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A Fondo

Ingresos básicos de LatAm en emergencia

Por: Financiero 14 Sep 2020

Expertos discuten si los gobiernos deben considerar la expansión de programas de ingresos básicos a fin de mitigar los efectos de los inestables mercados laborales y la informalidad


Ingresos básicos de LatAm en emergencia
Expertos discuten si los gobiernos deben considerar la expansión de programas de ingresos básicos a fin de mitigar los efectos de los inestables mercados laborales y la informalidad

Redacción El Financiero (con información de LABS)

La situación de la familia de Roseli Aparecida Barbosa Duarte ilustra la vulnerabilidad social en la que se encuentran millones de personas en Latinoamérica. Ella es residente de Ilha do Mel, una región turística del sur de Brasil, y trabaja en una pequeña posada. La isla tiene poco más de 1.000 habitantes y depende totalmente del turismo, un sector que se ha visto afectado a escala mundial debido a la pandemia de la COVID-19, que sigue azotando al mundo y ya ha cobrado la vida de más de 200.000 personas en todo el continente. Roseli logró conservar su empleo; su esposo, sin embargo, fue despedido, al igual que su hijo. Ninguno de los dos tenía suficiente antigüedad en su cargo como para acogerse al seguro de desempleo.

Luego surgió lo que la familia consideró una solución: la ayuda de emergencia de 600 reales brasileños, concedida por el gobierno federal durante la pandemia del coronavirus. El único miembro de la familia que recibió el beneficio fue el esposo de Roseli, y apenas una de las tres cuotas. Su hijo ha estado esperando desde entonces y para sobrevivir, dependió de la ayuda de amigos, que donaron cestas de alimentos básicos.

Desde hace mucho tiempo se sabe que Latinoamérica es la región más desigual del planeta – esta consideración fue hecha en varias ocasiones por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), que ha estado enfatizando la importancia de los programas de ingresos básicos de emergencia en toda la región.

Situaciones como la de la familia Duarte son comunes no solo en eventos extremos, como el provocado por el coronavirus, en los que el umbral entre el confort y la pobreza es tenue. Se estima que la crisis de la pandemia podría dejar en situación de extrema pobreza a unos 83 millones de personas, para finales de 2020, lo que implicaría un aumento de los niveles de hambruna.

Economías al límite

El escenario de caídas en el PIB, el empleo y el consumo, así como las advertencias sobre un inminente colapso social, llevaron a países como Brasil, Argentina, Perú y Chile, a anunciar medidas de emergencia en materia de asignación de ingresos.

En Chile, por ejemplo, se creó un fondo de 2.000 millones de dólares destinado a distribuir recursos y generar empleos en los sectores de bajos ingresos. En Argentina, una única transferencia por 10.000 pesos argentinos (135 dólares), benefició a los desempleados y a los trabajadores informales. Por su parte, en Perú, el gobierno otorgó un subsidio de 224 dólares a familias en situación de pobreza o pobreza extrema, que habitan en zonas rurales.

En Brasil, tan pronto como el distanciamiento social fue implementado por los estados y municipios, como medida para enfrentar el coronavirus y para ganar tiempo en una mejor preparación del Sistema Único de Salud (SUS) para los ciudadanos, fue necesario asistir a las personas en situación de vulnerabilidad. Uno de los principales problemas del país en la actualidad, es la informalidad en el mercado laboral, la cual supera el 40% de la población empleada y el 50% en algunos estados, de acuerdo con el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE).

Tras los desacuerdos entre el gobierno federal y el Congreso Nacional, se ideó una ayuda financiera de 600 reales brasileños, inicialmente con vigencia de tres meses, y conocida popularmente como “coronavoucher”. En un principio, la administración de Jair Bolsonaro propuso cuotas mensuales de 200 reales; el Congreso sugirió que fuera de 500 y luego se acordó pagar la cantidad actual. El programa, que tuvo un impacto positivo en la popularidad del presidente, se extenderá hasta finales de 2020, con un valor menor, equivalente a 300 reales.

