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Cinco lecciones de un mundo en crisis

Por: Financiero 10 May 2021

La era del coronavirus nos hizo ser más conscientes de la importancia de nuestra salud física y mental, exponiendo nuestras vulnerabilidades y provocandonos padecimientos directos e indirectos. Ahora, nos resulta evidente que es mucho más económico evitar los problemas de salud desde el principio.


Cinco lecciones de un mundo en crisis
Lecciones de la pandemia, desde lo personal a lo colectivo

Rehtse Terán

La era del coronavirus nos hizo ser más conscientes de la importancia de nuestra salud física y mental, exponiendo nuestras vulnerabilidades y provocandonos padecimientos directos e indirectos. Ahora, nos resulta evidente que es mucho más económico evitar los problemas de salud desde el principio.

Para muchos, asistir a centros asistenciales no es una opción, ya sea porque los servicios sanitarios estén colapsados, por no tener acceso físico o monetario, o para evitar riesgos de contagio de la COVID-19. El valor de la prevención, por tanto, supera en creces su costo.

En consecuencia, una serie de hábitos personales y sociales han sido adoptados, o por lo menos se ha hecho hincapié en su difusión e integración a la vida cotidiana. Y también se han observado efectos positivos de la situación; éstos representan la mejor herencia de la pandemia, tanto para las personas como para los países, instituciones y gobiernos.

Nuevos hábitos de higiene y educación
La distancia física, las mascarillas y el constante lavado de manos nos ayudan a prevenir muchísimas enfermedades, además de la COVID-19. Los hábitos adquiridos nos protegen también de la incidencia de la gripe común, infecciones respiratorias como rinovirus, pulmonías o neumonías, y de cualquier contagio fecal-oral.

Natalia Rodríguez, doctora e investigadora del Instituto de Salud Global de Barcelona, dijo al medio 20Minutos que estamos ante una “oportunidad perfecta para que pequeños gestos logren grandes resultados”.

Los nuevos hábitos han llegado para quedarse, y en el futuro, nos ahorrarán muchos padecimientos fáciles de prevenir con medidas mínimas de higiene y protección.

Las mascarillas, de uso común en países asiáticos, fueron adoptadas por latinoamericanos ya no sólo por protección ante la COVID-19, sino que las adoptamos por educación; ante síntomas como tos o estornudos, pues lo socialmente aprobado es usar mascarillas y no exponer a los demás.

Y en cuanto a protocolos sociales, ahora somos más conscientes de nuestra burbuja personal. “Espero que la COVID-19 nos haya librado de los que hablan cerca y los intrusos cotidianos del espacio personal”, reflexiona, en un artículo de su autoría, Lucy Ellis, quien trabaja para el gobierno de Canadá.

“Adiós a los toques inapropiados en público que pueden hacerse pasar por “amistosos”. Adiós a tener a alguien tan cerca de ti que te rocía con su saliva y puedes sentir el calor de su aliento”.

Autosuperación a través del emprendimiento
El emprendimiento vivió un auge sin precedentes en LatAm. El medio Expansión, tras consultar con varios fondos de inversión sobre las startups que crecieron en pandemia, resalta que los sectores como movilidad, e-commerce y edtech (educación a través de medios tecnológicos) tuvieron un crecimiento considerable.

“La pandemia ha acelerado una transformación digital, término de inagotable redefinición y reaproximación. Buena parte de la continuidad tendrá que ver con las comunidades digitales que se logren formar en estas estaciones obligadas de confinamiento y digitalización”, señaló al diario Gestión, Carlos Letts, director académico de la carrera de Administración y Gerencia del Emprendimiento en la UPC.

Los despidos, la incertidumbre laboral o la reconversión profesional hicieron que muchas personas se dedicaran a aprender cómo emprender por cuenta propia, o que directamente iniciaran ventas independientes o la prestación de algún servicio. La autosuperación de los latinoamericanos cobró fuerza en medio del contexto de incertidumbre.

