ECONOMÍA

Lo que el Gobierno de Panamá puede aprender de la crisis económica

Compás Financiero

Andrés Chiodi
Consultor Financiero
Profesor del IESA Panamá

No hay duda que las consecuencias actuales y futuras de la Pandemia de la COVID-19 son difíciles de medir, asumir y manejar. Sin embargo, la situación tiene dos caras: La de la crisis y la de las oportunidades. El gobierno de Panamá debe mantener su atención en ambas, para que a sus esfuerzos por paliar los efectos de la crisis, se sumen los efectos positivos del aprovechamiento de oportunidades que están surgiendo, .

Para recuperar la economía hay que contar, necesariamente, con el potencial creativo y productivo de la ciudadanía, quien al ser la primera interesada en resolver sus situaciones particulares, aportará beneficios a la sociedad. Será positivo empoderar aún más a la sociedad como constructora de su propio bienestar.

El margen de maniobra del gobierno de Panamá, y de los gobiernos del mundo en general, aunque es grande como ente unitario y coordinado, es en realidad limitado, si lo medimos por su peso relativo en la economía y, además, por las estrecheces que se acentúan en la crisis.

Actualmente, los gobiernos están comprometiendo recursos que no se tenían, es decir adquiriendo deudas, incrementando aún más el déficit fiscal y el nivel de endeudamiento público, lo que limita cada vez más su margen de maniobra; y como sociedad debemos estar conscientes de ello.

Eso debe decirse abiertamente, no solo para manejarnos con el respeto y adultez que se merece la ciudadanía, sino para evitar que se frene gravemente el potencial de recuperación y crecimiento que tiene Panamá.

Con un mensaje franco hacia la población, se bajarían las expectativas generales de que la solución esté a cargo del gobierno. Y las personas se enfocarían en inventarse su futuro en la nueva normalidad. Se daría rienda suelta al ímpetu y creatividad de más y más personas (adicionales a las que ya lo han hecho y han dado muestras de cómo podemos reinventarnos), sumando mucho a la causa país. Como tantas veces en la historia lo hicieron los pueblos abatidos por epidemias, guerras, catástrofes y desesperanza.

Debe allanarse el camino para que la ciudadanía resurja. Medidas relacionadas con reducir trabas, prepararnos a ser más resilientes y aumentar la conciencia colectiva acerca de que el mayor potencial está en nosotros mismos, no en el Palacio de las Garzas, la Asamblea ni ningún otro ente de gobierno.

Se debe aprovechar que la crisis ha hecho un llamado de atención hacia lo que es fundamental, lo verdaderamente importante, para impulsar cambios de paradigmas que han quedado rezagados por los costos políticos que implica el asunto, cuando la sociedad estaba adormecida por la bonanza y el clientelismo político.

Algunas ideas en estos sentidos son:

Reflotar el proyecto de ley relativo a las sociedades de emprendimiento, número 130 del 2019, promoviendo los ajustes necesarios, ya que el proyecto, como está, adolece de varios aspectos que deberían ser mejorados.

La mayor libertad y facilidad para emprender traerá el resurgir de un país de sueños hechos realidad, de personas responsables de su futuro y de ayudar a su entorno a avanzar. Un punto clave a facilitar, es el que las personas puedan intentar una y otra vez emprender, sabiendo que una alta porción de iniciativas fracasa, que todas ellas dejan un aprendizaje muy valioso en los emprendedores, y que esas lecciones hacen aumentar significativamente las probabilidades de éxito en futuros negocios.

Panamá debe aupar la iniciativa emprendedora, aliviar el proceso de cierre de las empresas que no logran sus cometidos, y alentar que cada emprendedor con experiencia, vuelva una y otra vez a generar nuevos negocios. Esto último es uno de los puntos clave a ser incorporados a la propuesta de ley.

La nación debe dar un paso adelante y modernizar el marco jurídico y operativo que sustenta la relación entre empresas y empleados. No es sano seguir con normas creadas para una realidad laboral de hace varias décadas, menos ahora que hemos visto la alta capacidad productiva que tiene parte de la población, que ha podido abrazar el teletrabajo, los servicios independientes, la economía colaborativa, las tecnologías y el deseo por relaciones laborales más maduras y flexibles, lejanas del concepto paternalista obrero-patrono que aún subsiste desde siglos anteriores.

Una manera de calmar las tensiones mejor que un cambio de legislación laboral general, y dada la urgencia de facilitar la creación de puestos de trabajo, sería el crear una ley temporal de trabajo, paralela a la existente, bajo la cual puedan crearse relaciones laborales de alto beneficio para el empleado, claros costos y obligaciones para las empresas y, sobre todo, activación de puestos de trabajo con total rapidez. Con los resultados y aprendizajes ganados bajo ese esquema temporal, se alcanzarían mejores condiciones para una reforma buena para todos y querida por todos.

Otra oportunidad de mejora para el país, tiene que ver con la reforma del Fondo de Ahorro Panamá, para fortalecerlo. Se debe aprovechar el elevado nivel de conciencia actual respecto a la importancia de estar preparados para enfrentar la crisis, de modo de hacer los cambios necesarios para que no vuelva a pasar que, bonanzas como las de los últimos lustros, no dejen un claro incremento en el saldo de los ahorros del país.

Mucho se ha dicho que los gobiernos no tenían opción a endeudarse para afrontar la emergencia. Sí existía la opción, solo que debió tomarse mucho antes: ahorrar. Los países deben dejar la tendencia actual a endeudarse cada vez más, y volver a la práctica de la responsabilidad fiscal. Ya para la crisis actual es tarde, por supuesto, pero podemos aprender de todo esto para que cuando suceda algo parecido, tengamos recursos guardados, a los que echar mano.

La crisis actual, en el marco del periodo de bonanza que la ha precedido, y que trajo mayores niveles de ingresos disponibles a las familias, ha creado una situación de nivel de deuda privada personal que no puede descuidarse. Los panameños obtendrían un inmenso beneficio de una mayor cultura financiera y económica, que les permitiera una mejor comprensión de su situación y potencial de desarrollo, así como de los riesgos que acechan su bienestar económico mientras van rumbo a sus metas personales.

Además, estarían mejor preparados para entender las propuestas de política económica de los candidatos, permitiéndoles votar mejor, así como comprender y apoyar las buenas decisiones económicas de los gobiernos. Es buen momento para crear campañas educativas a todo nivel, sobre la importancia de un manejo responsable de la economía familiar. La estrella del gobierno actual, la educación, brillará más si tiene una punta adicional: la educación financiera y económica.

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