MANAGEMENT

Alternativa Positiva

Carlos Amezcua C. Experto en Gestión del Talento Humano

Hablemos de felicidad


Según el informe «Ipsos Global Advisor on Global Happiness 2019», elaborado en 28 países, Australia y Canadá son los países más felices del mundo. En ambos territorios el 86% de sus habitantes se declaran felices.
Y, yo me pregunto, ¿qué le pasa a nuestra felicidad?, ¿podemos ser más felices?, pero, sobre todo, me pregunto… ¿Cómo podemos ser más felices?
Según este mismo estudio, la felicidad la proporciona el bienestar físico (58%), los hijos (51%), las relaciones sentimentales (48%), la seguridad personal (45%), y saber que la vida tiene sentido (42%).

¿Estás de acuerdo?


Estés o no de acuerdo, coincidiras conmigo en que la felicidad es un asunto de importante valía, que tiene que ver con algo tan esencial como es el «sentido de nuestra vida». Vivirla a la altura de nuestras posibilidades, y con auténtico propósito, es la gran oportunidad que ésta nos brinda.

¿De qué depende nuestra felicidad?


Cada persona tiene su propio concepto de felicidad, pero en términos concretos, nuestra felicidad es personal y está motivada, para cada uno de nosotros, por nuestros intereses, valores, y objetivos. Además, el momento vital y la circunstancia modifica nuestro propio concepto de la felicidad y lo que la conforma.
Sea como sea, y aunque en términos de felicidad no exista “la receta” para todos, en lo profundo, las personas coincidimos en algo que es esencial y debemos tener muy presente: Todos deseamos ser felices.

¿Qué le pasa a nuestra felicidad?


Si la felicidad nos importa, ¿por qué declaramos niveles tan bajos de felicidad? Tal vez seamos muy exigentes midiendo nuestra propia felicidad, o realmente estamos poco orientados a ella.
Yo creo que las personas dedicamos poco tiempo a lo importante, y por lo tanto a pensar en términos de felicidad. Tal vez creamos que la felicidad sea difícil, imposible, cursi o incluso inalcanzable. Sin embargo, y aunque, a veces la olvidemos –lo tengas presente o no- el deseo de felicidad es inherente al ser humano.
En esto coincidimos todas las personas, no obstante, todos vivimos atrapados en un sinfín de ocupaciones que nos alejan de ella. Tenemos poco tiempo para ser felices.
Y, yo me pregunto: ¿Si no tenemos tiempo para la felicidad, para que sí lo tenemos?
Observo las prisas ajenas y las propias. Me doy cuenta de que sí tenemos tiempo para la urgencia y para una gran cantidad de actividades extra con las que llenamos, o rellenamos, nuestra vida. Hasta los niños dicen «no tener tiempo» a veces porque imitan a sus padres, otras veces porque realmente no lo tienen. Existe un sobre exceso de ocupación, pero ¿a qué dedicamos nuestro tiempo?
Según un estudio estadounidense realizado por Mediakix, pasamos una media de 2 horas al día en las redes sociales, y le vamos a dedicar 6 años de nuestra vida (descartando la televisión) a las redes sociales. Seis años que equivalen a volar a la luna ida y vuelta 32 veces; recorrer a pie la Gran Muralla China cuatro veces; escalar el Monte Everest 32 veces o correr 10.000 maratones.

¿Impactante, verdad?


Lo paradójico del asunto es que, según se desprende del estudio de “Percepción y hábitos de la población española en torno al estrés”, elaborado por laboratorios Cinfa y avalado por la Sociedad del Estudio de la Ansiedad y el Estrés, el 28,3% de los latinos declara que el uso de las nuevas tecnologías eleva su nivel de estrés, un porcentaje que se incrementa a 30,9% en los jóvenes de 18 a 34 años. Este mismo estudio revela que, una de las causas más frecuentes de aparición del estrés es el exceso de actividad o la falta de tiempo (50,9%), junto con los problemas de cansancio y sueño (46,2%).
Así que: escoger y priorizar actividades en nuestra vida, es clave para nuestra felicidad.

¡La felicidad es un estilo de vida, no un estado emocional!

Recuerda que existe más de una posible solución para toda situación, lo importante es elegir la alternativa positiva.

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