La necesidad de mejores hábitats
Los confinamientos obligatorios hicieron que las personas aprendieran sobre lo importante que es sentirse a gusto en sus hogares. Quizá la dinámica laboral y vivencial pre pandemia nos hacía prestarle menos atención a nuestros espacios, al pasar menos tiempo en ellos.

De repente, nos volvimos más sensibles a los ruidos, a las incomodidades térmicas, a la calidad de los espacios, o si teníamos patios interiores, terrazas o balcones, para disfrutar del cielo y de espacios abiertos. La calidad del aire también pasó a ser prioridad.

Y aunque no todas las personas tuvieron la posibilidad de mudarse a nuevos domicilios más cómodos, o incluso a migrar de la ciudad al campo o a áreas costeras, parece haber un consenso entre los individuos y las instituciones en remarcar la necesidad de adecuar los hábitats humanos, para garantizar cuotas mínimas de bienestar, salubridad y comodidad.

El caso Taiwán: lecciones de gobernanza
En fechas tan tempranas como enero de 2020, la respuesta de este pequeño país fue contundente y rápida. A pesar de compartir un gran tránsito humano con China, sólo 11 personas han fallecido por COVID-19 (hasta abril de 2021).

Una nota del canal Tele13, en Chile, cita un estudio realizado sobre el caso taiwanés, que arrojó que dos tipos de políticas fueron claves en los primeros meses de la pandemia: las medidas basadas en casos, y las basadas en la población.

En el primer tipo de políticas, resalta la aplicación de pruebas y la detección de infectados, el aislamiento de casos positivos, el rastreo de contactos, con la consiguiente cuarentena de 14 días. En cuanto a la población, desde un principio se le exigió el uso de mascarilla, mantener el distanciamiento social, y aplicar higiene personal.

Queda claro que dichas medidas no pudieron ser emuladas por otros países cuando ya sus sistemas de salud estaban al borde del colapso. Pero la agilidad de las autoridades taiwanesas deja una lección para futuras epidemias o situaciones de emergencia social: el problema debe ser enfrentado de raíz y sin dudar, para evitar que crezca y exceda cualquier posibilidad de respuesta. Brasil, lamentablemente, podría ser un ejemplo de esto último en nuestra región.

Un mayor interés por la ciencia
La era de la COVID-19 ha cambiado la manera en que la sociedad mira a los científicos y técnicos, reconociendo su importancia, y la necesidad de invertir y reforzar los sistemas sanitarios.

Domingo Gargallo-Viola, CEO de ABAC Therapeutics, lo resume así: “nos hemos dado cuenta de que sin salud no hay desarrollo, y sin nuevas opciones terapéuticas tampoco se podrá hacer frente a los actuales y futuros retos que nos presentan los patógenos”, apunta Domingo, “y en nuestro caso hemos asumido el ilusionante reto de investigar y desarrollar nuevos antibióticos basados en la medicina moderna y de precisión”.

La concienciación por parte de gobiernos, entes privados y sociedad sobre la importancia de apostar por la investigación y el desarrollo en el ámbito salud es otra de las lecciones valiosas. A escala social y personal, también resalta que las personas hayan tomado más conciencia sobre sí mismas y sobre el impacto que pueden tener en los otros, tras repetirse hasta la saciedad lemas que invitaban a cuidarse tanto a uno mismo como a los otros.

Las personas, además, se han familiarizado con conceptos y términos anteriormente usados sólo en el entorno científico. Lo cual, de alguna forma, se traduce en un mayor apoyo a la ciencia en general; médicos, científicos e investigadores están en la palestra pública, y resulta positivo que la sociedad los escuche y respete sus aportes en una situación global tan delicada y compleja.

Si bien no es la primera vez en la historia en que una enfermedad afecta a todo el mundo, la pandemia de la COVID-19 está siendo atendida con recursos tecnológicos y humanos con los que nuestros antecesores no contaban.

La ciencia y la coordinación logística han brindado las soluciones al reto del presente, a la vez que se han logrado hitos globales de cooperación. Nuestra generación ha podido extraer enseñanzas valiosas que nos servirán para afrontar los retos por venir.

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