomberos, trabajadores de la salud, estudiantes, científicos, o productores del campo? ¿Y si en lugar de conmemorar efemérides, celebramos el tener avances industriales, cumplir metas de desarrollo, reparar daños ambientales, o construir redes productivas e innovadoras? 

¿Qué lograríamos si permitieran a todos trabajar en lo que quieran, y estén preparados para hacerlo, sin limitaciones de gremios, por haber nacido dentro de cierta frontera, o ser de un partido político particular? ¿Cuántos se animarían a emprender si existieran procesos sencillos, con responsabilidades y derechos claros, soportados por un sistema de justicia efectivo?

Si fuésemos conscientes de nuestros defectos, virtudes, faltas y logros, seguramente nos veríamos como iguales. Haríamos crecer la confianza, entre nosotros, y en nosotros mismos y con ello nuestro potencial de lograr lo que nos propongamos mediante el poder de la ventaja colaborativa.

Los cambios mencionados no son fáciles de lograr. Pero tampoco lo es seguir cometiendo errores. Si nos damos cuenta que todos, sin excepción, queremos un mejor futuro, y nos ponemos de acuerdo sobre las formas de lograrlo, despejaríamos el camino hacia un futuro extraordinario, donde recogeremos los frutos de haber puesto los números a nuestro favor.