MANAGEMENT

Las finanzas y la mente

Compás Financiero

Andrés Chiodi
Consultor Financiero
Profesor del IESA Panamá

Lograr dominar las finanzas para nuestros fines personales es un objetivo que ciertamente abarca muchos aspectos; sin embargo, buena parte de ellos reside dentro de nuestra propia mente.

Durante las últimas décadas, los investigadores de las ciencias económicas han tomado conciencia sobre el particular funcionamiento que pueden tener nuestras mentes cuando deben tomar decisiones financieras y económicas cotidianas.

Poco a poco, el campo matemático de estas disciplinas se fue complementando con las luces que nos da la psicología, al punto que -en 2002- quien ganó el premio Nobel de Economía fue un equipo formado por un economista y un psicólogo, quienes hicieron calzar partes de la lógica económica con la investigación psicológica, cognitiva y social.

Antes se partía de una premisa lógica: El ser humano toma decisiones sobre sus finanzas bajo criterios racionales, de forma predecible, en el comportamiento ideal de lo que ahora denominan “Homo Economicus”.

Bajo ese concepto, siempre escogeremos la opción que -al entender de cada quien- trae el mayor beneficio en dinero o en alguna utilidad personal de valor equivalente. Pero, esa racionalidad que se asume como cierta en muchos preceptos no es absoluta: Muchas veces las personas toman algunas decisiones sin pensar mucho en su beneficio directo.

Y en definitiva, algunos son más racionales, otros no tanto, y difícilmente alguien decide exclusivamente de una u otra manera. Esa realidad, por supuesto, nos afecta en los temas que tienen que ver con dinero.

Las Finanzas Conductuales (Behavioural Finance) estudian los procesos bajo los cuales ocurren estas desviaciones de lo óptimo hacia lo irracional. Sus hallazgos son fascinantes y muy útiles. De los casi 200 fenómenos conductuales identificados hasta ahora por los psicólogos, una tercera parte tienen vinculaciones directas con las decisiones financiero-económicas que tomamos.

¿Tomas decisiones rápidas o lentas?


En nuestros cerebros ocurren procesos de decisión de tipo lento y de tipo rápido. En los lentos analizamos con cuidado la información, y en los rápidos intervienen los instintos y la intuición. Ello es consecuencia de miles de años de evolución, que moldearon a nuestro cerebro para facilitarle tomar algunas decisiones en un plano que no es de total conciencia.

En esos planos donde lideran los instintos y la intuición, la mente se mueve a través de atajos mentales que normalmente nos permiten escoger una opción sin mucho esfuerzo de pensamiento, liberando así recursos mentales para procesar otras decisiones que en un momento dado requieran nuestra mayor atención.

El inconveniente con los atajos mentales, o heurísticas como se le conocen, es que no son siempre válidos u óptimos en el complicado mundo moderno, llevándonos a hacer cosas que a veces no son las que maximizan nuestro beneficio.

Sorprendentemente, las decisiones rápidas, inconscientes, pueden ocurrir al mismo tiempo que estamos prestando atención al problema, pudiendo influir así en decisiones que creemos que tomamos analíticamente. Y por si fuera poco, las emociones influyen significativamente en ambos procesos de decisión.

¿Qué influye en nuestras decisiones?


Cuando obtenemos más datos respecto a una decisión, no necesariamente los utilizamos como se esperaría, sino que nos aferramos a ciertas posiciones. De hecho, actualmente con la mayor disponibilidad de información fresca, actualizada, incluso en vivo, se activan mecanismos de defensa que ponen un límite a cuánta de ella queremos manejar antes de llegar a tomar cada decisión.

Por esa misma tendencia a tomar decisiones aunque no estemos seguros de qué sea lo óptimo, recurrimos a prejuicios, tanto positivos como negativos.

Existen también otros tipos de efectos sobre nuestras decisiones, los cuales se combinan con factores culturales, morales, sociales y hasta de espiritualidad o fe.

Nuestra formación y costumbres sociales aprendidas también pueden reforzar ciertas actitudes frente al dinero, por las cuales damos más o menos importancia a estos temas, y que pueden tener consecuencias muy importantes, tanto positivas como negativas.

Existen numerosos ejemplos de actitudes colectivas frente a la riqueza, el ahorro, la colaboración económica, la inversión, el gasto y la posesión de bienes.

Seguramente le vendrá a la mente algún estereotipo común, por ejemplo de identidades étnicas que se hacen solidarias financieramente entre ellos, o de otros que se “desapegan” del dinero o de la modernidad de una manera que les hacen pasar penurias, al menos en la opinión de los demás.

¿Cómo mejorar mi relación con el dinero?


Algunas de estas influencias socioculturales pueden estar formando parte del cúmulo de consideraciones conscientes e inconscientes que aplica usted en cada decisión que toma. Cada una de ellas estará tan bien o tan mal como su propia conciencia lo determine.

Lo importante es que reflexione para ver si hay alguna con la que no esté completamente de acuerdo, sobre todo si condiciona su actuar -incluso sin que se estuviera dando cuenta del todo-, y entonces decida cambiar a partir de ahora.

Al final, somos los únicos dueños y responsables de nuestras decisiones, sean conscientes o no tanto.

Administrar exitosamente nuestras finanzas implica conocer y aceptar nuestras debilidades, así como las consecuencias de nuestros comportamientos.

No debemos resistirnos a analizarnos, incluso si nos consideramos personas muy equilibradas. Es usual que justamente sea en los asuntos de dinero en donde tengamos desviaciones, que son a la vez poco evidentes y causantes de daños importantes.

En vista de la realidad, es mejor si consideramos la irracionalidad que puede irrumpir en nuestro pensamiento económico. Conociéndonos mejor, lograremos el objetivo de darnos cuenta -a tiempo- cuando estemos por responder bajo la influencia de estas conductas, especialmente si lo haremos de alguna forma que no es óptima.

La buena noticia es que es posible alcanzar la conciencia y autocontrol necesarios para tomar decisiones financieras óptimas. Intentar alcanzar una cierta medida de conciencia y autocontrol es un paso en la dirección correcta para poner las finanzas y la mente a nuestro favor.

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