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Repensar las ciudades

Por: Financiero 04 Abr 2021

Según cifras del Banco Mundial, actualmente 4 mil millones de personas en todo el mundo, alrededor de la mitad de la población mundial, viven en ciudades. Sólo en Asia oriental y el Pacífico, las ciudades albergan a 1.200 millones de personas, casi la misma población de la India. En el futuro, estos números crecerán, debido a que las personas siguen migrando hacia zonas urbanas, en busca de mejores condiciones de vida.


Repensar las ciudades
Las urbes latinoamericanas pueden adoptar estrategias económicas circulares que les permitan superar los desafíos actuales

Rehtse Terán

Según cifras del Banco Mundial, actualmente 4 mil millones de personas en todo el mundo, alrededor de la mitad de la población mundial, viven en ciudades. Sólo en Asia oriental y el Pacífico, las ciudades albergan a 1.200 millones de personas, casi la misma población de la India. En el futuro, estos números crecerán, debido a que las personas siguen migrando hacia zonas urbanas, en busca de mejores condiciones de vida.

Las ciudades son el epicentro del crecimiento del mundo, ya que reúnen en ellas el capital humano y  monetario. En ellas se genera alrededor del 80% del PIB mundial, y dan oportunidad a que cientos de millones de personas salgan de la pobreza. No obstante, no hay garantía que esta forma de vida siempre sea sustentable, ni que las ciudades garanticen a sus habitantes condiciones mínimas de dignidad.

Todo ello sin contar con el impacto del cambio climático. Para 2030, continúa el Banco Mundial, los desastres naturales y el desequilibrio climático pueden costar unos 314.000 millones de dólares anuales a las ciudades, empujando a la pobreza a otros 77 millones de residentes urbanos.

Algunas ciudades del mundo se han propuesto servir de ejemplo para cambiar la marea. Ámsterdam, capital de los Países Bajos (antigua Holanda), se convirtió en la primera ciudad del mundo en adoptar, formalmente, la economía de la dona como estrategia para superar las secuelas de la pandemia de la COVID-19. Entre las políticas de urbanismo están exigir requisitos específicos de construcción, como la utilización de material reusado y cumplir cuotas de eficiencia energética.

Aunque los primeros ejemplos se den en ciudades desarrolladas y prósperas, como Ámsterdam, Bruselas o Copenhague, es imperativo para los habitantes urbanos del mundo alinearse con la premisa sugerida por Kate Raworth, propulsora de la Economía de la Dona: satisfacer las necesidades básicas de todos y hacerlo en equilibrio con el planeta.

Los desafíos de las urbes latinoamericanas
El Banco Interamericano del Desarrollo identifica cuatro grandes desafíos que enfrentan las ciudades en LatAm, las cuales abarcan tanto aspectos sociales, como de gobernanza, infraestructura y ambientales.

En primer lugar, siendo una región desigual en términos socioeconómicos, se hace evidente la exclusión social estructural de las urbes de la región. Aunque las ciudades ofrecen a millones de familias una vía rápida para escapar de la pobreza, todavía persiste desigualdad en ingresos. Sin embargo, esta es sólo una cara: las relaciones de poder dispares y la distribución del espacio urbano afincan las desigualdades en LatAm, donde aún persiste la figura del barrio informal, inseguro y desatendido. 

El aspecto ambiental presenta riesgos como exceso de contaminación, y bajos niveles de mitigación y resiliencia. Aunque las ciudades concentran el conocimiento, el capital y las instituciones públicas que podrían impulsar cambios, a su vez causan contaminación hídrica, acústica, atmosférica y de suelos. A pesar de los avances en urbanismo en las economías desarrolladas de la región, aún son pocas las que poseen planes hacia la descarbonización y la transición a las energías limpias.

La concentración económica en las ciudades representa en sí misma un riesgo, ya que eventos que las conmocionen, como desastres naturales, inestabilidad político-social, o la pandemia de la COVID-19, pueden impactar a las economías nacionales e incluso a la de toda la región. Las infraestructuras urbanas en LatAm son poco eficientes, en comparación a las de los países desarrollados, y pocas tienen entornos amigables con la digitalización, innovación o diversificación del aparato productivo.

En último lugar, la fragilidad de la gobernanza urbana en LatAm pone freno al desarrollo. La poca agilidad de las instituciones públicas dificulta la recabación de datos que permitan obtener panoramas más claros de las carencias de sus habitantes, o sobre cómo invertir más eficientemente. Además, la poca participación y cohesión ciudadana debilita el tejido socioeconómico de las urbes.

