MANAGEMENT

La Empresa Consciente

En busca del alma perdida

Jorge Guerrero / Desarrollador de Negocios

Existen diversas teorías organizacionales que definen a las empresas como “entes vivos” que pueden aprender, evolucionar, emocionarse, enfermarse y morir. Suele hablarse de “estrategia y estructura” entendidas como ‘la mente y el cuerpo’ de este ser vivo, pero algo que pocas veces se estudia a profundidad es el ‘alma’ que tienen, o su capacidad de ser conscientes.

Buscando esta dimensión de conciencia, muchas empresas desarrollan iniciativas de responsabilidad social empresarial que, en ocasiones, se limitan a dar por cumplida una expectativa de imagen corporativa o marca solidaria con acciones temporalmente valiosas y de corto efecto.

Ahora bien, ¿podemos decir que esta es una aproximación correcta al concepto de conciencia empresarial? Tal vez no sea suficiente. Tal vez, la pregunta de “¿cómo lograr que mi empresa, como un todo, sea consciente?” Necesita aún ser respondida.

Tuve el placer de compartir esta inquietud en una charla con Enrique López De Los Ríos, un amante de la naturaleza, quien además es autor de diversos libros sobre liderazgo, organizaciones y transformación personal.

Enrique vive a las afueras de la Ciudad de México, en una zona rodeada por vegetación y vida silvestre. Todas las mañanas comparte tiempo con sus plantas y, si encuentra algún animal que otros consideran una plaga, no lo extermina, lo redirecciona a otro lugar donde pueda existir en armonía. Esto me insinúa que tiene muy claro el concepto de conciencia.

Para él, una empresa consciente es simplemente “aquella que tiene alma’’. Enrique, quien ocupó cargos gerenciales y directivos en Recursos Humanos en VW, Xerox, Aurrerá, Inverlat y la Bolsa Mexicana de Valores, aclara ese concepto de esta manera: “Una empresa con alma es consciente de su propósito, de sus valores y está a cargo de su proceso de transformación. La diferencia entre cambio y transformación es que el cambio sucede; la transformación la provocas. Cambio es algo que pasa sin que intervengas. Transformación es lo que decides que pase de manera consciente”.

Arquetipo de la empresa consciente


Enrique detalla que una empresa no-consciente solo busca las oportunidades del momento y su propósito exclusivo es ganar dinero. “Tenemos ejemplos de ello en nuestra región: Hay empresas constituidas un par de semanas antes de obtener un jugoso contrato con el gobierno”. Y con este ejemplo, la imagen que viene a mi mente es la de zombies sin alma devorando la carne del Estado. Una imagen apocalíptica que ilustra una realidad política sin final aparente.

En cambio, dice Enrique, “una empresa consciente es la que tiene una trayectoria y un propósito. Tiene un alma, un para qué. Y, gracias a eso, gana oportunidades. Su propósito ha evolucionado, es maduro, no gira alrededor del dinero, sino de enriquecer -de forma material e inmaterial- a los individuos que la hacen funcionar y a los que consumen sus productos y servicios”.

La empresa con conciencia, define la riqueza como “la abundancia de lo que importa”, indica. Su moneda de cambio dejó de ser el dólar y pasó a ser la realización plena de su propósito. “Perseguir el propósito, en lugar del dinero como un fin, hace que todo cambie para mejor, incluso tus estados financieros”, remata.

Ante ello, conectar los propósitos de los colaboradores, proveedores y clientes, con el de la empresa es clave. “Debemos entender que tenemos la vida para experimentarla, más que para vivirla”, señala Enrique, quien en su carrera como Master Coach ha invertido poco más de 2 mil horas en entrenar líderes y equipos de diferentes organizaciones.

Enrique asegura que la vida es una experiencia creativa y que solo evolucionaremos si compaginamos la creación individual con la co-creación de valor: “una persona para completarse necesita cocrear con los demás, ser retada y crear junto a ellos”, indica. Messi nunca habría sido Messi sin los equipos a los que se unió.

Enrique López De Los Ríos

“Una empresa consciente es la que tiene una trayectoria y un propósito. Tiene un alma, un para qué. Y, gracias a eso, gana oportunidades. Su propósito ha evolucionado, es maduro, no gira alrededor del dinero, sino de enriquecer -de forma material e inmaterial- a los individuos que la hacen funcionar y a los que consumen sus productos y servicios”

Y es precisamente el contacto permanente, la solidaridad y la empatía, lo que nos permite desarrollar conciencia. “Conciencia es darse cuenta y hacerse cargo; El verdadero líder consciente está en constante desafío: los mejores marineros se hacen en la tormenta. El líder consciente no es un ser complaciente, es aquél que trata de convertirse en su mejor versión mientras ejecuta’’.

Sin embargo, reconoce que es importante que el líder abra espacios para conversar de aprendizajes y para armonizar la relación entre los miembros del equipo. Le llama a estos momentos: “minutos de luz y aprendizaje”.

“Ser un líder consciente significa ser un coach exigente que te ayuda en tu transición entre la parte oscura y la parte luminosa”. Incluso si es al estilo de Vince Lombardi: “mientras más me pateas más me quieres”, bromea Enrique, parafraseando al exitoso coach de los Green Bay Packers.

El ejemplo del Chef Gastón Acurio

“Gastón logró algo increíble: hizo que le llamáramos al ceviche, ‘ceviche peruano’. Hizo que Perú se convirtiera en una marca mundial de gastronomía. Si vendes un ceviche barato en un puesto callejero por 1 USD, es muy poca la ganancia, no alcanzaría mucho para el cocinero, menos para el pescador y para la larga cadena de proveedores”, ilustra Enrique.

