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¿Comprar lo que queremos es la mejor opción?

Por: Financiero 31 Ago 2020

Aún cuando las creencias culturales y hasta la publicidad nos hace sentirnos seguros de que poseer ciertas las cosas es la mejor opción, de vez en cuando es bueno revisar si eso es cierto, especialmente cuando estamos frente a una decisión de compra de algo para lo cual tenemos opciones diferentes, como alquilar, compartir y más.


¿Comprar lo que queremos es la mejor opción?

Compás Financiero

Andrés Chiodi
Consultor Financiero / Profesor del IESA Panamá

Aún cuando las creencias culturales y hasta la publicidad nos hace sentirnos seguros de que poseer ciertas las cosas es la mejor opción, de vez en cuando es bueno revisar si eso es cierto, especialmente cuando estamos frente a una decisión de compra de algo para lo cual tenemos opciones diferentes, como alquilar, compartir y más. 

Las finanzas y el buen criterio económico familiar nos brindan respuestas a las preguntas que deberían surgir cada vez que estamos por comprar algo, y con ellas sabremos tomar mejores decisiones. 

Algunas de esas preguntas son:

¿De verdad lo necesitamos?

No está de más cuestionar la necesidad de la compra, recurriendo incluso al tiempo para saber si el deseo o la necesidad se mantienen. Pero podemos incluso revisar si lo que vamos a comprar tiene las características suficientes que nos satisfarán, evitando pagar dinero de más por algo que excede nuestro objetivo, o creer que estamos ahorrando dinero en algo que cuesta menos, pero no tiene la calidad y características adecuadas. Si de verdad estamos seguros de que vamos a obtener algo que necesitamos por mucho tiempo, puede ser razonable pagar lo necesario para que ello nos dure. 

¿Cuánto necesitamos? 

Es posible que el uso que le demos al bien sea esporádico, lo que nos debe hacer pensar que, al comprarlo, su valor quedará desaprovechado el resto del tiempo. Esto nos debe llevar a considerar cómo obtener más valor del bien. Si al final no tenemos alternativas a comprar, podemos buscar maneras de que otros lo aprovechen y nos paguen por ello. 

Hoy en día existen nuevas plataformas tecnológicas para compartir lo que tenemos y generar ingresos con ello, desde los conocidos Uber, BlaBlaCar o AirBnB, hasta ideas más atrevidas como darle uso a nuestro puesto de estacionamiento vacío o las herramientas que pasan la mayor parte del tiempo guardadas en una caja.  

¿Podemos evitar comprarlo?

Desde el punto de vista financiero, en muchas ocasiones resulta más conveniente alquilar a  comprar. He aquí una lista de consideraciones para quien quiera entrar a valorar esa alternativa con precisión, cuando la decisión se refiere a una casa:

Para ciertas personas, especialmente jóvenes, una casa propia pudiera dificultar cambiar de trabajo hacia otro lugar distante, donde pudieran avanzar hacia mejores ingresos. Siendo inquilino resulta más fácil mudarse para acercarse a su empresa o el mercado donde está su fuente de ingresos.

Ante una caída de los mercados de bienes raíces la variación de valor la absorbe el propietario, no el banco. El apalancamiento que produce el préstamo es, en esa circunstancia de caída, una palanca que multiplica el efecto en forma negativa. Un inquilino simplemente aprovecha, se mueve a algo mejor y listo.

Los gastos de mantenimiento mayor o reparación, impuestos y seguro, deben ser considerados en la cuenta global que nos dice realmente que tan rentable fue comprar la casa. El inquilino cubre su renta y si acaso alguna reparación menor, según las costumbres de cada plaza.

La carga de las cuotas del préstamo son menos negociables ante momentos de dificultad. El inquilino puede moverse a un lugar más barato. 

Si comete un error con el tamaño de la casa que necesita, por ejemplo cuando la familia crece o disminuye con el tiempo, es algo mucho más fácil de ajustar estando alquilado que habiéndose amarrado a una casa.

El capital del comprador queda atrapado en los cimientos de la casa, sea que pagó todo o solo la inicial del préstamo. El inquilino no necesita poner capital, por ende si lo tiene entonces conserva la libertad para invertir su dinero en formas más productivas, líquidas y diversificables. 

Si se trata de una segunda casa, para las vacaciones, el lugar que al principio parece idílico puede terminar aburriendo a la familia, por lo que el alquiler significa más flexibilidad en diversos sentidos.

Unos argumentos análogos se pueden aplicar para otras decisiones trascendentes, como la compra de un automóvil, una casa de vacaciones, los implementos para algún hobbie o lo que sea esa meta de vida atada a obtener un bien. 

Si le causa curiosidad, puede investigar sobre los muchos debates al respecto, con cifras y conclusiones para diversos casos. Por ejemplo, en la página web del New York Times hay una excelente calculadora para comparar financieramente entre rentar o comprar casa. Estos y otros conceptos fundamentales para nuestra economía familiar también están explicados en detalle en el libro Compás Financiero Personal.

¿Cómo lo pagaremos?

Las facilidades de crédito, especialmente durante los últimos años de tasas de interés históricamente bajas, han sido un incentivo para la compra de bienes a través de préstamos. El problema es que esa facilidad hace que muchas personas adquieran bienes más costosos de los que realmente necesitan o cuyo pago y mantenimiento pueden afrontar tranquilamente, si no en el momento de la compra, más adelante si tienen algún problema con sus ingresos. Existen diversas formas en las cuales el costo financiero se esconde de nuestra vista, como en los intereses que pagaremos, o en un precio alto detrás de una oferta de bajos o incluso cero intereses. 

Aléjese de los problemas y, sobre todo, evite utilizar su valioso crédito para comprar algo que no sea un activo, es decir, un bien dedicado a producir rentas, que es el objetivo de un crédito bueno.. 

Evite comprometer parte importante de su capacidad de pago en un préstamo no productivo, que además congela el poder que tiene el capital utilizado en la cuota inicial, y el capital potencial que está disponible en el crédito. Ese capital sirve para invertirlo en algún negocio que lo multiplique. En el ejemplo de la compra de una nueva casa, aún con todas las ventajas que ella brinda, el inmueble no deja de ser un activo improductivo. Algo que no le hace más rico con el tiempo. 

Lo más probable es que suceda alguna o todas estas cosas: que el día que decida vender la casa esta no valga más que antes, o que si aumentó de precio en el mercado esto haya sido, si acaso, a la par de la inflación. O que sobre la casa no tome decisiones de compra, mantenimiento y venta con los criterios de una administración profesional de inversiones en bienes raíces. 

Es posible que haya escuchado muchas historias de fortunas que se han hecho con las inversiones inmobiliarias, sin embargo tenga en cuenta que o bien fueron hechas de la mano de una gestión profesional, o fruto de unos períodos de aumentos de precios en alguna ubicación en especial, o no estén siendo vistas a la luz de tantas “inversiones” de ese tipo que terminaron mal y cuyos dueños no cuentan.

Disfrutar la vida significa transitar serenamente el camino hacia nuestras metas y disfrutar alcanzarlas. Algunas de esas metas pueden ser compras importantes de las que hablamos arriba. Estar seguros de que estamos obteniendo lo que queremos y nos satisface nos evita perder esfuerzos y recursos en algo de lo que nos podemos arrepentir. Tomar buenas decisiones y cuidar lo nuestro es también poner los números a nuestro favor.

¿Quieres conocer conceptos fundamentales de economía familiar? Consulta el libro Compás Financiero Personal.

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