¿Cómo son las ciudades sostenibles?
No hay un modelo único para lograr la sostenibilidad urbana, dice la web de la ONG Oxfam. Cada ciudad es distinta, y la sostenibilidad es una cualidad que está en permanente construcción. Sin embargo, algunos conceptos clave son universales y pueden ser tomados como guías para la acción:

Recursos públicos básicos: el bienestar de las personas, localizado en el círculo interior del modelo económico de la dona, es esencial. Una ciudad sostenible garantiza a sus habitantes educación, salud, transporte público, servicios sanitarios, acceso al agua y la energía, y aire de calidad. Todo lo indispensable para su supervivencia y desarrollo.

Renovación urbana: adaptar los espacios públicos también es fundamental, para garantizar un escenario digno para la vida humana. La conservación del patrimonio cultural también está implícito en este punto, así como la integración de la ciudad. Una urbe sostenible está integrada, nunca aislada y jerarquizada.

Reducción de emisiones de CO2: el control de las emisiones de este gas, y de otros perjudiciales a la capa de ozono, es uno de los indicadores más significativos a la hora de evaluar la sostenibilidad de una ciudad. Cambios en el transporte público o particular, el uso de energías renovables, y la adaptación de viviendas y edificios contribuirían a minimizar el impacto ambiental.

Comercio justo: el fomento a la compra local y las redes de personas productoras y respetuosas con el medio ambiente son puntos importantes en la sostenibilidad, en contraposición al consumo desmedido. La alimentación sana puede lograrse a través de huertas urbanas, o con el establecimiento de mercados abiertos a los pequeños productores.

El potencial circular del sector servicios
El sector terciario o de servicios es el predominante de las economías de LatAm y el Caribe. Los servicios representaron, en 2015, el 70% del PIB y el 62% del empleo total, según lo reseña un artículo de la web Nueva Sociedad. Aunque se cuestione el bajo crecimiento en su productividad, su alto grado de informalidad y el autoempleo, los servicios también tienen gran capacidad innovadora y suplen las necesidades de millones de latinoamericanos, y estarán en el centro del desarrollo.

Debido a su importancia en términos económicos, y al hecho de que la mayoría de prestadores de servicios tengan como centro de operación las ciudades, el sector terciario es un campo fértil para practicar los enunciados de la economía de la dona. Una publicación titulada “Economía Circular aplicada al Sector Servicios”, realizada por la Universidad de Navarra, España, brinda estrategias para lograr integrar este sector económico con principios de sostenibilidad y bienestar social.

Suministro circular: las empresas de servicios pueden trabajar con proveedores sostenibles, que usen recursos renovables o reutilizables, fáciles de reciclar y compostar. Para optimizar la circularidad del servicio, es menester elegir productos que tengan una vida útil lo más larga posible; duraderos, modulares o ecodiseñados, fáciles de mantener o reparar.

Consumo colaborativo: esta es la manera de compartir, intercambiar o alquilar bienes, tanto de particulares como de empresas, a través de las nuevas tecnologías. Los sistemas producto-servicio o servitización, donde el usuario paga por tener acceso al servicio que proporciona un producto (en lugar de tener la propiedad del producto) y los mercados de redistribución, son ejemplos de consumo colaborativo.

Recuperación de residuos: El ciclo de los materiales es un proceso que puede ser abierto o cerrado en función de si los residuos se pueden reintroducir en el proceso, o si deben desecharse como basura. Aprovechar los residuos como materias primas o secundarias es más sostenible, pues disminuye la disposición de residuos y evita la extracción de nuevas materias primas.

Digitalización o desmaterialización: los relojes de alarma, mapas o periódicos han sido reemplazados por apps de smartphones, disminuyendo el número de objetos. Otro ejemplo es el sector turístico, en donde la digitalización ha multiplicado las posibilidades de satisfacer las necesidades de los turistas. Además, ha hecho que los agentes sean más competitivos.

Espacios urbanos, espacios dentro de la dona
Si bien el modelo de ciudad que conocemos no es el más sustentable, ni el que recoja las condiciones más propicias para los ciudadanos del mundo, seguiremos habitando en ellas durante mucho tiempo: según dice el Banco Mundial, para 2050, casi 70 de cada 100 personas en el mundo vivirán en ciudades. 

Por lo tanto, en el presente sólo podemos trabajar para mitigar las consecuencias socioambientales de las urbes, apuntando a que, en un futuro, sean espacios más idóneos para el desarrollo humano, pues aunque disten de ser perfectas, las ciudades deben ser espacio para la combinación de las iniciativas ciudadanas, las buenas prácticas empresariales y emprendedoras, y las estrategias de gobernanza adecuadas que poco a poco cambien el horizonte. 

Urbes como Ámsterdam empiezan a trazar el camino, cada vez menos lineal, cada vez más circular.

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