VIDA Y SOCIEDAD

Conocer y cuidar la próstata asegura mayor productividad laboral

Dra. Ana Echeverría, Médico Cirujano

En cualquier entorno laboral prevenir enfermedades en los trabajadores debería ser prioridad ya que gozar de buena salud garantiza un óptimo rendimiento en el cumplimiento de sus funciones.

Basados en esta premisa, se hace hincapié ante la influencia positiva de entender los aspectos básicos acerca de la próstata en hombres, cuya edad productiva está en su cúspide hacia los 40 años en adelante.

La próstata es una glándula bastante importante del sistema reproductor masculino, ubicada en la región pélvica, muy por encima de los testículos, frente al recto, rodeando al conducto que lleva orina desde la vejiga hasta el exterior del cuerpo (uretra) cuya función es producir el líquido que contiene la esperma (semen) y posee el tamaño aproximado de una nuez.

Con respecto a la salud
prostática en general, el doctor José Manuel Cózar, presidente de la Asociación Española de Urología menciona como afecciones más frecuentes:

La hiperplasia prostática benigna (HPB) o agrandamiento de la próstata (sin ser un proceso canceroso) que se da mayormente después de los 45 años y es muy común, lo que supone una disminución en la efectividad laboral puesto que incide negativamente en la calidad de vida del hombre y por lo tanto afecta su rendimiento.

La prostatitis o inflamación de la próstata ocasionada por infecciones bacterianas del tracto urinario masculino a repetición

El cáncer de próstata o crecimiento celular anormal el cual provocó más muertes de hombres en el 2015 según la OMS y que debe sospecharse ante la presencia de resultados de laboratorio anormalmente elevados, en estudios sanguíneos del test antígeno específico de la próstata (PSA) aunados a la aparición de síntomas prostáticos.

Según el Índice Internacional de Síntomas Prostáticos (IPSS) algunos de los motivos por los cuales se considera necesario acudir a un especialista (urólogo) son:

Si al orinar nota que el chorro de orina es cada vez más débil.

Si persiste la sensación de ganas de orinar aun cuando acaba de vaciar la vejiga.
Si siente dificultad para contener la orina, le cuesta llegar a tiempo al baño y presenta un goteo o “escapes” constantes involuntarios de orina.

Si presenta dolor o sensación de escozor intenso y constante al eyacular o al orinar.

Si aumenta la frecuencia de ir a orinar durante las noches interrumpiendo sus horas de sueño.

En cuanto a cómo diagnosticar estas molestias, lo primero es reconocer la presencia de los síntomas ya mencionados, en segundo lugar está la visita al urólogo para realizarse el tacto rectal, tema tabú entre el género masculino.

Según la revista Clinical Anatomy “la técnica consiste en introducir el dedo índice previamente cubierto con guante y lubricado a través del conducto anal explorando la superficie de la próstata para poder detectar en ella posibles tumoraciones o crecimiento anormal”, lo cual genera polémica, ya que el hombre se siente vulnerado en su intimidad y piensa que pone en tela de juicio su hombría basados en prejuicios propios de una crianza ortodoxa o simplemente por ignorancia.

El poder acceder a dicha zona supone un desafío para los médicos, lo que evita detectar tempranamente alguna patología ante la negativa de los afectados a realizarse sus chequeos regulares.

En tercer lugar, como método diagnóstico, está la realización del test de PSA, una proteína detectada en sangre que segregan las células de la glándula prostática al dividirse. Su especificidad es baja ya que refleja que la próstata está creciendo, lo cual puede ocurrir igualmente ante una HBP.
Finalmente lo más importante es adoptar las medidas preventivas recomendadas para garantizar la salud prostática las cuales solo requieren de la aceptación y disposición para realizarlas:
Acudir a chequeos anuales con el urólogo a partir de los 40 años, o antes si presenta síntomas.

Evitar estar sentado mucho tiempo; al trabajar o viajar por tiempo prolongado se debe levantar cada hora y caminar al menos 10 minutos para descongestionar el área pélvica.

Tomarse el tiempo necesario, relajarse al momento de orinar, evitando apuros.
Beber poco líquido por las noches disminuyendo así la frecuencia de micciones nocturnas.

Moderar o evitar la ingesta de bebidas alcohólicas debido al efecto estimulante e irritante que ejercen sobre la vejiga urinaria incrementando la urgencia miccional.

Realizar ejercicios físicos y mantener un peso saludable, ya que está comprobado que “existe una relación directamente proporcional entre el índice de masa corporal elevado (obesidad) con los casos más agresivos de cáncer de próstata”, según un análisis del Fondo Mundial para la Investigación del Cáncer.

Adoptar hábitos alimenticios en los que se recomienda aumentar el consumo de grupos ricos en antioxidantes (alimentos rojos), consumir pescados que aporten omega 3 previniendo el crecimiento anormal de células y evitar los alimentos picantes

Evitar el estreñimiento procurando establecer un horario para evacuar.

Evitar o abandonar el hábito tabáquico.

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