“En cambio, Gastón decidió vender valor en su restaurante, construir una marca reconocida, cocinar platos deliciosos que representan, -más que comida-, la celebración de un momento muy especial en pareja, con amigos o en familia. Es por eso que sus platos pueden llegar a venderse hasta por 100 USD. Y, gracias a ello, los excedentes monetarios del restaurante pueden pagarle mejor a toda la cadena productiva, beneficiando al pescador, a los agricultores que cultivan la papa y el ají, al sommelier, al mantenimiento de una escuela de gastronomía, a los inmuebles que ocupan, entre otros”, explica.

“Recuerdo haber asistido a una conferencia de Gastón en la que preguntó a su audiencia cuál era el mejor ceviche. Luego de varios minutos de deliberaciones en el público, Gastón respondió: el mejor ceviche es el que genera más felicidad, el que patrocina más carreras y beneficia a más familias”, recuerda Enrique. Riqueza en este sentido, es felicidad.

Lección aprendida: la conciencia produce en las empresas una transformación que las hace sostenibles y les trae mejores resultados. Permite obtener mejores recompensas, generadas a través de la co-creación, que si bien incluyen ganancias monetarias, van mucho más allá del dinero. Son recompensas que se distribuyen con consciencia entre los que aportaron su mejor versión para lograr los objetivos de la empresa.

Ni bueno, ni malo

“Las personas deben ser capacitadas para entregar su mejor versión en la ejecución de su trabajo de cocreación”, me explica Enrique. Enfatiza todavía más: “entregar su mejor versión no se trata de actuar bien o mal, sino de actuar correctamente. En algunos casos, actuar correctamente es hacerse cargo de una decisión difícil como, tal vez, llevar a cabo una reducción masiva de personal en la empresa”. Un ejemplo que, en oídos poco entrenados, podría sonar escandaloso.

Con esa idea, hago una pausa y me abstraigo. Una línea imaginaria entre “lo bueno” y “lo malo” empieza a borrarse, abriendo paso a un gran campo de posibilidades llamado “lo correcto en cada circunstancia”.

Enseguida le hago un par de cuestionamientos: ¿lo que usted propone es que, si empezamos a ver al mundo de esa forma, dejaremos de etiquetar a los demás como buenos o malos?, ¿piensa que así nos haríamos más empáticos y nos enfocaríamos más bien en ayudar a convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos en nuestra circunstancia?

“Absolutamente. Se trata de desarrollar todo nuestro potencial”, dice.

No tan rosa, pero más femenina

Otro aspecto de la empresa consciente, es que pone especial énfasis en desarrollar las competencias relacionadas con el arquetipo femenino. Es decir, en promover más conversación, más diálogo, más foco en la persona, más respeto y mejores sinergias, buscando formar equipos con cooperación y balance.

El arquetipo de personalidad femenino presenta grandes oportunidades de diferenciación para las empresas, asociadas a conceptos de solidaridad, cooperación, empatía, entre otros valores tradicionalmente femeninos que hoy en día son enormemente valorados y premiados con la escogencia y lealtad de los clientes. Mientras, el arquetipo masculino (orden, subordinación, control, productividad), parece ser menos exótico en los tiempos actuales.

“El arquetipo masculino tiene su rol, importante, pero no debe ser el único, como históricamente lo ha sido en grandes empresas. Todos tenemos un lado femenino y un lado masculino, independientemente de nuestro sexo, solo debemos aprender a conectarlos. Ambas mitades, el lado femenino y masculino de las personas, necesitan interactuar como dos manos cuando aplauden. Mi labor profesional es, en realidad, reforzar en las personas las virtudes del arquetipo femenino. Los valores agregados están actualmente allí. Las máquinas ya se están encargando de generar progreso y valor de automatización en los componentes masculinos. A las empresas les toca desarrollar nuevas áreas de habilidades humanas”, explica.

Disruptivo

En tiempos de transformación personal, Enrique, junto a un equipo de coaches, han lanzado al mercado un libro en el que cuentan sus aprendizajes basados en experiencias: “Disruptivo, la transformación de la persona, el líder y la organización”. El título se encuentra disponible en Amazon.

“La volatilidad, complejidad y ambigüedad del mundo que nos rodea nos muestra que somos vulnerables ante la incertidumbre”, dice. “Aunque es mucho más lo que hemos ganado con la pandemia que lo que hemos perdido. Tal vez sólo estemos midiendo mal los impactos: Ganamos en consciencia ecológica; la flora y fauna recuperaron espacios invadidos por el hombre, que se ha convertido en plaga”, complementa. Enrique considera que “una humanidad consciente es necesaria, pues hemos abandonado el principio de tomar, crear y regresar, un principio inexorable de sustentabilidad. La humanidad está en el filo de la navaja. Y la naturaleza apenas empieza a hacernos entender esto”.

Cerré nuestra charla con estas preguntas: ¿La humanidad habrá elevado su nivel de consciencia al terminar la pandemia? ¿Seremos capaces de elevar nuestra sabiduría para hacernos cargo de respetar nuestra ecología? ¿Cuánto más nos tomará?

Al respecto, Enrique comentó: “hay una parte de autoengaño en cada persona que – hasta que se abre su ventana de conciencia – no logra ver y ampliar. Dependerá de la intención con la que cada uno decida evolucionar. Es necesario que eduquemos sobre la necesidad imperiosa de explorar nuestras ventanas de Johari”.

La auto-exploración, propia de estos tiempos, parece ser una senda oportuna para elevar nuestro nivel de conciencia y el de nuestras empresas. Para ayudarnos a lograr lo que realmente importa. Para entender, aceptar, desear y conseguir los beneficios de liberar todo el potencial creativo en las organizaciones.

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