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Salud Ejecutiva

Dra. Ana Echeverría, Médico Cirujano

Si el estrés laboral te tiene “quemado” este artículo es para ti

“Síndrome de Burnout”, “Síndrome de desgaste laboral” o “Síndrome del quemado” como se ha denominado en países de habla hispana, es un síndrome clínico reconocido oficialmente por la OMS (Organización Mundial de la Salud) como un síndrome ocupacional.

Este síndrome descrito por el psicólogo Freudenberger hace referencia a aquellos trabajadores que, con el paso del tiempo, experimentan un estado de agotamiento emocional expresado en una actitud cínica o distante frente a sus actividades laborales (despersonalización), aunado a una sensación de ineficacia y de no hacer adecuadamente las tareas habituales.

Todo ello conlleva a la desesperanza por lo que también experimentan trastornos conductuales frente a sus clientes o colegas de trabajo volviéndose menos sensibles, menos comprensivos e incluso agresivos, con un trato distanciado, apático y con tendencia a culpar a otros de los problemas que padecen.

A ello se suma la pérdida de habilidades para la comunicación impidiéndoles expresar su inconformidad, generando más frustración hasta sentirse “quemados”.

Este síndrome se inicia con el cansancio emocional fruto de un desequilibrio entre las demandas organizacionales y los recursos personales, básicamente por lo que conocemos como estrés laboral crónico y continúa con la despersonalización que se ofrece como única salida a la situación creada por lo que se incluye entre los principales problemas de salud mental y como antesala de muchas de las patologías psíquicas.

Se han descrito dos grandes grupos de causas del síndrome de BURNOUT, las relativas a la persona como lo son la poca tolerancia al estrés y a la frustración, la falta de apoyo familiar o social y el perfeccionismo o un alto sentido irreal de responsabilidad.

Y las causas relativas a las condiciones del trabajo entre las que destacan la sobrecarga de trabajo, falta de prevención de riesgos laborales, mala calidad de las relaciones interpersonales en el ámbito laboral, falta de oportunidades de aprendizaje, mejora y desarrollo, desequilibrio entre las expectativas y la realidad del trabajo, horarios de trabajo excesivos con altos niveles de exigencia y falta de tiempo para organizar las tareas.

Entre los signos y síntomas más comunes del BURNOUT se destacan tres grandes grupos: los síntomas físicos (cansancio físico incapacitante “falta de energía”, insomnio crónico, migrañas crónicas, trastornos digestivos, alteraciones del sistema inmune, taquicardia, aumento de colesterol y de presión arterial que podrían generar riesgos cardiovasculares).
Los síntomas psíquicos (incapacidad de concentración, trastornos de memoria, falta de autoestima, irritabilidad y nerviosismo frecuente, falta de creatividad, depresión y ansiedad) y los síntomas de conducta (agresividad y maltrato a sus colegas o clientes, aumento del miedo a cometer errores laborales por sentirse incapaces de hacer frente a cualquier tarea cotidiana, aislamiento social e incluso tendencias suicidas, abuso de sustancias adictivas como cigarros, bebidas alcohólicas o fármacos como somníferos y ansiolíticos para contrarrestar los síntomas del BURNOUT.

Como medidas de prevención de este síndrome es preciso tomar conciencia y no estigmatizar a quienes lo padecen, ya que la mayor parte de los profesionales lo sufren en silencio debido al temor a ser juzgados, con las consiguientes repercusiones familiares, laborales y sociales porque las enfermedades mentales a nivel mundial siempre han sido un tema tabú.

Otra medida preventiva es entender que la satisfacción laboral se correlaciona directamente con la organización, el buen funcionamiento del lugar de trabajo, el trabajo en equipo y las relaciones interpersonales armónicas entre los compañeros y jefes.

Así que a mayor satisfacción, menor conflictividad, menor ansiedad y menor estrés. El trabajo en equipo requiere tres dimensiones cuidar, cuidarse y ser cuidado a pesar de las contradicciones y dificultades que un proyecto genere, es una estrategia que permite pensar, hablar, reflexionar, intercambiar y elaborar estrategias a todos los trabajadores participando activamente en las decisiones y en el desarrollo de un proyecto en común con otros, mejorando la organización con el objetivo de que los trabajadores no tengan una sobrecarga de trabajo, facilitar a los empleados los recursos necesarios, las herramientas y la formación adecuadas para desempeñar su trabajo correctamente.

Asimismo, los jefes han de tener una escucha activa, hacer preguntas sin señalamientos para obtener información y confirmar acuerdos, de modo tal que los conflictos se aborden adecuadamente incrementando así la confianza y generando mayor interrelación e intercambio de ideas, impulsando la motivación y la productividad de los profesionales, de igual manera, aprender técnicas que disminuyan la ansiedad y los efectos del estrés laboral como el yoga o el ejercicio físico, planificar actividades recreativas o de esparcimiento en la que participe todo el equipo de trabajo. Un ejemplo son las Técnicas Cognitivo-Conductuales y las terapias de grupo enfocadas en afianzar confianza y mejorar la comunicación entre los participantes, igualmente, el llevar un adecuado balance entre la vida familiar, social y laboral, han demostrado ser de gran utilidad en la prevención y tratamiento del Burnout.

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