A pesar de que el país implementó en 2003, durante el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, uno de los mayores programas de transferencia de dinero en efectivo del mundo; la Bolsa Família, ha sido la primera vez en 30 años que se ha producido una drástica disminución de los índices de pobreza en Brasil, afirma Daniel Duque, investigador en el área de Economía Aplicada, en el IBRE de la FGV, quien combinó los datos de la Encuesta Nacional por Muestras de Hogares (PNAD Continua) con los de la más reciente; PNAD COVID, para obtener así el resultado.

El importe de 600 reales y la cobertura, son dos razones citadas por Duque: la ayuda benefició a microempresarios independientes, informales, autónomos y desempleados, con ingresos familiares mensuales inferiores a los 3.000 reales. En las familias encabezadas por madres, el beneficio mensual fue de 1.200 reales. “La línea de elegibilidad es muy alta, y el programa ha ido progresando, de modo que las familias más pobres sean las que reciban un mayor ingreso”, señala Duque. Asimismo, en su análisis sobre los datos, el investigador indica que, en 2019, la pobreza extrema alcanzó el 8% de la población de Brasil. Y para junio de 2020, el porcentaje había caído al 3.3%.

Aunque es meritorio, el programa de emergencia brasileño estaba “mal calibrado”, opina Zeina Latif, economista y consultora del área. “Vimos problemas operativos, desde la concentración en la Caixa Econômica [un banco estatal], hasta el inconveniente relativo al registro y las transferencias indebidas a los militares y funcionarios”.

La importancia de los programas permanentes

Los impactos positivos de la ayuda, aunque temporales, hicieron aún más visible la importancia de pensar en programas de ingresos mínimos permanentes y más completos para la región latinoamericana, a pesar de que países como México, por ejemplo, ya cuenta con uno; Oportunidades, que paga en efectivo a las familias, y está condicionado a aspectos como la escolarización; igual criterio adoptado por la Bolsa Familia de Brasil, la cual también obliga a la vacunación.

“Latinoamérica se caracteriza por la informalidad y la gran desigualdad. Es una región en la que un ingreso básico sería muy bien recibido, teniendo una línea de elegibilidad más alta”, dice Daniel Duque.

Esto se debe principalmente al precario mercado laboral, caracterizado por la informalidad y la menor demanda de servicios, lo que genera más inestabilidad en los ingresos familiares, considera Duque y expresa que, “de esa manera es posible quedar atrapado, entrando y saliendo de la pobreza”.

Un estudio del Centro de Desarrollo y Planificación Regional de la Facultad de Ciencias Económicas, y adscrito a la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG), simuló escenarios en los que el ingreso básico en Brasil, sería prolongado hasta finales de 2020, y llegó a la conclusión de que la medida podría mitigar en un 50% los efectos negativos de su desarrollo.

Por su parte, el Banco Central estima que la retracción del PIB en el país, alcanzará el -5%; y la razón principal que evita sufrir una caída más profunda, es el impacto positivo en el consumo por parte de las familias que reciben el subsidio. “Excluyendo los automóviles y la construcción, el comercio minorista ha mostrado una rápida recuperación. Cuando damos más dinero a los que tienen menos, el retroceso en el consumo es directo”, enfatiza Daniel Duque.

La atención al gasto público debe mantenerse

La principal razón que impide a los gobiernos diseñar programas más robustos de ingresos básicos de emergencia para la región de Latinoamérica, es el alto gasto público. Tanto Daniel Duque como Zeina Latif coinciden en que no hay posibilidad de mantener la ayuda de emergencia en Brasil por largo tiempo.

“Sentaría un precedente tras otro, ya que las demandas de gasto público son explosivas. Si la ayuda de emergencia es simplemente un programa más, tendrá consecuencias. No es posible establecer una continuidad automática”, resalta Zeina Latif.

La economista recuerda, además, que la creación de empleos es la medida más eficaz para reducir la pobreza y la desigualdad. La investigadora del IBRE de la FGV estima que es necesario iniciar un debate para crear en Brasil y en los países latinos, un amplio ingreso básico a largo plazo, mediante la reducción de otros gastos públicos y priorizando los programas de asignación de ingresos.

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